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Monumentos de Toledo (I): El Castillo de San Servando

El otro día, vinieron unos amigos a ver la ciudad y, estando en el mirador de El Valle, señalamos cada uno de los monumentos importantes que se ven desde allí. Claro que, eso no es difícil, todos son importantes o, al menos, para mi. Entonces, al señalarles uno de ellos, nos dijeron: ¿pero allí vivía el rey? Claramente, les dijimos que no. Pero, ya por el gusanillo que se me quedó dentro, decidí hacer una entrada (resumida, claro) sobre el monumento en cuestión: el Castillo de San Servando. Y, si se da bien, iremos poniendo, poco a poco, reseñas de los distintos monumentos. En caso de que estos edificios hayan cambiado su funcionalidad original, también añadiremos a lo que están destinados actualmente. Espero que os guste y que, por supuesto, podamos seguir con este tipo de entradas.

Castillo de San Servando (Toledo).
El castillo de San Servando se levanta en el cerro del mismo nombre que, situado al margen izquierdo del río Tajo, controlaba el acceso al Puente de Alcántara.

Tras la toma de Toledo en el año 1085, Alfonso VI decidió reorganizar la ciudad y, tres años después, en este lugar frente al Puente de Alcántara, se procedió a la fundación de un monasterio cuyo nombre invocaba a San Servando y Germán debido a su salvación en la batalla de Zalencas o Sagrajas, el 13 de octubre de 1086.

En 1109, se produce el primer ataque almorávide en Toledo, por lo que la situación de inestabilidad existente en ese momento, afectaba principalmente al monasterio, situado a extramuros de la ciudad. Debido a esto, los monjes decidieron abandonar el mantenimiento de este edificio. 

El monasterio seguía perteneciendo a la Catedral en 1201, pese a los ataques almorávides ocurridos en 1114, 1128 y 1139. Después de ésto, no hay apenas alusiones al edificio hasta bien entrado el siglo XIV, quizás debido a su poca actividad militar. Fue a partir de este período, cuando recobra su valor militar con motivo de las luchas entre Pedro I y el conde de Trastámara, el futuro Enrique II. Tras estas luchas, el arzobispo don Pedro Tenorio, partidario de los Trastámara, participó eficazmente con numerosos fondos en la construcción del castillo hasta su conclusión en 1389.

Fue precisamente en este año, cuando Enrique III otorgó la tenencia del castillo al alcaide Pedro López de Ayala, aunque hay menciones de que, en 1525, ya estaba arruinado, aspecto que puede observarse hoy día igualmente.

A finales de 1873, debido a su estado de abandono y su falta de utilización, se subastó públicamente por 3.500 de las antiguas pesetas. A pesar de esto, el 26 de agosto de 1874, fue declarado monumento nacional, siendo el primer castillo de la península en conseguir este título. Hasta 1920 siguió con la situación que venía acarreando anteriormente y, a partir de esta fecha, empezaron a realizarse trabajos arqueológicos en su interior que descubrieron tumbas medievales excavadas en la roca.

En la construcción del nuevo edificio, se respetó el trazado original, a excepción del ángulo noroeste, que difiere del plano levantado por Amador de los Ríos. De esta forma, se aprovechó el perímetro exterior que se conservaba en pie desde el siglo XIV y se reconstruyó su interior, que se hallaba en ruinas.

El castillo está realizado en mampostería y ladrillo rojo para las torres y los muros del costado meridional. Su planta es prácticamente rectangular, orientada de sur a norte. Presenta torres circulares huecas en tres de sus esquinas, destacando una de ellas por su mayor envergadura. Además, presenta una torre intermedia en el lado sur, protegiendo un pequeño postigo formado por un arco apuntado, labrado en ladrillo, con las armas de Castilla y León encima, talladas en mármol blanco.

La puerta principal se abre en una especie de torre del homenaje. La proyección de esta torre desde el muro recuerda la torre albarrana de la Almofala y la Puerta del Sol. Tradicionalmente, hace referencia a la existencia de otros elementos que aumentaron la eficacia de su sistema defensivo, tales como el foso o la barbacana, que en estos momentos no es posible atestiguar.

A pesar de la desaparición de parte de sus elementos y la fuerte restauración de otros, el castillo de San Servando constituye un signo elocuente del pasado en este enclave.

Un Paseo por su Evolución y Transformación

En 1945, el Castillo de San Servando se cedió en usufructo a la Delegación de Juventudes, edificando un colegio menos, inaugurado en 1958. Actualmente, tras haber sido, además, sede de las Cortes de Castilla-La Mancha y una residencia universitaria, funciona como albergue juvenil de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. En ocasiones, también se celebran cursos y conferencias en el edificio.

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Fuentes.
  • AMADOR DE LOS RÍOS, R. Monumentos Arquitectónicos de España. Toledo, Madrid, 1905.
  • GONZÁLEZ SIMANCAS, M. Toledo, sus monumentos y el arte ornamental. Toledo, 1929.
  • HERRERA CASADO, A. Castillos y fortalezas de Castilla-La Mancha. Guadalajara, 2002.
  • PARRO, S. R. Toledo en la mano, o Descripción histórico-artística de la magnífica Catedral y de los demás célebres monumentos. Toledo: Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, 1978. 
  • PISA, F. de. Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo. Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, 1974.
  • VV. AA. Arquitecturas de Toledo. Servicio de publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Toledo, 1992.
  • VV. AA. Rutas de Toledo. Toledo: Bremen, 2004.

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