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Escenas de cine (VI): Ghost

Bueno, hoy la escena de cine no tiene nada de particular. He decidido escribir sobre ella debido a que, durante un tiempo, es posible que no podamos actualizar más a menudo el blog. Llegaron los temidos exámenes, y eso que después de haber hecho dos carreras y un máster, debería estar acostumbrada a enfrentarme a ellos, ¡¡je, je, je!! El caso es que todo el mundo recordará la famosa escena del torno de barro. No obstante, la escena escogida en cuestión, pertenece a una de las películas más bonitas que se han hecho y de la que me considero una fan: Ghost.


La escena comienza cuando Sam (Patrick Swayze) regresa hacia el lado del desván donde se encuentran Oda Mae (Whoopy Goldberg) y Molly (Demi Moore). Molly, que hasta entonces no podía ver ni oír a Sam, consigue hacerlo ya que Sam ha conseguido asumir una forma parcialmente visible. Entonces es cuando Sam, al ver que Molly puede verle, se agacha a su lado y le da su último beso antes de partir. Después, se despide de Oda Mae dándole las gracias y diciéndole que su madre estaría orgullosa de lo que ésta había hecho por él. Y, justo antes de irse, Sam le declara su amor incondicional a Molly con la frase "Te quiero Molly, siempre te he querido", a lo que ella responde con el famoso "ídem". Por último, Sam se va acompañado por una luz brillante hacia un mundo mejor y le dice a Molly esa frase que tantas veces me ha hecho llorar: "Es increíble, Molly, cuánto amor me llevo...".

Aquí os dejo la escena. Espero que os guste...

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Monumentos de Toledo (II): Palacio de Galiana

Hoy, 20 de enero, es el cumpleaños de una personita muy especial. Por esta razón, la entrada de hoy va para ella: ¡¡Feliz Cumpleaños, Laura!! Aquí tienes tu segundo regalo de cumpleaños nuestro. Espero que te guste tanto a ti, como a las personas que se animen a leer el contenido de la entrada de Monumentos de Toledo.

Palacio de Galiana. Por: Javier Tordesillas Vázquez.
Saliendo de la estación de Renfe, retomamos la carretera hacia Toledo y, por un pequeño camino, llegamos a los Palacios de Galiana. Estos reciben tal nombre a partir del Siglo XVI, en recuerdo a aquellos otros que existieron en el interior del alficén y que dieron lugar a numerosas leyendas.

El lugar donde se emplazan fue conocido en época árabe como Almunia Almansura, el cual, castellanizado, ha llegado hasta nosotros como Huerta del Rey. El enclave tuvo su origen en un jardín árabe, venturosa mezcla de jardín y huerto, donde Al-Mamún ―rey taifa de Toledo de 1043 a 1075―, construyó una residencia veraniega.

Conservamos la descripción árabe del “Salón de la Noria o de la rueda hidráulica” ― dada por Al-Maqqari ― que nos da una idea del lujo y decoración de la residencia: 
“El salón brillaba como si el sol se encontrase en lo alto del firmamento y la luna llena en su cenit, como una corona. Las flores embalsaman el ambiente y, sobre el río, los invitados bebían sin cesar. La rueda hidráulica gemía como gimen, heridas por la llama devoradora del dolor, la camella que perdió su cría o una madre al morir su hijo. El cielo estaba regado por gotas de rocío. Los leones abrían sus enormes fauces para vomitar agua […]”. 
Estos leones serían, evidentemente, los surtidores de las fuentes. El jardín contiguo a este pabellón estaba ocupado por una gran alberca, en el centro de la cual se situaba un quiosco con vidrieras polícromas y decoraciones incrustadas en oro.

A estas primeras construcciones, Al-Mamún añadió otras para acoger a su invitado, el futuro rey Alfonso VI, exiliado en Toledo a causa de las luchas fratricidas que le enfrentaron a su hermano, el rey Sancho II de León. Y este mismo lugar ocupó, en 1084, cuando cercó la ciudad, hasta que ésta pasó a manos cristianas en 1085.

De estos primeros palacios nada debió quedar tras las distintas devastaciones que sufrieron. Durante el siglo XII, almorávides y almohades, acampando en aquella huerta, la talaron y destruyeron, ante la imposibilidad de tomar la ciudad. En el siglo XIII, los cristianos venidos de toda Europa como cruzados, para luchar contra los almohades, se instalaron en ella y, “con las ramas de los árboles frutales dispusieron cobertizos para estar a placer, mientras salían a campaña […] y cortaron toda la Huerta del Rey e ficieron mucho mal a Toledo”, según relatan los Anales toledanos. Estas tropas fueron las que derrotaron a los musulmanes en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212.

Palacio de Galiana. Detalle de los jardines.
Los edificios palaciegos se debieron reconstruir en el siglo XIII, según Gómez-Moreno. En 1385, Juan I dona esta huerta, hasta entonces posesión real, al convento de Jerónimos del Monasterio de la Sisla que, en 1394, la vende a doña Beatriz de Silva, figurando como de su propiedad en la carta de dote con motivo de su matrimonio con don Alvar Pérez de Guzmán, en 1397, cuyos escudos decoran el interior. Como descendiente de esta familia, la huerta perteneció a Eugenia de Montijo, quien tuvo la idea de rehabilitar las construcciones, entonces ya en ruinas. Pero no fue hasta 1931 cuando los Palacios fueron declarados monumento histórico-artístico, habiendo sido restaurados por Alejandro Fernández Araoz y Carmen Marañón, con el asesoramiento de Chueca Goitia y Gómez-Moreno.

El Palacio, en la actualidad, consta de una sala de recepción dividida en tres naves paralelas, cuyos extremos son alcobas. Dichas naves se comunican entre sí mediante un eje transversal. El edificio abre ventanas en sus dos fachadas: la del norte se asoma a la recreación de un jardín hispanomusulmán y al Tajo; la del sur se abre a una alberca que, según muchos eruditos, ocuparía el mismo lugar que la construida por Al-Mamún en el siglo XI. El edificio conserva restos de decoración polícroma que data del siglo XIII, y de yeserías, algunas de ese siglo y otras del siglo XIV, con la decoración heráldica ya apuntada. El conjunto sigue siendo una propiedad particular, conservada de un modo respetuoso y delicado.

Fuentes.
  • GÓMEZ-MORENO, M. Arte mudéjar toledano. Madrid, 1916.
  • El Miradero.
  • PARRO, S. R. Toledo en la mano, o Descripción histórico-artística de la magnífica Catedral y de los demás célebres monumentos. Toledo: Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, 1978. 
  • Toledo Turismo.
  • VV. AA. Arquitecturas de Toledo. Servicio de publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Toledo, 1992.
  • VV.AA. Historia de Toledo. Toledo, Azacanes-Librería Universitaria, 1997.
  • VV. AA. Rutas de Toledo. Toledo: Bremen, 2004.

Monumentos de Toledo (I): El Castillo de San Servando

El otro día, vinieron unos amigos a ver la ciudad y, estando en el mirador de El Valle, señalamos cada uno de los monumentos importantes que se ven desde allí. Claro que, eso no es difícil, todos son importantes o, al menos, para mi. Entonces, al señalarles uno de ellos, nos dijeron: ¿pero allí vivía el rey? Claramente, les dijimos que no. Pero, ya por el gusanillo que se me quedó dentro, decidí hacer una entrada (resumida, claro) sobre el monumento en cuestión: el Castillo de San Servando. Y, si se da bien, iremos poniendo, poco a poco, reseñas de los distintos monumentos. En caso de que estos edificios hayan cambiado su funcionalidad original, también añadiremos a lo que están destinados actualmente. Espero que os guste y que, por supuesto, podamos seguir con este tipo de entradas.

Castillo de San Servando (Toledo).
El castillo de San Servando se levanta en el cerro del mismo nombre que, situado al margen izquierdo del río Tajo, controlaba el acceso al Puente de Alcántara.

Tras la toma de Toledo en el año 1085, Alfonso VI decidió reorganizar la ciudad y, tres años después, en este lugar frente al Puente de Alcántara, se procedió a la fundación de un monasterio cuyo nombre invocaba a San Servando y Germán debido a su salvación en la batalla de Zalencas o Sagrajas, el 13 de octubre de 1086.

En 1109, se produce el primer ataque almorávide en Toledo, por lo que la situación de inestabilidad existente en ese momento, afectaba principalmente al monasterio, situado a extramuros de la ciudad. Debido a esto, los monjes decidieron abandonar el mantenimiento de este edificio. 

El monasterio seguía perteneciendo a la Catedral en 1201, pese a los ataques almorávides ocurridos en 1114, 1128 y 1139. Después de ésto, no hay apenas alusiones al edificio hasta bien entrado el siglo XIV, quizás debido a su poca actividad militar. Fue a partir de este período, cuando recobra su valor militar con motivo de las luchas entre Pedro I y el conde de Trastámara, el futuro Enrique II. Tras estas luchas, el arzobispo don Pedro Tenorio, partidario de los Trastámara, participó eficazmente con numerosos fondos en la construcción del castillo hasta su conclusión en 1389.

Fue precisamente en este año, cuando Enrique III otorgó la tenencia del castillo al alcaide Pedro López de Ayala, aunque hay menciones de que, en 1525, ya estaba arruinado, aspecto que puede observarse hoy día igualmente.

A finales de 1873, debido a su estado de abandono y su falta de utilización, se subastó públicamente por 3.500 de las antiguas pesetas. A pesar de esto, el 26 de agosto de 1874, fue declarado monumento nacional, siendo el primer castillo de la península en conseguir este título. Hasta 1920 siguió con la situación que venía acarreando anteriormente y, a partir de esta fecha, empezaron a realizarse trabajos arqueológicos en su interior que descubrieron tumbas medievales excavadas en la roca.

En la construcción del nuevo edificio, se respetó el trazado original, a excepción del ángulo noroeste, que difiere del plano levantado por Amador de los Ríos. De esta forma, se aprovechó el perímetro exterior que se conservaba en pie desde el siglo XIV y se reconstruyó su interior, que se hallaba en ruinas.

El castillo está realizado en mampostería y ladrillo rojo para las torres y los muros del costado meridional. Su planta es prácticamente rectangular, orientada de sur a norte. Presenta torres circulares huecas en tres de sus esquinas, destacando una de ellas por su mayor envergadura. Además, presenta una torre intermedia en el lado sur, protegiendo un pequeño postigo formado por un arco apuntado, labrado en ladrillo, con las armas de Castilla y León encima, talladas en mármol blanco.

La puerta principal se abre en una especie de torre del homenaje. La proyección de esta torre desde el muro recuerda la torre albarrana de la Almofala y la Puerta del Sol. Tradicionalmente, hace referencia a la existencia de otros elementos que aumentaron la eficacia de su sistema defensivo, tales como el foso o la barbacana, que en estos momentos no es posible atestiguar.

A pesar de la desaparición de parte de sus elementos y la fuerte restauración de otros, el castillo de San Servando constituye un signo elocuente del pasado en este enclave.

Un Paseo por su Evolución y Transformación

En 1945, el Castillo de San Servando se cedió en usufructo a la Delegación de Juventudes, edificando un colegio menos, inaugurado en 1958. Actualmente, tras haber sido, además, sede de las Cortes de Castilla-La Mancha y una residencia universitaria, funciona como albergue juvenil de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. En ocasiones, también se celebran cursos y conferencias en el edificio.

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Fuentes.
  • AMADOR DE LOS RÍOS, R. Monumentos Arquitectónicos de España. Toledo, Madrid, 1905.
  • GONZÁLEZ SIMANCAS, M. Toledo, sus monumentos y el arte ornamental. Toledo, 1929.
  • HERRERA CASADO, A. Castillos y fortalezas de Castilla-La Mancha. Guadalajara, 2002.
  • PARRO, S. R. Toledo en la mano, o Descripción histórico-artística de la magnífica Catedral y de los demás célebres monumentos. Toledo: Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, 1978. 
  • PISA, F. de. Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo. Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, 1974.
  • VV. AA. Arquitecturas de Toledo. Servicio de publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Toledo, 1992.
  • VV. AA. Rutas de Toledo. Toledo: Bremen, 2004.
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