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Isabel la Católica: Reina grande de España (II)

Recordemos que este post es la continuación de Isabel la Católica: Reina grande de España (I).

Anónimo. Detalle de La Virgen de la Mosca:
 Retrato de Isabel la Católica, ca. 1520.
Tras la unión en matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, se decidió a comunicar al Rey Enrique que se había dado tal acontecimiento. Por ese entonces, Enrique IV se encontraba en Andalucía y, al enterarse de la noticia, se enojó de tal manera que juró darla un escarmiento. Desde ese momento, una nueva cruz empezaría para Isabel, pues mandaría apresar a los recién casados y les quitaría toda ayuda. Y, aquí, de nuevo, es donde entra en juego el Marqués de Villena ("Villena, ni palabra mala, ni obra buena"), quien aconseja a Enrique IV cómo debe castigar a Isabel: Ofreciendo a Juana la Beltraneja como esposa al heredero de Francia, Carlos de Valois —Duque de Berry y Duque de Guyena—, y por supuesto, desheredando a Isabel, su hermana. El Marqués de Villena estaba realmente interesado en alejar de Castilla a Fernando de Aragón, ya que temía por el día en que éste reclamase a Villena los bienes que había usurpado a la corona.

Isabel la Católica: Reina grande de España (I).

Aprovechando el tirón que está teniendo la serie televisiva, he decidido indagar un poco más (si cabe) en la vida de Isabel de Castilla. Al ser una vida tan intensa, lo dividiré en tres partes: el antes de su matrimonio con Don Fernando de Aragón, el después de su matrimonio hasta el momento antes del inicio de la Guerra de Granada y, por último, desde el inicio del conflicto granadino hasta su fallecimiento. Espero que, con esta pequeña aportación, se comprenda mejor la vida de esta gran mujer y, por supuesto, podamos ver si la serie se aproxima a la realidad.

Anónimo. Retrato de la Reina Isabel I de Castilla
(s. XVII). 
En el siglo XV, los Reyes de Castilla no tenían una capital fija para la Corte, por lo que habitaban palacios y fortalezas en distintas ciudades —Segovia, Valladolid, Madrid, Medina del Campo, Madrigal de las Altas Torres, Cuéllar y Escalona—. Fue en Madrigal de las Altas Torres donde vino al mundo Isabel de Castilla el Jueves Santo de 1451, es decir, el 22 de abril. Su padre, Juan II, anunció su nacimiento al día siguiente a los Consejos con la frase profética: 
"Os lo digo para que podáis dar gracias a Dios"

El Doctor Toledo, el médico que probablemente asistió a su nacimiento y que la acompañó muchos años y la trató de sus dolencias, dijo en su Diario:
Nasció la Sacta Reina Católica Doña Isabel, su segunda mujer, en Madrigal, jueves XXII de Abril, IIII horas e II tercios de hora después de mediodía, MCCCCLI años.

Blas de Lezo, el olvidado gran héroe español

Hoy quiero hablaros de cierto personaje célebre que apenas nadie conoce (o eso me dicen a quienes pregunto). Se trata de Blas de Lezo, el gran héroe español que, a su vez, es un gran desconocido por muchísimas más personas de lo que yo pensaba. Esta entrada se divide en dos partes: un paseo por la vida y hazañas de este personaje y, por otro, el hecho que le hizo un gran héroe español, el asedio de Cartagena de Indias. He aquí su historia...

Anónimo. Blas de Lezo (1853).
Blas de Lezo y Olavarrieta —también dicho Olabarrieta—  nació en la localidad de Pasajes de San Pedro (Guipúzcoa) el 3 de febrero de 1689, en el seno de una familia que ya contaba con ilustres marinos entre sus antepasados. Siendo el cuarto de diez hermanos, se educó en un colegio francés y, en 1701, contando con 12 años, salió de él para enrolarse, posteriormente, como guardiamarina en la armada francesa al servicio del Conde de Toulousse: Luis Alejandro de Borbón —hijo de Luis XIV—. Por aquel entonces, la armada española era prácticamente inexistente debido a la crisis económica y la decadencia de los Austrias, lo que le hizo decantarse por la armada francesa. 

En 1704, se produce el estallido de la Guerra de Sucesión en España, en la que se enfrentarán Felipe de Anjou —por Francia— y el archiduque Carlos de Austria —apoyado por Inglaterra—. Así, el 24 de agosto de ese mismo año, se produce la batalla naval más importante de este conflicto: la Batalla Naval de Vélez-Málaga, en la que el Conde de Toulousse intentó recuperar Gibraltar enfrentándose a la flota angloholandesa, que estaba al mando de Rooke. En este combate se enfrentaron 96 naves de guerra francoespañolas —1 navío de línea, 6 fragatas, 12 galeras, 8 brulotes y otras 19 naves variadas— y 68 navíos de línea angloholandeses. Pese a las trece horas de duración de esta batalla, los franceses terminaron retirándose, sufriendo 1500 bajas francoespañolas y 2700 bajas angloholandesas. Blas de Lezo participó activamente en esta dura batalla, en la que una bala de cañón destrozó su pierna izquierda y que, posteriormente, le sería amputada por debajo de la rodilla, sin anestesia. Cuentan las crónicas que el muchacho no profirió un lamento durante la operación.

Por su valor demostrado en aquella ocasión y en el propio combate, Blas de Lezo es ascendido —en 1704— a Alférez de Navío por Luis XIV y, además, se le ofrece el puesto de asistente de cámara de la corte de Felipe V. Tras una larga recuperación en la que se le supliría la pierna amputada por una ortopédica de madera, se le consideraría apto para continuar en servicio activo y rechazó estar en la Corte, pues su propósito era conocer la artes marineras y llegar a convertirse en un gran comandante. 

En 1705, se le envía a defender Peñíscola, ciudad leal a Felipe V, y luego a Palermo, lugar en el que aniquila y incendia el navío británico Resolution —de 70 cañones— y captura otros dos navíos enemigos. Continúa custodiando el Mediterráneo capturando numerosos barcos ingleses mediante osadas artimañas con tal esfuerzo que se le permite llevar sus presas a Pasajes de San Pedro. 

El almirante Don Blas de Lezo (1735),
en el Museo Naval de Madrid.
En 1706 participa en el asedio a Barcelona, que permanece sitiada por fuerzas navales inglesas y tropas de infantería del bando Austriaco. Con su astucia innata, emplea distintas estratagemas para evitar los controles y el cerco de la flota inglesa, logrando abastecer brillantemente la ciudad. Entre estos trucos estaba el dejar flotando paja húmeda que hacía arder para crear una densa humareda que ocultase los barcos españoles o cargar sus cañones con unos casquetes de armazón muy delgado que contenían material inflamable, con el que atacar constantemente a los buques ingleses. Estas operaciones le otorgan una reputación entre sus superiores y, además, entre los ingleses, quienes se ven impotentes ante tal despliegue de ingenio..

En agosto de 1707, participó en la defensa del Castillo de Santa Catalina de Tolón (Francia) del ataque de las tropas del príncipe Eugenio de Saboya. En esta acción y tras el impacto de un cañonazo en la fortificación, una esquirla se le alojó en su ojo izquierdo, que explotó en el acto. Perdió así para siempre la vista del mismo. No obstante, Blas de Lezo era una persona obstinada y quiso continuar en el servicio y no abandonarlo. 

En 1708, ascendió a teniente de navío en el puerto de Rochefort y, en 1710, fue destinado al Atlántico patrullando con atraque en este lugar, vencía una decena de barcos enemigos, el menor de 20 piezas de artillería. Posteriormente, tendrá lugar la batalla con el Stanhope —de 70 cañones y comandado por John Combs—. Pese a que el navío inglés triplicaba en dotación y potencia de la fragata de Blas de Lezo, no fue suficiente para frenar a este personaje. Blas de Lezo manejó su fragata cruzando disparos con el navío hasta que se acercó lo suficiente para ordenar el abordaje. Aquel fue el momento de dar la orden de lanzar los garfios, más tarde Blas de Lezo escribiría: 
“Cuando los ingleses vieron aquello, entraron en pánico"

Los ingleses quedaron aterrorizados ante la energía de los asaltantes y, tras una cruel ofensiva, el enemigo se rinde. Así fue como el navío Stanhope fue remolcado a puerto por la fragata de Lezo. Cabe mencionar que Blas de Lezo vuelve a ser herido durante este combate, aunque esta vez de forma leve, lo que le permitió su ascenso a Capitán de Fragata, cubriéndose de gloria —una vez más— y relanzando su fama de modo internacional.

Combate contra el Stanhope.

Hasta este momento, la carrera naval de Blas de Lezo fue en la Marina francesa. No fue hasta 1712 cuando pasó a servir en la Armada Real Española, debido al distanciamiento de las dos monarquías y, además, debido a su destino en la Flota de Indias, al mando del jefe de escuadra Don Andrés del Pez

Entre julio de 1713 y septiembre de 1714, participó en el asedio de Barcelona al mando del Campanella —con 70 cañones—. El 11 de Septiembre de 1714, se acercó demasiado a las defensas enemigas y recibió un balazo de mosquete en el antebrazo derecho, rompiéndole varios tendones y dejándole manco para toda su vida. Con tan solo 25 años, esta herida terminó de propiciarle los sobrenombres de “Medio-Hombre” o "Almirante Patapalo", por ser tuerto, cojo y manco.

En 1715, tras reponerse de la herida del brazo y al mando del Nuestra Señora de Begoña —de 54 cañones —, se dirige con una gran flota a reconquistar Mallorca —cedida a los ingleses junto con Gibraltar, dentro de los tratados de Baden y Utrecht que terminaron con la Guerra de Sucesión—. La isla se rindió sin que Blas de Lezo tuviera que efectuar ni un solo disparo.

Terminada la Guerra de Sucesión, se le confió el buque insignia Lanfranco, con el que partiría hacia La Habana un año después, escoltando a una flota de galeones. Allí se queda hasta 1720, cuando se le asigna un nuevo navío bautizado también como Lanfranco, conocido asimismo como León Franco y Nuestra Señora del Pilar, y se le integra dentro de una escuadra hispano-francesa al mando de Bartolomé de Urdizu. Se trataba de limpiar de corsarios y piratas los llamados Mares del Sur, es decir, las costas del Perú. Sus primeras operaciones fueron contra los dos barcos, el Success y el Speed Well del corsario inglés John Clipperton.

El 5 de mayo de 1725, contrajo matrimonio con doña Josefa Mónica Pacheco Bustios, en Ciudad de los Reyes (Lima). 

Por esta y otras hazañas, Blas de Lezo fue ascendido a teniente general de la Armada, por el Rey en 1734. No obstante, su misión más difícil —y la más importante de toda su carrera — llegó cuando fue destinado a Cartagena de Indias (Colombia) como comandante general. Los británicos, ansiosos por conquistar este territorio, aprovecharon una afrenta a su imperio para intentar tomar la ciudad. La excusa para este conflicto fue el apresamiento de un barco corsario comandado por Robert Jenkins cerca de la costa de Florida. 

Asedio a Cartagena de Indias.

En 1739, los ingleses declararon la Guerra del Asiento a España, conocida popularmente por la “Guerra de la Oreja de Jenkins”. Este nombre se le dio por el suceso en el que el capitán español Julio León Fandiño cortó la oreja a Jenkins en 1731, pues estaba traficando en las aguas caribeñas españolas. Fue uno de los desencadenantes de esta guerra al enunciar una popular frase:
"Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve".

Para vengar la oreja de Jenkins, Inglaterra armó toda una formidable flota jamás vista hasta entonces, al mando del Almirante inglés Edward Vernon: 195 navíos, 3000 cañones y aproximadamente 25000 ingleses junto a otros 4000 milicianos más de los EE.UU.

A diferencia de este bando, Blas de Lezo no disponía de un gran número de soldados ni barcos para defender la ciudad. Las defensas de Cartagena se limitaban a no más de 3000 hombres, 600 indios flecheros, más la marinería y tropa de infantería de marina de los seis navíos de guerra de los que disponía la ciudad: el Galicia (que era la nave Capitana), el San Felipe, el San Carlos, el África, el Dragón y el Conquistador. Para hacernos una idea, la proporción entre los españoles y los ingleses era de 1 español por cada 10 ingleses.

No obstante, Blas de Lezo tenía a su favor que la entrada por mar a Cartagena de Indias sólo se podía llevar a cabo mediante dos estrechos accesos, conocidos como "bocachica" y "bocagrande". El primero, estaba defendido por dos fuertes —el de San Luis y el de San José— y el segundo por cuatro fuertes y un castillo —el de San Sebastián, el de Santa Cruz, el del Manzanillo, el de Santiago [el más alejado] y el castillo de San Felipe—. Con su estrategia innata, Lezo se preparó para la defensa. Ubicó varios de sus buques en las dos entradas a las bahías y dio órdenes de que, en caso de verse superados, fueran hundidos para que no fueran apresados y para que sus restos impidieran la entrada de los navíos ingleses hasta Cartagena de Indias. 

El 13 de marzo de 1741 apareció la mayor flota de guerra que jamás había surcado los mares hasta ese momento. El día 15 de marzo toda la armada enemiga se había desplegado para cercar Cartagena de Indias. Al principio, la superioridad británica estaba patente y sus fáciles acciones les permitieron adueñarse de los alrededores de la ciudad fortificada.

Los ingleses comprobaron que no podían acceder a la bahía, por lo que optaron por bombardear constantemente contra los fuertes del puerto. Blas de Lezo utilizó la artillería de sus navíos —colocados lo suficientemente cerca— para dar apoyo a sus defensores en tierra. 

Edward Vernon ordenó desembarcar algunos de sus hombres, quienes lograron tomar posiciones en tierra. Después, el inglés se dispuso a disparar sus cañones contra la fortaleza de San Luis de Bocachica, día y noche, durante dieciséis días. Para hacernos una idea, el promedio era de 62 disparos por hora. El bombardeo fue tal que los españoles se vieron obligados al abandono de los fuertes de San José y Santa Cruz en los siguientes días.

Este ataque obligó a Blas de Lezo a incendiar sus navíos para taponar el canal navegable de Bocachica, aunque el Galicia no prendió fuego a tiempo. Este hecho consiguió retrasar el avance inglés considerablemente. Fue entonces cuando Blas de Lezo ordenó replegarse ante la superioridad ofensiva y las grandes bajas españolas. Mientras tanto, en Bocagrande se siguió el mismo procedimiento, hundiéndose los dos únicos navíos que quedaban —el Dragón y el Conquistador— con el fin de obstaculizar el acceso del enemigo. 

Sin embargo, este sacrificio resultó en vano, ya que los ingleses arrastraron el casco de uno de los navíos antes de que se hundiera con el fin de restablecer el paso y consiguieron desembarcar. Los ingleses habían conseguido destruir varias fortalezas y asentarse en las bahías de Cartagena de Indias tras evitar los obstáculos de los españoles. Se habían perdido posiciones y los españoles se defendían en el fuerte de San Sebastián y Manzanillo y, como último refugio quedaba el castillo de San Felipe.

Sin duda, los británicos sentían la victoria y Vernon entró triunfante en la bahía con su buque Almirante, extendiendo sus banderas, dando la batalla por ganada. De hecho, Vernon envió una fragata a Inglaterra con un mensaje en el que comunicaba el éxito sobre los españoles. La noticia trajo consigo grandes festejos e, inluso, se mandó acuñar una moneda conmemorativa para recordar esta gran victoria. En ella, se apreciaba un grabado de Blas de Lezo arrodillado frente al inglés y, además, llevaba la leyenda:
El orgullo español humillado por Vernon.
Moneda acuñada por Inglaterra para la “victoria” sobre Blas de Lezo
Vernon creyó que la victoria definitiva había llegado y quiso poner el broche final tomando el símbolo de la resistencia española: el castillo de San Felipe, en el que aguantaban sólo 600 soldados. Sin embargo, el asalto desde el frente era un suicidio, por lo que el inglés se decidió a dar la vuelta a la fortaleza y asaltar por la espalda a los españoles. Para ello atravesaron la selva, lo que provocó la muerte por enfermedad de cientos de soldados, pero al fin llegaron y Vernon ordenó el ataque. 

En la noche del 19 de abril los ingleses se organizaron en tres grupos para atacar San Felipe. No obstante, la victoria que los británicos tenían asegurada, se convirtió en un auténtico fracaso debido, una vez más, al ingenio del español. Blas de Lezo ordenó excavar un foso en torno al castillo para que las escaleras inglesas se quedaran cortas al intentar tomar la fortaleza. Además, dispuso cavar una trinchera en forma de zigzag para evitar que los cañones ingleses lograran acercarse demasiado y, así, podría soltarles la temida infantería española cuando dieran marcha atrás.

El 20 de abril, los españoles salieron de la fortaleza. En primera línea corría nuestro protagonista, Blas de Lezo, cargando al frente de la formación mientras sujetaba el arma con su único brazo. Los defensores aumentan el ritmo de disparo, lo que provoca una autentica carnicería en las filas inglesas, con unos niveles de mortalidad impresionantes. Sin embargo, los ingleses no cesan en su avance, pese a que se encuentran cada vez más débiles por el ataque español y la elevada orografía. En esos momentos de confusión inglesa, Blas de Lezo dirige 300 marinos frescos a la carga con bayoneta calada, contra los británicos, iniciándose una desquiciada huida en la que perecen cientos de hombres. Dada la enorme cantidad de cadáveres insepultos tanto en tierra como en el mar, la peste no se hace esperar. Una epidemia se cebará terriblemente con las fuerzas invasoras, cuyas pérdidas totales rondarán los 6000-8000 hombres. 

Tras una cruenta lucha, los menos de 600 defensores lograron la retirada del enemigo y que éstos volvieran a sus buques. Después de esa batalla, hubo otros intentos por parte de los ingleses de conquistar la plaza fuerte, pero fueron inútiles. 

Finalmente, Vernon abandonó las aguas de Cartagena de Indias con, según los datos oficiales, unos 5000 ingleses muertos. Sin embargo, esta cifra no debía ser tan baja, puesto que el oficial tuvo que destruir varios de sus navíos en su huida, ya que no había suficiente tripulación para conducirlos y no quería que cayesen en manos españolas.

La leyenda cuenta que Vernon sentía tanto odio hacia Blas de Lezo que, mientras se alejaba junto a su flota de vuelta a Inglaterra, gritó a los vientos:
God damn you, Lezo! (¡Que Dios te maldiga, Lezo!)

Además, Vernon aún tenía que pasar por un último mal trago: informar de la pérdida de la batalla a Inglaterra. Parece que, al llegar a su tierra, no tuvo valor suficiente para comunicar esta noticia públicamente, por lo que, finalmente, sus compatriotas descubrieron el engaño. Cuando se hizo público, fue tal la vergüenza para el país que el rey Jorge II prohibió todo tipo de publicación sobre la batalla.

Estatua de Blas de Lezo en Cartagena de Indias
En definitiva, con sólo 6 navíos y 2830 hombres, y mucha imaginación, Blas de Lezo derrotó a Vernon, que traía 180 navíos y casi 25000 hombres.

Blas de Lezo falleció en Cartagena de Indias el 7 de septiembre de 1741 tras contraer la peste, enfermedad generada en la ciudad por los cuerpos insepultos ocasionados por los sucesivos combates. Pocas personas acudieron a su entierro debido al temor a las represalias de Sebastián de Eslava, Virrey de la ciudad. Este último había tenido continuados enfrentamientos con Blas de Lezo a causa de las decisiones tomadas en la defensa de la ciudad durante el asedio inglés.

Años más tarde se concedió a la familia Lezo el marquesado de la Real Defensa, quedando perpetuada de este modo, sus hazañas en Cartagena de Indias. Recibió después el merecido reconocimiento de la Corona y a su hijo mayor se le otorgó, en 1762, el título de marqués de Ovieco, en recuerdo de su brillante historia y del hecho más culminante de ella. Dos siglos después, el 7 de septiembre de 1955, en Cartagena de Indias fue erigida una estatua donada por el gobierno español en homenaje a Blas de Lezo.

Su última voluntad era que se instalara una placa en el castillo cartagenero de San Felipe de Barajas, escenario principal de la resistencia española, con la siguiente inscripción: 
“Ante estas murallas fueron humilladas Inglaterra y sus colonias”. 
Aún no se ha colocado, aunque Cartagena de Indias recuerda a su salvador con una gratitud que la Historia de España no le ha dispensado.


Fuentes.

Juanelo Turriano: Un genio que murió en la miseria

Busto de Juanelo Turriano. Museo de Santa Cruz.
Por Alejandra Rodríguez Campos.
Creo que es de justicia dedicarle al menos una entrada, a uno de los grandes genios que pisó la ciudad de Toledo: Juanelo Turriano.

Giovanni Torriani, nació en la ciudad de Cremona, al norte de Italia, entre 1500 y 1511 (aunque lo más seguro es que fuera en 1501). Pertenecía a una familia humilde cuyo padre, Gerardi Torriani, poseía la explotación de dos molinos sobre el río Po. Su formación, más práctica que académica, se labró en el taller de su padre, realizando y reparando pequeños mecanismos. Su amigo Giorgio Fóndulo, profesor de la universidad de Pavia, le inició en los estudios de astronomía, para los cuales se dice que poseía un talento innato. 

Durante su juventud, permaneció en Cremona llegando a tener su propio taller de relojero, y realizando pedidos por encargo para la ciudad. Contrató, así, a un aprendiz al que, según la tradición del gremio, vestía, alimentaba e instruía a cambio de su trabajo.

Poco más tarde, fabrica algunos inventos, como una grúa mecánica capaz de elevar cañones de gran peso o una draga (gran desafío de la ingeniería) para la ciudad de Venecia, gracias a los cuales adquiere cierta reputación.

Draga de noria.

Llega a España en 1530, periodo en el que se le encarga la restauración del reloj planetario de Giovanni Dondi, fabricado en 1381. Pero Juanelo insiste en realizar uno nuevo y, finalmente, lo termina en 1551. El aparato estaba formado por mil ochocientas piezas y tres muelles, en lugar del tradicional sistema de contrapesos. Además mostraba ocho esferas planetarias, marcando las horas solares y las lunares. También fabricó el reloj astronómico “cristalino” que, al ser trasparente, permitía que se viera todo el funcionamiento del mecanismo.

En 1554, es nombrado Relojero Real de la Corte de Carlos V, y permanece con él hasta que este muere en su retiro de Yuste, en 1558. Su hijo, Felipe II, no quiso prescindir de sus servicios y le nombró “Matemático Mayor” participando en la reforma del calendario actual, al servicio del papa Gregorio XIII. Otras de sus obras son la construcción de la presa del pantano de Tibi en Alicante —que fue durante casi 300 años la más alta del mundo—, el diseño de las campanas de El Escorial junto a Juan de Herrera —del que fue gran amigo—, algunos molinos, varios autómatas, relojes, etc. También construye "El Hombre de Palo", autómata que merece otra entrada aparte.

Pero sin duda alguna, la obra cumbre de la vida de este gran ingeniero, su gloria y su ruina, fue el llamado “Artificio de Juanelo”. Obra maestra de la ingeniería, este artificio conseguía subir agua del río a la ciudad salvando una altura de 90 metros, con la única ayuda del peso propio del agua. Juanelo estaba tan convencido de que lo conseguiría que decidió costearlo de su bolsillo hasta que se comprobara su funcionamiento. Se inicia en 1565 y se termina en 1569 y, aunque el rendimiento es muy superior a las previsiones iniciales de 17000 litros diarios, la ciudad de Toledo se negó a pagarle, alegando que todo el agua suministrada se quedaba en el Alcázar, propiedad real. Aquí comenzaba la lucha que iba a llevar a Juanelo y a su familia a la ruina.

En 1575, se firmó un nuevo contrato entre Juanelo, el Rey y la ciudad, para hacer un segundo artificio, quedando el primero para uso exclusivo del Alcázar. Se termina en 1581, pero tampoco la ciudad abonó lo convenido. 

Restos del Artificio. J. Laurent. 1865

En 1585, muere uno de los más grandes genios de la historia, sumido en la más absoluta de las miserias y con una gran desesperación que manifestaba en las últimas cartas al Rey. Es enterrado unos metros más arriba de su gran obra, en el también desaparecido Convento del Carmen.

No muy lejanas nos quedan esas maneras de actuar por parte de las autoridades...

Fuentes:

Velázquez: De aprendiz a pintor de Cámara

Bueno, bueno. Después de mis queridos -y destrozadores- exámenes, hoy vuelvo a la carga con otro gran personaje de la historia de España y, por supuesto, del arte universal. Desde chiquitina, mi abuelo ya me decía que eran impresionantes sus pinturas y creo que, gracias a él, terminé por ponerle entre mis artistas favoritos. Sólo espero que este post sea de vuestro agrado. Os dejo con él, con Diego Velázquez...

VELÁZQUEZ, D. Autorretrato (c. 1650)
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez nace en Sevilla en 1599. El primogénito de Joao Rodríguez Silva y de Jerónima Velázquez, fue bautizado en la parroquia de San Pedro de Sevilla, el 6 de junio. Adoptó el apellido de la madre, a la usanza portuguesa, frecuente también en Andalucía. Después, llegaron sus siete hermanos: Juan (1601), Fernando (1604), Silvestre (1606), Juana (1609), Roque (1612), Francisco (1617) y Francisca (1621).

Durante esta época, Sevilla es la ciudad más populosa y rica de España, y es en este ambiente en el que el joven Velázquez inicia su formación artística. En 1609, el joven pintor pasa una pequeña estancia en el taller de Francisco Herrera el Viejo -pintor dotado de gusto y talento, así como de un pésimo carácter-, debido a que se cansa pronto de aguantar tal temperamento. Fue entonces cuando su padre firma un contrato de aprendizaje de cuatro a seis años con el maestro Francisco Pacheco para la educación de Diego, que contaba con doce años, el 1 de diciembre de 1610:
Para que el dicho mi hijo se sirva en la dicha vuestra casa y en todo lo demás que le dixéredes e mandáredes que le sea onesto e pusible de hazer, y vos le enseñéys el dicho vuestro arte bien e cumplidamente, según e como lo sabéys, sin le encubrir de cosa alguna... Y en todo el dicho tiempo le ayáis de dar de comer e bever e calsar, e casa e cama en que esté e duerma, sano y enffermo, y curalle de las enffermedades que tuviere, como no pasen de quinze días... Y en fin del dicho tiempo le ayáis de dar un vestido, que se entiende calsón, ropilla e ferreruelo de paño de la tierra, e medias e çapatos, e dos camisas con sus cuellos, e un jubón e un sonbrero y pretina, todo ello nuevo, cortado e cosido a vuestra costa....
En la primavera de 1617, terminado el plazo para realizar estos estudios, Velázquez supera el examen de maestría que le acreditaba como pintor con taller propio. De este modo, estaba capacitado para abrir un taller autónomo y llevar a cabo, como maestro, contratos de aprendizaje o de colaboración con otros artistas. El 23 de abril del año siguiente, Diego Velázquez contraía matrimonio con Juana, hija del maestro Pacheco.

Así pues, en su incipiente maestría, Diego pintaba, por una parte, encargos religiosos facilitados por la influencia de su suegro y, por otra, bodegones o cocinas, en los que intentaba conseguir esa veracidad de lo natural con que las corrientes "Caravaggistas" encandilaban a los artistas primerizos. En sus primeros cuadros, Velázquez suele incluir elementos de naturaleza muerta, como panes, frutas, jarros de vino, verduras y otros objetos inanimados, cacharros de loza o de arcilla y recipientes de metal o cristal, colocados sobre mesas. No obstante, a diferencia de los pintores especializados en naturalezas muertas, Velázquez utiliza estos elementos para narrar una historia en la que aparecen cocineras, criadas o jóvenes que comen y beben con despreocupación. De esta manera, sus cuadros son obra de un niño prodigio, abierto y sensible al estudio de las novedades.

VELÁZQUEZ, D. El conde-duque de Olivares
a caballo
(c. 1634).
El 31 de marzo de 1621, fallece el rey Felipe III a los cuarenta y tres años. El nuevo monarca, Felipe IV, un joven de dieciséis años, sin apenas conocimientos en asuntos de gobierno, nombra primer ministro al conde-duque Gaspar Guzmán de Olivares. El rey Felipe IV no está contento con los pintores que tenía su padre, por lo que es el momento idóneo para que Diego Velázquez viaje a Madrid a proponerle novedades. Aunque llevaba las de ganar -puesto que el conde-duque favorecía al mundo sevillano-, el joven pintor no logra retratar al soberano. No obstante, recibe el encargo del retrato del poeta don Luis de Góngora y Argote, por parte de Pacheco, para incluirlo en el inacabado Libro de Retratos de Hombres ilustres. Llevó a cabo un soberbio busto de Góngora, el primero de sus mejores retratos. Este asunto motivó su regreso inmediato a Madrid en 1623, por interés personal de Felipe IV quien, el 31 de octubre, le nombra pintor de cámara, cobrando "veinte ducados de salario al mes y sus obras pagadas, juntamente con médico y botica y casa de aposento". Así pues, el pintor se instala en la capital de España con su familia, donde trabaja en su taller al servicio de Felipe IV y vive como un dignatario de la corte.

Empieza, por tanto, una fase en la que ocupará altos cargos en la vida palaciega -Ujier de Cámara (1627),  Superintendente de Obras y Aposentador Mayor de Palacio- hasta que se le otorga el título de Caballero de Santiago (1658), honor reservado exclusivamente a los grados más altos de la nobleza.

VELÁZQUEZ, D. El dios Marte
(c. 1638)
La principal actividad pictórica del Sevillano entre 1623 y 1629 -momento en que emprende su primer viaje a Italia- será el retrato. Para ello, le hacen acudir a Madrid, con el fin de retratar al Rey y su familia, en el amplio sentido romano, que comprende parientes, servidores y bufones. Así nace Las Meninas que, debido a la presencia de dos personajes secundarios; anteriormente, hasta el siglo XVIII, se llamó La Familia. De esta manera, se comprende que, desde su llegada a Madrid, la pintura religiosa desaparece casi totalmente de su producción.

La familiaridad que el artista sevillano adquiere por la extraordinaria riqueza de las colecciones españolas, se refleja directamente en la evolución de su estilo personal: del naturalismo oscuro de la época sevillana pasa a la sugestión luminosa de los años maduros; de los rigurosos tonos terrosos pasa a los azules límpidos y al gris plata. Incluso, puede llegar a cultivar una temática profana ocasionalmente, como la historia o la mitología.

En 1628, conoce a Rubens, quien ya había estado en España anteriormente en 1603, cuando se dirigió a Valladolid como diplomático. Durante su estancia en España, visitó las colecciones de pintura de El Escorial acompañado de Diego Velázquez, de quien apreció su modestia. Aunque se temperamentos y gustos opuestos, ambos eran grandes pintores y estaban dispuestos a coincidir en la admiración de los lienzos de Tiziano o Tintoretto.

Velázquez solicita la licencia de su amo y señor para perfeccionar sus estudios en Italia y su concesión llega el 28 de junio de 1629. El 10 de agosto parte del puerto de Barcelona con seiscientos ducados de plata, una medalla con el retrato del rey, varias cartas de presentación y en la misma nave en la que viaja el general don Ambrosio de Spínola, tras su triunfo en el sitio y toma de Breda. Desembarca en Génova, luego llega a Milán y después a Venecia, donde es recibido por el embajador español Cristóbal de Benavides, quien le hospeda en su propia casa. Posteriormente, se dirige a Ferrara, donde es hospedado por el cardenal Julio Sacchetti, poniéndole a su disposición uno de sus criados españoles para que le sirviese y le enseñase la ciudad. Por sugerencia de Sacchetti, Velázquez se encamina a Cento, quizás para conocer a Francesco Barbieri "Guercino".

Más tarde, viajó a Bolonia y, de allí, a Loreto, por motivos religiosos, para finalmente acabar en Roma en enero de 1630 durante un año. Al principio, reside en los mismos Palacios Vaticanos para después alojarse en Villa Médicis. Durante este tiempo, estudia los frescos de Rafael en las Estancias Vaticanas, los de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina y, los dos meses en que estuvo en Villa Médicis, estuvo en contacto con las obras de la Antigüedad, que copia fielmente y que terminaron por formar parte de sus modelos iconográficos. Durante su estancia romana, elabora sus principales lienzos de este periodo: La fragua de Vulcano y La túnica de José. Este primer viaje a Italia, constituye la última fase de su formación.

Desde entonces, el estilo y la técnica de Velázquez no serían los mismos: la inserción en sus pinturas de los modelos estudiados en Italia, la mayor soltura y seguridad de su pincelada, el renovado sentimiento del color y hasta el modo de preparar las telas le abrirán puertas en la búsqueda de la belleza.

VELÁZQUEZ, D. Coronación de la Virgen
(c. 1635)
En diciembre de 1631, Velázquez regresa a Madrid, con un arte que superaba al de sus posibles rivales en la corte. Con la formación más completa que un artista español hubiera podido tener jamás, reanuda su actividad en palacio, recibiendo de nuevo muestras de afecto y confianza del rey Felipe IV. De hecho, durante su estancia en Italia, el rey había tenido a su primer hijo, Baltasar Carlos, a quien no quiso que ningún pintor lo retratase salvo Velázquez. Además, retorna a los temas religiosos que ya había cultivado en sus comienzos, en Sevilla, aflorando un eco clasicista derivado de los pintores italianos en la disposición general -Cristo crucificado o Cristo contemplado por el alma cristiana- y en una utilización cromática que permite extraordinarios efectos pictóricos en los lienzos -San Antonio Abad y san Pablo ermitaño-. En esta época, le fue encargado la Coronación de la Virgen para el oratorio del cuarto de la reina Isabel de Borbón en el Alcázar de Madrid.

Estableció su taller en el Alcázar y tuvo ayudantes, entre los que destacan el esclavo Juan de Pareja y Juan Bautista del Mazo. Al mismo tiempo, continuó su ascenso en la corte: en 1633 recibió una vara de alguacil de corte, ayuda de guardarropa de su majestad en 1636, ayuda de cámara en 1643 y superintendente de obras un año más tarde.

Para el Palacio del Buen Retiro -construido en Madrid por iniciativa del conde-duque de Olivares-, Velázquez realiza una serie de soberbios retratos ecuestres de Felipe III, Felipe IV, sus respectivas esposas y los príncipes herederos. Además, se ocupa de dirigir la decoración de las paredes del gran Salón de Reinos, para el que se encargan una serie de grandes lienzos con temas de batallas, con el fin de exaltar los triunfos de la monarquía. A esta serie, pertenece la Rendición de Breda, el célebre cuadro de Velázquez también conocido como Las lanzas.

VELÁZQUEZ, D. La rendición de Breda o Las lanzas (c. 1635)
Junto a las obras para el Buen Retiro, Velázquez trabaja también para la Torre de la Parada, el pabellón de caza de las proximidades del Pardo. Su tarea fue la de enriquecer el palacete con algunos retratos de miembros de la real familia en traje de caza y con sus animales preferidos, en los paisajes de la sierra del Guadarrama.

VELÁZQUEZ, D. Felipe IV en Fraga (c. 1644)
Entre 1642 y 1646, el rey decide emprender la "Jornadas de Aragón", en la que Velázquez hubo de acompañarle como cronista gráfico hasta Zaragoza. Tras el levantamiento catalán que a su vez posibilitó la separación de Portugal, el conde-duque de Olivares es despojado del poder en 1643 y confinado en Toro (Zamora). En 1644, la victoria de Lérida sobre los sublevados es conmemorada por el mejor retrato que jamás pintara Velázquez: Felipe IV en Fraga, con sus galas de jefe. Durante ese periodo, el rey sufre una serie de desgracias familiares: la muerte de la reina Isabel (1644) y la del príncipe Baltasar Carlos (1646).

En noviembre de 1648, Diego Velázquez parte de nuevo hacia Italia, en esta ocasión, por encargo del rey, en compañía de una embajada extraordinaria enviada al Papa Inocencio X. Su tarea, esta vez, es la de adquirir obras de arte, pinturas originales y estatuas antiguas y, además, acompañar a Madrid a Pietro da Cortona -pintor toscano considerado uno de los mejores especialistas en fresco de la época-, todo ello para decorar las paredes de las distintas salas del Alcázar.

Su navío zarpó de Málaga el 21 de enero de 1649 y, tras una inoportuna tempestad, llegó a Génova el 11 de marzo. De allí, partió a Milán, llegando a Padua y, en mayo, a Venecia, dispuesto a adquirir cuantos cuadros se pusieran a su alcance; en este caso, compró dos tizianos, dos veroneses y un tintoretto. Pasó después por Bolonia, Parma, Roma y, por fin, Nápoles, donde adquiere tres riberas para el Rey. Por otra parte, a pesar de los distintos intentos, Pietro da Cortona no acepta la propuesta de marchar a España, ya que estaba a punto de entrar al servicio de Inocencio X para decorar el nuevo palacio familiar de la Piazza Navona. Es por esta razón por la que se sugiere a Velázquez que acuda a dos pintores boloñeses: Agostino Mitelli y Angelo Michele Colonna, maestros de la pintura al fresco.

Durante su segunda estancia en Italia, Velázquez tuvo tiempo de pintar una serie de retratos de la corte vaticana, así como el de Inocencio X. Además, llevó a cabo La venus del espejo, esbelto desnudo que nos da la espalda, absorto en su propia imagen, mientras un lloroso cupido, con las manos sujetas al cordón de ese espejo.

VELÁZQUEZ, D. La Venus del espejo (c. 1650)
Tras las insistencias por parte del Rey para que el pintor sevillano volviese a España, el 2 de diciembre de 1650, el virrey de Nápoles anuncia su partida. No obstante, no es hasta mayo de 1651 cuando se embarca en Génova y llega a finales de junio a Alicante. Durante este tiempo, nace la primera hija que el rey tiene con Mariana de Austria, su segunda esposa: la infanta Margarita, que sería retratada innumerables veces y la preferida del pintor.

En junio de 1652, el Rey nombra aposentador mayor a Diego Velázquez en agradecimiento a su labor, pasando por encima de otros personajes importantes de la corte y a pesar del veto de cinco de los miembros de la comisión. Este nombramiento, hace que el pintor forme parte de la alta jerarquía cortesana y que se multipliquen sus responsabilidades en palacio puesto que se trata de un auténtico mayordomo. Durante esta etapa, Velázquez reduce su actividad como pintor, pero logra realizar obras maestras como Las hilanderas -o La fábula de Aracne- o los cuatro lienzos mitológicos para las salas del Alcázar.

Los últimos años de la vida de Velázquez le convierten en un artista obligado a reducir su actividad pictórica a causa de los empeños palaciegos. No obstante, esto no le impide realizar algunos bellísimos retratos para la familia real, en los que perfecciona su técnica, que culmina con el deshacimiento del color en una pincelada casi desmaterializada. Además de repetidos retratos de la joven reina y del rey, cada vez más mayor y preocupado por la suerte del reino, la obra maestra de estos años es, sin duda, La familia de Felipe IV, más conocido como Las meninas, por la presencia de las damiselas que se afanan serviciales en torno a la infanta Margarita.

VELÁZQUEZ, D. Las Meninas o La familia de Felipe IV (c. 1656)

El 12 de junio de 1658, el Rey envía al gobernador y Consejo de las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava y Alcántara una Real Cédula en la que se comunicaba:
A Diego de Silva Velázquez he hecho merced... del hávito de la Orden de Santiago. Yo os mando que, presentándoseos esta mi cédula, dentro de treinta días contados desde el de la fecha della, proveáis para que se reciva la información que se acostumbra, para saver si concurren en él las calidaddes que se requieren para tenerle, conforme a los establecimientos de la dicha Orden; y pareciendo por el que las tiene, le libréis [el] título de dicho hávito, para que yo le firme, que assí es mi voluntad.
Sin embargo, para ser admitido debía probar que sus antepasados directos habían pertenecido a la nobleza, sin tener en cuenta judíos ni conversos. Así, el Consejo de Órdenes Militares realizó una investigación sobre su linaje, declarando un total de 148 testigos. Muchos de ellos afirmaron que Velázquez vivía de su trabajo en la corte, no de su pintura. En abril de 1659, el Consejo finalizó la recogida de informes y rechazando la solicitud del pintor al no existir nobleza por parte de su abuela paterna ni sus abuelos maternos. La única opción que quedaba era que el Papa concediese su admisión en la Orden. Así pues, el Papa Alejandro VII, el 1 de octubre de 1659, le otorga este título, y el rey le concede la hidalguía el 28 de noviembre.

El 7 de junio de 1660, se celebra en la Isla de los Faisanes (Guipúzcoa) la entrevista entre Felipe IV y Luis XIV en la que la infanta Maria Teresa pasaría de los brazos del padre a los del esposo. Velázquez, por entonces, Aposentador Mayor, es el encargado de preparar el alojamiento del séquito y de la decoración  del Pabellón de la Entrega.

A su vuelta a Madrid, Velázquez enferma. Siente náuseas y escalofríos, está cansado de caminar de noche y trabajar de día, pero se encuentra con salud. Conducido a su casa, el Rey le envía a sus doctores y dictaminan una gravísima enfermedad llamada "Terciana Sincopal Minuta Sutil", es decir, viruela. Le recetan remedios que no sirven de nada y, el 6 de agosto de 1660, Diego Velázquez fallece en Madrid a las tres de la tarde. Sus funerales, celebrados con gran pompa al día siguiente, son la postrera demostración de lo alto que había llegado. Siete días después, fallece Juana Pacheco, su mujer.

Tanto Diego Velázquez como Juana Pacheco, fueron enterrados en la capilla de su amigo Gaspar de Fuensalida, en la iglesia de San Juan Bautista, una de las más antiguas de Madrid. En la actualidad, una pequeña cruz situada en medio de la plaza recuerda al pintor, puesto que José Bonaparte derribó esta iglesia -sin que afectara a la cripta- para crear zonas espaciosas en los alrededores del Palacio Real. Hay teorías que apuntan a que sus restos fueron introducidos en la cripta de la iglesia, junto con los cuerpos de otros ilustres de la época, principalmente primogénitos de casas nobles.

Fuentes

  • BARDI, P.M. La obra completa de Velázquez. Barcelona: Noguer-Rizzoli, 1988.
  • CAMÓN AZNAR, J. Velázquez. Madrid: Espasa-Calpe, 1964.
  • GALLEGO, J. Velázquez. Madrid: Alianza Cien, 1994.
  • Museo del Prado.
  • VV.AA. Velázquez. En Los Grandes Genios del Arte. Madrid: Unidad Editorial, 2005.
  • Wikipedia.

Surrealismo en estado puro: Salvador Dalí.

Hoy, después de mucho tiempo, os traigo una nueva entrega de Personajes Célebres de NOROGACA. Como, además, la semana que viene empiezo de exámenes (y por tanto voy a dedicarle poco tiempo al blog), he decidido relacionarlo con lo que estudio y, por tanto, el post de hoy va dedicado al genio del Surrealismo: Salvador Dalí.

Salvador Dalí y Domenèch
Salvador Dalí y Domenèch nació en Figueras (Gerona) el 11 de mayo de 1904, siendo el segundo hijo del notario y librepensador republicano Salvador Dalí y Cusí y de Felipa Domenèch, una ferviente católica. De niño, fue aplicado y sensible, preocupado por los problemas del momento e inmerso en un ambiente feliz, según cuentan los diarios de infancia y adolescencia conservados.

Muy distinta sería la imagen que transmita más adelante, cuando en 1940 -ya conocido- Dalí reconstruye esa atmósfera familiar en su Vida secreta y vaya creando los mitos personales con los que forjar esa máscara con bigotes de la que se revestía en público. Según esta versión, su infancia y comportamiento posterior vendría dado por la existencia de otro Salvador Dalí anterior, su hermano, fallecido en 1903, antes de cumplir los dos años de edad. Sus padres, comparaban en todo momento a ambos hermanos, llegando a tener en su habitación una fotografía del Salvador fallecido junto a una reproducción del Cristo de Velázquez. Para colmo, su padre achacó el fallecimiento de su primer hijo a alguna enfermedad contraída en sus devaneos de soltero y decidió prevenir a su segundo vástago contra los peligros que implicaban las relaciones con mujeres mediante un libro de patología médica con aterradoras fotografías que mostraban las devastadoras consecuencias de las enfermedades venéreas que su padre colocó sobre el piano.

No obstante, desde muy pronto desarrolla una plena conciencia de niño socialmente privilegiado, lo que acrecentaría su tendencia natural a la megalomanía. Más que mentiroso, Dalí será un exagerado hasta el delirio y, en uno de sus diarios de adolescencia, cuando contaba con dieciséis años y había empezado a redactar su novela autobiográfica Tardes de verano, ya se ve a sí mismo como un gran genio que el mundo entero acabará por reconocer tarde o temprano.

DALÍ, S. Figura en una ventana (1933).
A partir de 1910, Salvador Dalí estudiaría en el Colegio Hispano-Francés de la Inmaculada Concepción de Figueras, del que quedará conocimiento de su lengua francesa y alguna imagen obsesiva, como la reproducción del Angelus de Millet, que colgaba en uno de los pasillos. La educación secundaria la realizaría a partir de 1916 en el Instituto y en los Maristas, orden religiosa que será encarnecida por extenso en las dos películas que trama con Buñuel: Un perro andaluz y La edad de oro. De esa misma fecha, data su primer cuadro: un pequeño paisaje que pinta cuando tiene seis años de edad. A partir de ese momento, se familiariza con el mundo del arte a través de las series publicadas por Gowans y gracias al trato de los suyos con los Pichot -una muy notable familia de artistas en la que Ramón era pintor, Ricardo discípulo del violonchelista Pau Casals, Luis era violinista y María una afamada cantante de ópera-. Pepito era el mayor y, para Salvador, se convertiría en su mentor. Los Pichot poseían a las afueras de Figueras una finca, "El Molí de la Torre", donde Dalí sitúa en su Vida secreta algunas de las más vivaces y desternillantes experiencias de su niñez.

Ramón Pichot le descubre y le hace asimilar el oficio de la pintura y los ecos del impresionismo francés. Además, éste era amigo de Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Apollinaire y Picasso. Por ello, es posible que, en 1910, el pequeño Salvador jugara con el pintor malagueño, que por entonces rondaba los veintinueve años.

En 1918, Dalí publica uno de sus dibujos en la revista Patufet y, en enero de 1919, participa en una exposición colectiva en la que llega a vender dos cuadros. Su interés por los clásicos -que nunca le abandonará- queda de relieve en los artículos que publica en la revista Studium, del Instituto de Figueras, sobre Goya, El Greco, Durero, Leonardo, Miguel Ángel y Velázquez.

El 6 de febrero de 1921, tiene lugar el fallecimiento de su madre, lo que supuso un gran golpe para Dalí:
La muerte de mi madre me desesperó. Durante mucho tiempo no supe conformarme a su desaparición. Ella era la única que hubiera podido transformar mi alma. Su pérdida la sentí como un desafío y resolví vengarme del destino esforzándome en ser inmortal.
Poco después, su padre contraería matrimonio con la hermana de su difunta esposa: Catalina Domenèch Ferrés. Todo ello, supuso la desaparición de su infancia y primera adolescencia.

Al poco tiempo, Salvador Dalí se traslada a Madrid acompañado de su familia. Su indumentaria ya era controvertida, pues el joven pintor ya portaba patillas y melena, dándole un aire entre agitanado y bohemio, confirmado por una chalina de grandes proporciones y una boina negra y peluda. Remataba su atuendo con una capa y unas polainas tan anacrónicas que Salvador temía ser apedreado en cualquier momento. Continuaría vistiendo de tal manera hasta su ingreso en la Residencia de Estudiantes, en septiembre de 1922,  siguiendo la recomendación de Eduardo Marquina. Esta especie de colegio mayor universitario ponía al alcance de sus ciento cincuenta huéspedes alojamiento, comida, biblioteca, laboratorios, sala de conferencias y un ambiente propicio para el desarrollo intelectual, lo que nos hace afirmar que fue uno de los focos culturales más importantes de la Europa del periodo de entreguerras. Allí conoció a quienes serían sus mejores amigos: Pepín Bello, Luis Buñuel y Federico García Lorca quienes, tras enterarse que el joven Salvador pintaba cuadros cubistas, se dieron cuenta del talento y sentido del humor que había tras su aspecto tímido y aplicado.

Salvador Dalí, José Moreno Villa, Luis Buñuel, Federico García Lorca
y  José Antonio Rubio Sacristán, en Madrid (1926)

Este grupo de amigos de la Residencia representó mucho para Dalí, con quienes viviría auténticas escapadas madrileñas que más tarde reflejaría en una serie de dibujos, acuarelas y aguadas, como Escena de cabaret y Sueños noctámbulos. En estos trabajos, se observa que va abandonando la paleta más brillante al modo fauvista -Matisse, André Dérain- para dar paso a nuevos estímulos expresionistas, cubistas y futuristas, eco en buena medida de los ambientes vanguardistas que irá frecuentando.

El 22 de octubre de 1923, fue expulsado por un año de la Academia de San Fernando, debido a su consideración como cabecilla en la protesta contra la exclusión de Daniel Vázquez Díaz, de la cátedra de pintura al aire libre. En los dos años posteriores, Dalí apunta hacia una primera síntesis personal, dejando testimonio en 1925, en la exposición de los Artistas Ibéricos y su primera muestra individual en la galería Dalmau

Mientras continua ampliando horizontes, en la primavera de 1926 inicia su primer viaje a París y Bruselas, a la par que finaliza su formación académica tras la segunda expulsión de San Fernando, debido a negarse a reconocer la competencia del tribunal que debía juzgarle. Recluido en Figueras y Cadaqués, trabaja intensamente en las obras que integrarán su segunda exposición individual en la galería Dalmau, inaugurada el 31 de diciembre.

La influencia de Federico García Lorca sobre Salvador se notó desde el principio, pero no fue hasta la marcha de Buñuel a París -en enero de 1925- cuando se acentuó más. En la primavera de 1926, aparece Oda a Salvador Dalí, en la que el poeta andaluz capta el momento de asepsia, contención y búsqueda de formas estrictas en el que anda embarcado el pintor. El cenit de esa amistad tiene lugar en 1927, cuando Lorca pasa la mayor parte de la primavera entre Barcelona, Figueras y Cadaqués. La sintonía entre ellos se traduce en los decorados y figurines que pinta Dalí para Mariana Pineda, drama que se estrena el 24 de junio en la capital catalana como preludio a la exposición de dibujos lorquianos en la galería Dalmau, apadrinada por Salvador y sus amigos catalanes.

DALÍ, S. La miel es más dulce que la sangre (1927).
En el cuadro de Dalí La miel es más dulce que la sangre, aparece la cabeza de Lorca como un busto derribado por tierra, junto a dos burros podridos, otra cabeza más estilizada que parece la del propio Dalí y un torso renegrido y con una sola pierna y un musculoso brazo -quizás en alusión al Buñuel boxeador y al cojo Miguel Pellicer del Milagro de Calanda-. En medio, puede verse un cuerpo femenino degollado, con las manos y los pies cortados. En el centro de la composición, se alza un extraño "aparato" y varias formaciones de lo que quizás sean agujas. Aunque Lorca propuso el nombre de Bosque de aparatos para este cuadro, el título que finalmente prevaleció fue este otro. Hoy día está en paradero desconocido y únicamente se conservan fotografías en blanco y negro.

Sin embargo, en verano de 1927, estallarían las tensiones entre el pintor y el poeta tras un posible malentendido sentimental por parte de Lorca.

El cortometraje titulado Un perro andaluz supuso, en 1929, el nacimiento oficial del cine surrealista y la consagración de Buñuel como director, valiéndole a él y a Dalí el ingreso en el grupo vanguardista parisino capitaneado por André Bretón, en un momento en que dicha facción necesitaba refuerzos. La concepción de su guión fue un proceso laborioso en el que ambos amigos trabajaron con los subconscientes conectados en gran armonía, aprovechando muchas de las ideas de la Residencia de Estudiantes. Estas circunstancias han provocado equívocos sobre su autoría que arrancan ya de la fecha de su estreno y propiciarían la ruptura de la amistad entre el pintor y el realizador. Dalí se consideraba tan autor de la cinta como Buñuel, sin reparar en que el cine tiene un oficio y lenguaje propios.

Salvador Dalí junto a Gala
El estreno de este cortometraje en París el 6 de junio de 1929, les abrió las puertas de los cenáculos vanguardistas. Dalí, que había acudido a finales de marzo para los últimos días de rodaje, permaneció en París hasta principio de junio. Ya entonces tomará contacto con varios surrealistas, como el poeta Paul Élouard, el que era el marido -en ese momento- de Gala, la que sería la futura esposa del pintor. En agosto de este año, Salvador conocería a Gala en Cadaqués, cuando el pintor invitó a Paul Élouard y a su mujer a que le visitaran. Por entonces, el poeta francés mantenía relaciones con una modelo alemana y Gala y él ya vivían separados desde hacía un tiempo.

Cuando Salvador conoce a Gala, estaba atravesando un momento muy delicado, pues sufría frecuentes ataques de risa histérica que le llevaban al borde de la locura. Bajo su protección, Dalí desarrollará su imagen pública más o menos definitiva. Gala jugará un papel fundamental en la vida de Dalí, convirtiéndose en todo su equilibrio personal:
Gala me adoptó. Fui su recién nacido, su niño, su hijo, su amante... Gala expulsó de mi las fuerzas de la muerte... No me he vuelto loco porque ella ha asumido mi locura.
A finales de 1930, Buñuel y Dalí intentan escribir el guión de La edad de oro, aunque, debido a que se encontraba encerrado con Gala cerca de Marsella, no acudió al rodaje. Allí, intentaba sacar adelante el libro La mujer invisible y su cuadro El hombre invisible, donde ensaya por primera vez la imagen doble y, además, deja constancia de la operación a la que ha sido sometida Gala y por la cual ésta ha quedado estéril.

DALÍ, S. La persistencia de la memoria (1931).
En esta época, Salvador Dalí pintaría algunas de sus obras más célebres: El gran masturbador (1929), en el que queda presente la obsesión del artista por el tema sexual; La persistencia de la memoriaLos relojes blandos (1931), obra en la que según algunas teorías ilustró su rechazo del tiempo como una entidad rígida o determinista; o Figura en una ventana (1933), la obra maestra de la serie de retratos de Anna Maria, su hermana. 

Gracias a la venta de La vejez de Guillermo Tell por parte del vizconde de Noailles, Dalí compra a Lidia de Cadaqués una casita de pescadores en Port Lligat que, con el tiempo, el pintor transformaría en su mansión. 

Tras La edad de oro, las trayectorias de Buñuel y Dalí irán divergiendo progresivamente. Sin embargo, su relación se deteriora a partir de mayo de 1934, cuando estalla el verdadero conflicto por los créditos de Un perro andaluz y La edad de oro. Si este episodio no hubiese bastado para separarles más, los acontecimientos que vinieron a continuación, se harían cargo de ello. La guerra civil les termina de separar aunque volverán a coincidir en EEUU en 1939, aunque para entonces Dalí es un personaje célebre y Buñuel ha pasado al anonimato. Entonces, el cineasta le escribe para intentar hacer alguna colaboración en Hollywood -y después, una ayuda económica- y, Dalí, no muestra interés alguno, pues su principal preocupación es finalizar su Complejo de Guillermo Tell, retomar los lazos con la familia y reconciliarse con los suyos y su país. Muchos años más tarde, Dalí intentará limar asperezas con Buñuel, pero éste no pareció ceder ni un ápice.

Dalí junto a Hithcock, durante el rodaje de Recuerda (1945)
El traslado a EEUU, supone nuevos intentos de plasmar sus ideas en la pantalla. Así, en 1935, convierte una fotografía de Mae West en el mobiliario de un apartamento y da a la luz bocetos para una película que se debía titular El misterio surrealista de Nueva York. En febrero de 1937, planea otra con los hermanos Marx -Jirafas en ensalada de lomos de caballo-, que tampoco pasó de las habituales escaramuzas previas y de la que únicamente se conservan algunas notas y dibujos. Tampoco prosperaron sus proyectos con Walt Disney -Destino y Don Quijote-. Sin embargo, sí logró llevar a cabo secuencias oníricas ideadas por él para Recuerda, de Alfred Hitchcock, y El padre de la novia, de Vincent Minnelli.

El 16 de agosto de 1940, Dalí y Gala se trasladan a EEUU, concretamente a la amplia mansión de la millonaria Caresse Crosby tiene en Virginia, concentrándose en la redacción de su Vida secreta, que sería finalizada el 30 de julio del siguiente año. Se trata de una de las más notables autobiografías del siglo XX. Con el estallido de la primera bomba atómica -5 de agosto de 1945-, Dalí comienza a hablar de la época atomística de su pintura, que se reflejará en obras como Apoteosis de Homero y en las figuras suspendidas en el aire inspiradas en fuentes y mitologías clásicas, como Leda atómica o La Madonna de Port Lligat.

HALSMAN, P. Salvador Dalí A (1948)

A partir de este momento, se limitará a pasar el invierno en Nueva York, la primavera y el otoño en París y el verano en su casa de Port Lligat. Para facilitar su integración en la España franquista, en 1951 publica su Manifiesto místico, pinta el famosísimo Cristo y pronuncia en el Teatro María Guerrero su famoso discurso Picasso y yo:
Picasso es español y yo también; Picasso es pintor y yo también; Picasso es un genio y yo también; Picasso es comunista y yo tampoco. 
En 1958, Dalí contrae matrimonio con Gala, en el santuario de Els Àngles, cerca de Gerona. No obstante, ya en 1934 se habían casado mediante una ceremonia civil.

DALÍ, S. La Madonna de Port Lligart (1950).
Si la década de los cincuenta es considerada como la de su vuelta al redil clasicista y a España, la de los sesenta podría adscribirse a una peculiar pintura de historia que no evita ni los grandes lienzos ni los aparatosos despliegues retóricos. Así tenemos el Descubrimiento de América por Cristóbal Colón o su Batalla de Tetuán. Con el tiempo, la obra de Dalí perdió fuelle y se repite, como sucede con cualquier incansable trabajador. Sin embargo, a diferencia de Picasso o Miró, por ejemplo, Salvador Dalí generó una obra más que interesante antes y después de su asentamiento a la ortodoxia bretoniana. El Dalí pensador y escritor dejó desasistido al creador de imágenes, reduciéndolo a una caricatura y un superviviente de sí mismo, pura máscara y cáscara con gotero. En realidad, Dalí trató de captar objetos y situaciones mediante un golpe de vista desprejuiciado que los presentara inicialmente como extraños, procediendo, a continuación, al establecimiento de relaciones no previstas.

En 1980, la salud de Dalí y de Gala estaba seriamente deteriorada, puesto que ella presentaba síntomas de senilidad y él, tras consumir un cóctel de fármacos, provocó daños en su sistema nervioso, lo que le incapacitó para la creación artística. A los 76 años, era evidente el progreso de la enfermedad de Parkinson que sufría el artista.

En 1982, se le concede el título de marqués de Púbol, de la mano del rey Juan Carlos I, a quien le dedicó el que sería su último dibujo: Cabeza de Europa. Esta obra le sería entregada a su majestad tras la visita real a su lecho de muerte. El 10 de junio de ese año murió Gala y fue enterrada en una de las dos criptas del castillo de Púbol, que Dalí había comprado expresamente para ser enterrados juntos.

Tras la muerte de Gala, Dalí perdió las ganas de vivir, llegando a sufrir deshidratación. Además, un incendio provocado en su habitación en 1984, dio la alarma de un posible intento de suicidio, por lo que se le llevó de nuevo a Figueras, donde un grupo de amigos se encargaron de su bienestar hasta su fallecimiento. A finales de 1988, fue ingresado por un fallo cardíaco severo.

El 23 de enero de 1989, en Figueras, mientras escuchaba Tristán e Isolda, de Richard Wagner -su disco favorito-, sufrió una parada cardiorrespiratoria, lo que provocó su fallecimiento a los 84 años. Su enterramiento bajo la cúpula geodésica del Teatro-Museo que lleva su nombre, cerraría de forma definitiva su trayectoria.

Museo-Teatro Dalí, en Figueres.
Fuentes.
  • CARNERO, G. Salvador Dalí y otros estudios sobre arte y vanguardia. [Valencia]: Institució Alfons el Magnànim, 2007.
  • DALÍ, G. La vida secreta: Diario inédito. Figueras : Fundación Gala-Salvador Dalí, 2011.
  • GALE, M. Dalí y el cine. Barcelona: Electa, 2008.
  • La edad de Oro.
  • NÉRET, G. Salvador Dalí: 1904-1989. Madrid: Taschen, [2007].
  • PERERA RODRÍGUEZ, M. Dalí. Madrid: Tikal, [2010].
  • RODRIGO, A. Ana María Dalí y Salvador: escenas de infancia y juventud. Barcelona: Base, 2008.
  • Salvador Dalí: Entrevista por Joaquín Soler Serrano.
  • SÁNCHEZ VIDAL, A. Dalí. Madrid: Alianza Editorial, 1994.
  • Un perro andaluz.
  • Wikipedia.

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