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Monumentos de Toledo (VII): El Circo Romano

Datado del siglo I d.C., el circo romano de Toledo se encuentra situado al norte de la ciudad, en la denominada Vega Baja. Una carretera lo divide en dos zonas, una dentro de un parque público y la otra dentro de una zona semi-urbanizada.

Sólo con visualizar las ruinas se puede notar la gran importancia que debía tener la ciudad de Toletum. Debido a su datación tan temprana, podemos afirmar que éste no es sólo una construcción romana más, sino que sirve de modelo para estudiar la arquitectura de los circos romanos.

La función a la que estaba destinado era a las carreras de carros. Su planta es rectangular, con los dos lados largos casi paralelos, el tercero en forma de hemiciclo, y el último, con un poco menos de curvatura, formando las cárceres, o casillas de donde salían los carros.

Reconstrucción del Circo Máximo

La arena, o espacio donde se desarrollaban las competiciones, está delimitado por el pódium, de 408 m de largo por 86,20 de ancho, en la zona del hemiciclo, y 82-83 en la zona de las cárceres. Éste está dividido longitudinalmente por la spina o barrera central, de 8,10 m de ancho por 230 m de largo. Alrededor de ella, las bigas o cuádrigas, daban las siete vueltas correspondientes.

Tanto en los lados rectos como en el hemiciclo, se disponía de dos graderíos, el maenianum primium, o graderío inferior, y el maenianum summum o graderío superior.


El primero de ellos, el maenianuim primium, tiene una estructura bastante irregular. En el sureste, el terreno presentaba una inclinación natural, que ataludada y contenida entre el pódium y el balteus o muro exterior, servía para disponer las gradas directamente sobre los sillares de granito que lo recubrían. En el balteus, dos entradas trasversales al graderío, permitían el acceso de los espectadores.

Sin embargo, en el hemiciclo se hizo necesaria la construcción de bóvedas, en opus caementicium, que soportaran el graderío, que también se encontraba recubierto de sillares de granito. Esta zona, en la que podría haber un arco monumental, se encuentra flanqueada por dos escaleras de acceso al graderío.


El pódium estaba rodeado de sillares de granito que llegaban a la altura del graderío inferior, de manera que, desde la arena, lo único que se veía era una pared que ocultaba las bóvedas.

El maenianum summun o graderío superior, tenía como característica principal su estructura de madera. En la zona sureste, se apoyaba sobre el muro exterior en una línea de pilares, de los que se conserva la cimentación, y en las escaleras de acceso, que tenían escasa altura debido a las características del terreno.

En el hemiciclo y en el frente noroeste, el graderío superior se apoyaba en el inferior, en las escaleras, y en unos pilares de sillares de granito, que aquí se alinean frente a los estribos de las bóvedas. Tanto los pilares como las escaleras, iban aumentando en altura desde el hemiciclo, en el sureste, hacia el frente noroeste. Aún se conserva un arco que pertenece a una de estas escaleras, que daba acceso desde el exterior al graderío superior, normalmente ocupado por esclavos y extranjeros.

Entre la línea exterior de los pilares y los interiores de las bóvedas, quedaban unos espacios que servirían para que, en los días de juegos, se instalaran allí tenderetes y los alrededores se convirtieran en un verdadero bullicio de vendedores, espectadores y curiosos. De las cárceres solo podemos decir que constaban de doce casillas, divididas en dos sectores de seis cada uno, desde donde salían los carros.

El aforo completo era de entre 13.000 y 30.000 espectadores distribuidos por todo el circo, y en el siglo IV d.C. aún se documenta su uso.Ya en el 930, Abderraman III mandó demoler construcciones cercanas al cementerio, por lo que lo más probable es que afectara al circo, puesto que el cementerio musulmán ocupaba esos terrenos.

Este mismo lugar fue elegido por la inquisición, alrededor de 1576, para construir su cadalso, el “Brasero de la Vega”, utilizando, seguramente, el circo como cantera.

La construcción de la ermita de S. Bartolomé de la Vega, y luego del Monasterio de los Bartolos (Mínimos de S. Francisco de Paula), también destruyó parte del circo, pero lo que destruyó en mayor medida el mismo, debió ser la iglesia del convento en época de Felipe II. En las Relaciones topográficas de Felipe II se dice:
“la fábrica del circo arruinada y volteada, con artificio o pólvora”

Durante el siglo XVIII, el Cardenal Lorenzana mandó destruir las cuevas y subterráneos del circo, con el fin de evitar que fueran ocupadas por las “gentes de mala vida y costumbres”, por lo que se echaron abajo un gran número de bóvedas.

Circo Romano de Toledo

A finales del siglo XIX, comenzaron las primeras excavaciones arqueológicas de la ciudad, descubriendo así un resto de podio, pero calificándose como no fructuosas. Las siguientes, en 1899, las dirigió el pintor toledano Ricardo Arredondo, y los resultados fueron algo mejores, pues se encontró parte del muro exterior, con lo que se dedujo su trazado y se obtuvieron las primeras dimensiones del recinto (430 x 101 m). Se encontraron también numerosas tumbas del cementerio árabe, así como el nivel de planta del edificio.

En 1927, se retomaron las excavaciones por parte de la Junta Superior de Excavaciones y Exploraciones Arqueológicas. Esto hizo que por primera vez se consiguiera realizar un plano documentado del conjunto. Si bien es verdad que se produjeron algunos errores de interpretación, la aportación fue muy valiosa para las investigaciones. A raíz de estos trabajos, se construyó el parque del jardín escolar, con buena parte de las ruinas en su interior.

Tras algunas otras excavaciones y limpiezas intermitentes en los años 60 y 70, en 2012 se produjo un leve adecentamiento de la zona retirando parte de los coches que aparcaban encima, delimitando algunos restos, e instalando paneles explicativos.

Aunque algo menos degradada, la zona se mantiene a la espera de tiempos mejores para una actuación integral y una gran puesta en valor del que me atrevería a decir, uno de los circos romanos más importantes del mundo.


Fuentes:
  • VV.AA. El circo romano de Toledo: Estratigrafía y arquitectura. Consejería de educación y cultura. Toledo, 1988.
  • VV.AA. Arquitecturas de Toledo. Servicio de publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Toledo, 1992.
  • José María Moreno Santiago - Fotógrafo.

2 comentarios:

  1. Ojalá lleguen algún día esos tiempos mejores. Con una pequeña parte de lo que se despilfarra seguro que se puede hacer. ¡Cuántos visitantes se van de aquí sin tan siquiera tener noticia de que existe!

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    Respuestas
    1. Tienes toda la razón Jose María. Ojalá se despilfarrara menos y se hiciera esto. A lo mejor ahora no es el momento idóneo para hacerlo, no lo se, pero hay tantas cosas innecesarias y absurdas que se hacen sin ser el momento...

      Pasan miles de visitantes por Toledo, y la mayoría de ellos se va sin saber absolutamente nada del Toletum romano, pero... ¿y los que no son visitantes? Por desgracia también muchos lo desconocen.

      En mi opinión, se debería hacer algo más por dar a conocer esta parte del patrimonio toledano dado su importantísimo valor. Hacer algo más por darlo a conocer, y también por ponerlo en valor.

      Desde aquí mi pequeño granito de arena. De poco servirá, pero algo es algo, ¿no?

      Un abrazo y mi máxima admiración por tus fotografías en 360º. ;)

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