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Velázquez: De aprendiz a pintor de Cámara

Bueno, bueno. Después de mis queridos -y destrozadores- exámenes, hoy vuelvo a la carga con otro gran personaje de la historia de España y, por supuesto, del arte universal. Desde chiquitina, mi abuelo ya me decía que eran impresionantes sus pinturas y creo que, gracias a él, terminé por ponerle entre mis artistas favoritos. Sólo espero que este post sea de vuestro agrado. Os dejo con él, con Diego Velázquez...

VELÁZQUEZ, D. Autorretrato (c. 1650)
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez nace en Sevilla en 1599. El primogénito de Joao Rodríguez Silva y de Jerónima Velázquez, fue bautizado en la parroquia de San Pedro de Sevilla, el 6 de junio. Adoptó el apellido de la madre, a la usanza portuguesa, frecuente también en Andalucía. Después, llegaron sus siete hermanos: Juan (1601), Fernando (1604), Silvestre (1606), Juana (1609), Roque (1612), Francisco (1617) y Francisca (1621).

Durante esta época, Sevilla es la ciudad más populosa y rica de España, y es en este ambiente en el que el joven Velázquez inicia su formación artística. En 1609, el joven pintor pasa una pequeña estancia en el taller de Francisco Herrera el Viejo -pintor dotado de gusto y talento, así como de un pésimo carácter-, debido a que se cansa pronto de aguantar tal temperamento. Fue entonces cuando su padre firma un contrato de aprendizaje de cuatro a seis años con el maestro Francisco Pacheco para la educación de Diego, que contaba con doce años, el 1 de diciembre de 1610:
Para que el dicho mi hijo se sirva en la dicha vuestra casa y en todo lo demás que le dixéredes e mandáredes que le sea onesto e pusible de hazer, y vos le enseñéys el dicho vuestro arte bien e cumplidamente, según e como lo sabéys, sin le encubrir de cosa alguna... Y en todo el dicho tiempo le ayáis de dar de comer e bever e calsar, e casa e cama en que esté e duerma, sano y enffermo, y curalle de las enffermedades que tuviere, como no pasen de quinze días... Y en fin del dicho tiempo le ayáis de dar un vestido, que se entiende calsón, ropilla e ferreruelo de paño de la tierra, e medias e çapatos, e dos camisas con sus cuellos, e un jubón e un sonbrero y pretina, todo ello nuevo, cortado e cosido a vuestra costa....
En la primavera de 1617, terminado el plazo para realizar estos estudios, Velázquez supera el examen de maestría que le acreditaba como pintor con taller propio. De este modo, estaba capacitado para abrir un taller autónomo y llevar a cabo, como maestro, contratos de aprendizaje o de colaboración con otros artistas. El 23 de abril del año siguiente, Diego Velázquez contraía matrimonio con Juana, hija del maestro Pacheco.

Así pues, en su incipiente maestría, Diego pintaba, por una parte, encargos religiosos facilitados por la influencia de su suegro y, por otra, bodegones o cocinas, en los que intentaba conseguir esa veracidad de lo natural con que las corrientes "Caravaggistas" encandilaban a los artistas primerizos. En sus primeros cuadros, Velázquez suele incluir elementos de naturaleza muerta, como panes, frutas, jarros de vino, verduras y otros objetos inanimados, cacharros de loza o de arcilla y recipientes de metal o cristal, colocados sobre mesas. No obstante, a diferencia de los pintores especializados en naturalezas muertas, Velázquez utiliza estos elementos para narrar una historia en la que aparecen cocineras, criadas o jóvenes que comen y beben con despreocupación. De esta manera, sus cuadros son obra de un niño prodigio, abierto y sensible al estudio de las novedades.

VELÁZQUEZ, D. El conde-duque de Olivares
a caballo
(c. 1634).
El 31 de marzo de 1621, fallece el rey Felipe III a los cuarenta y tres años. El nuevo monarca, Felipe IV, un joven de dieciséis años, sin apenas conocimientos en asuntos de gobierno, nombra primer ministro al conde-duque Gaspar Guzmán de Olivares. El rey Felipe IV no está contento con los pintores que tenía su padre, por lo que es el momento idóneo para que Diego Velázquez viaje a Madrid a proponerle novedades. Aunque llevaba las de ganar -puesto que el conde-duque favorecía al mundo sevillano-, el joven pintor no logra retratar al soberano. No obstante, recibe el encargo del retrato del poeta don Luis de Góngora y Argote, por parte de Pacheco, para incluirlo en el inacabado Libro de Retratos de Hombres ilustres. Llevó a cabo un soberbio busto de Góngora, el primero de sus mejores retratos. Este asunto motivó su regreso inmediato a Madrid en 1623, por interés personal de Felipe IV quien, el 31 de octubre, le nombra pintor de cámara, cobrando "veinte ducados de salario al mes y sus obras pagadas, juntamente con médico y botica y casa de aposento". Así pues, el pintor se instala en la capital de España con su familia, donde trabaja en su taller al servicio de Felipe IV y vive como un dignatario de la corte.

Empieza, por tanto, una fase en la que ocupará altos cargos en la vida palaciega -Ujier de Cámara (1627),  Superintendente de Obras y Aposentador Mayor de Palacio- hasta que se le otorga el título de Caballero de Santiago (1658), honor reservado exclusivamente a los grados más altos de la nobleza.

VELÁZQUEZ, D. El dios Marte
(c. 1638)
La principal actividad pictórica del Sevillano entre 1623 y 1629 -momento en que emprende su primer viaje a Italia- será el retrato. Para ello, le hacen acudir a Madrid, con el fin de retratar al Rey y su familia, en el amplio sentido romano, que comprende parientes, servidores y bufones. Así nace Las Meninas que, debido a la presencia de dos personajes secundarios; anteriormente, hasta el siglo XVIII, se llamó La Familia. De esta manera, se comprende que, desde su llegada a Madrid, la pintura religiosa desaparece casi totalmente de su producción.

La familiaridad que el artista sevillano adquiere por la extraordinaria riqueza de las colecciones españolas, se refleja directamente en la evolución de su estilo personal: del naturalismo oscuro de la época sevillana pasa a la sugestión luminosa de los años maduros; de los rigurosos tonos terrosos pasa a los azules límpidos y al gris plata. Incluso, puede llegar a cultivar una temática profana ocasionalmente, como la historia o la mitología.

En 1628, conoce a Rubens, quien ya había estado en España anteriormente en 1603, cuando se dirigió a Valladolid como diplomático. Durante su estancia en España, visitó las colecciones de pintura de El Escorial acompañado de Diego Velázquez, de quien apreció su modestia. Aunque se temperamentos y gustos opuestos, ambos eran grandes pintores y estaban dispuestos a coincidir en la admiración de los lienzos de Tiziano o Tintoretto.

Velázquez solicita la licencia de su amo y señor para perfeccionar sus estudios en Italia y su concesión llega el 28 de junio de 1629. El 10 de agosto parte del puerto de Barcelona con seiscientos ducados de plata, una medalla con el retrato del rey, varias cartas de presentación y en la misma nave en la que viaja el general don Ambrosio de Spínola, tras su triunfo en el sitio y toma de Breda. Desembarca en Génova, luego llega a Milán y después a Venecia, donde es recibido por el embajador español Cristóbal de Benavides, quien le hospeda en su propia casa. Posteriormente, se dirige a Ferrara, donde es hospedado por el cardenal Julio Sacchetti, poniéndole a su disposición uno de sus criados españoles para que le sirviese y le enseñase la ciudad. Por sugerencia de Sacchetti, Velázquez se encamina a Cento, quizás para conocer a Francesco Barbieri "Guercino".

Más tarde, viajó a Bolonia y, de allí, a Loreto, por motivos religiosos, para finalmente acabar en Roma en enero de 1630 durante un año. Al principio, reside en los mismos Palacios Vaticanos para después alojarse en Villa Médicis. Durante este tiempo, estudia los frescos de Rafael en las Estancias Vaticanas, los de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina y, los dos meses en que estuvo en Villa Médicis, estuvo en contacto con las obras de la Antigüedad, que copia fielmente y que terminaron por formar parte de sus modelos iconográficos. Durante su estancia romana, elabora sus principales lienzos de este periodo: La fragua de Vulcano y La túnica de José. Este primer viaje a Italia, constituye la última fase de su formación.

Desde entonces, el estilo y la técnica de Velázquez no serían los mismos: la inserción en sus pinturas de los modelos estudiados en Italia, la mayor soltura y seguridad de su pincelada, el renovado sentimiento del color y hasta el modo de preparar las telas le abrirán puertas en la búsqueda de la belleza.

VELÁZQUEZ, D. Coronación de la Virgen
(c. 1635)
En diciembre de 1631, Velázquez regresa a Madrid, con un arte que superaba al de sus posibles rivales en la corte. Con la formación más completa que un artista español hubiera podido tener jamás, reanuda su actividad en palacio, recibiendo de nuevo muestras de afecto y confianza del rey Felipe IV. De hecho, durante su estancia en Italia, el rey había tenido a su primer hijo, Baltasar Carlos, a quien no quiso que ningún pintor lo retratase salvo Velázquez. Además, retorna a los temas religiosos que ya había cultivado en sus comienzos, en Sevilla, aflorando un eco clasicista derivado de los pintores italianos en la disposición general -Cristo crucificado o Cristo contemplado por el alma cristiana- y en una utilización cromática que permite extraordinarios efectos pictóricos en los lienzos -San Antonio Abad y san Pablo ermitaño-. En esta época, le fue encargado la Coronación de la Virgen para el oratorio del cuarto de la reina Isabel de Borbón en el Alcázar de Madrid.

Estableció su taller en el Alcázar y tuvo ayudantes, entre los que destacan el esclavo Juan de Pareja y Juan Bautista del Mazo. Al mismo tiempo, continuó su ascenso en la corte: en 1633 recibió una vara de alguacil de corte, ayuda de guardarropa de su majestad en 1636, ayuda de cámara en 1643 y superintendente de obras un año más tarde.

Para el Palacio del Buen Retiro -construido en Madrid por iniciativa del conde-duque de Olivares-, Velázquez realiza una serie de soberbios retratos ecuestres de Felipe III, Felipe IV, sus respectivas esposas y los príncipes herederos. Además, se ocupa de dirigir la decoración de las paredes del gran Salón de Reinos, para el que se encargan una serie de grandes lienzos con temas de batallas, con el fin de exaltar los triunfos de la monarquía. A esta serie, pertenece la Rendición de Breda, el célebre cuadro de Velázquez también conocido como Las lanzas.

VELÁZQUEZ, D. La rendición de Breda o Las lanzas (c. 1635)
Junto a las obras para el Buen Retiro, Velázquez trabaja también para la Torre de la Parada, el pabellón de caza de las proximidades del Pardo. Su tarea fue la de enriquecer el palacete con algunos retratos de miembros de la real familia en traje de caza y con sus animales preferidos, en los paisajes de la sierra del Guadarrama.

VELÁZQUEZ, D. Felipe IV en Fraga (c. 1644)
Entre 1642 y 1646, el rey decide emprender la "Jornadas de Aragón", en la que Velázquez hubo de acompañarle como cronista gráfico hasta Zaragoza. Tras el levantamiento catalán que a su vez posibilitó la separación de Portugal, el conde-duque de Olivares es despojado del poder en 1643 y confinado en Toro (Zamora). En 1644, la victoria de Lérida sobre los sublevados es conmemorada por el mejor retrato que jamás pintara Velázquez: Felipe IV en Fraga, con sus galas de jefe. Durante ese periodo, el rey sufre una serie de desgracias familiares: la muerte de la reina Isabel (1644) y la del príncipe Baltasar Carlos (1646).

En noviembre de 1648, Diego Velázquez parte de nuevo hacia Italia, en esta ocasión, por encargo del rey, en compañía de una embajada extraordinaria enviada al Papa Inocencio X. Su tarea, esta vez, es la de adquirir obras de arte, pinturas originales y estatuas antiguas y, además, acompañar a Madrid a Pietro da Cortona -pintor toscano considerado uno de los mejores especialistas en fresco de la época-, todo ello para decorar las paredes de las distintas salas del Alcázar.

Su navío zarpó de Málaga el 21 de enero de 1649 y, tras una inoportuna tempestad, llegó a Génova el 11 de marzo. De allí, partió a Milán, llegando a Padua y, en mayo, a Venecia, dispuesto a adquirir cuantos cuadros se pusieran a su alcance; en este caso, compró dos tizianos, dos veroneses y un tintoretto. Pasó después por Bolonia, Parma, Roma y, por fin, Nápoles, donde adquiere tres riberas para el Rey. Por otra parte, a pesar de los distintos intentos, Pietro da Cortona no acepta la propuesta de marchar a España, ya que estaba a punto de entrar al servicio de Inocencio X para decorar el nuevo palacio familiar de la Piazza Navona. Es por esta razón por la que se sugiere a Velázquez que acuda a dos pintores boloñeses: Agostino Mitelli y Angelo Michele Colonna, maestros de la pintura al fresco.

Durante su segunda estancia en Italia, Velázquez tuvo tiempo de pintar una serie de retratos de la corte vaticana, así como el de Inocencio X. Además, llevó a cabo La venus del espejo, esbelto desnudo que nos da la espalda, absorto en su propia imagen, mientras un lloroso cupido, con las manos sujetas al cordón de ese espejo.

VELÁZQUEZ, D. La Venus del espejo (c. 1650)
Tras las insistencias por parte del Rey para que el pintor sevillano volviese a España, el 2 de diciembre de 1650, el virrey de Nápoles anuncia su partida. No obstante, no es hasta mayo de 1651 cuando se embarca en Génova y llega a finales de junio a Alicante. Durante este tiempo, nace la primera hija que el rey tiene con Mariana de Austria, su segunda esposa: la infanta Margarita, que sería retratada innumerables veces y la preferida del pintor.

En junio de 1652, el Rey nombra aposentador mayor a Diego Velázquez en agradecimiento a su labor, pasando por encima de otros personajes importantes de la corte y a pesar del veto de cinco de los miembros de la comisión. Este nombramiento, hace que el pintor forme parte de la alta jerarquía cortesana y que se multipliquen sus responsabilidades en palacio puesto que se trata de un auténtico mayordomo. Durante esta etapa, Velázquez reduce su actividad como pintor, pero logra realizar obras maestras como Las hilanderas -o La fábula de Aracne- o los cuatro lienzos mitológicos para las salas del Alcázar.

Los últimos años de la vida de Velázquez le convierten en un artista obligado a reducir su actividad pictórica a causa de los empeños palaciegos. No obstante, esto no le impide realizar algunos bellísimos retratos para la familia real, en los que perfecciona su técnica, que culmina con el deshacimiento del color en una pincelada casi desmaterializada. Además de repetidos retratos de la joven reina y del rey, cada vez más mayor y preocupado por la suerte del reino, la obra maestra de estos años es, sin duda, La familia de Felipe IV, más conocido como Las meninas, por la presencia de las damiselas que se afanan serviciales en torno a la infanta Margarita.

VELÁZQUEZ, D. Las Meninas o La familia de Felipe IV (c. 1656)

El 12 de junio de 1658, el Rey envía al gobernador y Consejo de las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava y Alcántara una Real Cédula en la que se comunicaba:
A Diego de Silva Velázquez he hecho merced... del hávito de la Orden de Santiago. Yo os mando que, presentándoseos esta mi cédula, dentro de treinta días contados desde el de la fecha della, proveáis para que se reciva la información que se acostumbra, para saver si concurren en él las calidaddes que se requieren para tenerle, conforme a los establecimientos de la dicha Orden; y pareciendo por el que las tiene, le libréis [el] título de dicho hávito, para que yo le firme, que assí es mi voluntad.
Sin embargo, para ser admitido debía probar que sus antepasados directos habían pertenecido a la nobleza, sin tener en cuenta judíos ni conversos. Así, el Consejo de Órdenes Militares realizó una investigación sobre su linaje, declarando un total de 148 testigos. Muchos de ellos afirmaron que Velázquez vivía de su trabajo en la corte, no de su pintura. En abril de 1659, el Consejo finalizó la recogida de informes y rechazando la solicitud del pintor al no existir nobleza por parte de su abuela paterna ni sus abuelos maternos. La única opción que quedaba era que el Papa concediese su admisión en la Orden. Así pues, el Papa Alejandro VII, el 1 de octubre de 1659, le otorga este título, y el rey le concede la hidalguía el 28 de noviembre.

El 7 de junio de 1660, se celebra en la Isla de los Faisanes (Guipúzcoa) la entrevista entre Felipe IV y Luis XIV en la que la infanta Maria Teresa pasaría de los brazos del padre a los del esposo. Velázquez, por entonces, Aposentador Mayor, es el encargado de preparar el alojamiento del séquito y de la decoración  del Pabellón de la Entrega.

A su vuelta a Madrid, Velázquez enferma. Siente náuseas y escalofríos, está cansado de caminar de noche y trabajar de día, pero se encuentra con salud. Conducido a su casa, el Rey le envía a sus doctores y dictaminan una gravísima enfermedad llamada "Terciana Sincopal Minuta Sutil", es decir, viruela. Le recetan remedios que no sirven de nada y, el 6 de agosto de 1660, Diego Velázquez fallece en Madrid a las tres de la tarde. Sus funerales, celebrados con gran pompa al día siguiente, son la postrera demostración de lo alto que había llegado. Siete días después, fallece Juana Pacheco, su mujer.

Tanto Diego Velázquez como Juana Pacheco, fueron enterrados en la capilla de su amigo Gaspar de Fuensalida, en la iglesia de San Juan Bautista, una de las más antiguas de Madrid. En la actualidad, una pequeña cruz situada en medio de la plaza recuerda al pintor, puesto que José Bonaparte derribó esta iglesia -sin que afectara a la cripta- para crear zonas espaciosas en los alrededores del Palacio Real. Hay teorías que apuntan a que sus restos fueron introducidos en la cripta de la iglesia, junto con los cuerpos de otros ilustres de la época, principalmente primogénitos de casas nobles.

Fuentes

  • BARDI, P.M. La obra completa de Velázquez. Barcelona: Noguer-Rizzoli, 1988.
  • CAMÓN AZNAR, J. Velázquez. Madrid: Espasa-Calpe, 1964.
  • GALLEGO, J. Velázquez. Madrid: Alianza Cien, 1994.
  • Museo del Prado.
  • VV.AA. Velázquez. En Los Grandes Genios del Arte. Madrid: Unidad Editorial, 2005.
  • Wikipedia.

Surrealismo en estado puro: Salvador Dalí.

Hoy, después de mucho tiempo, os traigo una nueva entrega de Personajes Célebres de NOROGACA. Como, además, la semana que viene empiezo de exámenes (y por tanto voy a dedicarle poco tiempo al blog), he decidido relacionarlo con lo que estudio y, por tanto, el post de hoy va dedicado al genio del Surrealismo: Salvador Dalí.

Salvador Dalí y Domenèch
Salvador Dalí y Domenèch nació en Figueras (Gerona) el 11 de mayo de 1904, siendo el segundo hijo del notario y librepensador republicano Salvador Dalí y Cusí y de Felipa Domenèch, una ferviente católica. De niño, fue aplicado y sensible, preocupado por los problemas del momento e inmerso en un ambiente feliz, según cuentan los diarios de infancia y adolescencia conservados.

Muy distinta sería la imagen que transmita más adelante, cuando en 1940 -ya conocido- Dalí reconstruye esa atmósfera familiar en su Vida secreta y vaya creando los mitos personales con los que forjar esa máscara con bigotes de la que se revestía en público. Según esta versión, su infancia y comportamiento posterior vendría dado por la existencia de otro Salvador Dalí anterior, su hermano, fallecido en 1903, antes de cumplir los dos años de edad. Sus padres, comparaban en todo momento a ambos hermanos, llegando a tener en su habitación una fotografía del Salvador fallecido junto a una reproducción del Cristo de Velázquez. Para colmo, su padre achacó el fallecimiento de su primer hijo a alguna enfermedad contraída en sus devaneos de soltero y decidió prevenir a su segundo vástago contra los peligros que implicaban las relaciones con mujeres mediante un libro de patología médica con aterradoras fotografías que mostraban las devastadoras consecuencias de las enfermedades venéreas que su padre colocó sobre el piano.

No obstante, desde muy pronto desarrolla una plena conciencia de niño socialmente privilegiado, lo que acrecentaría su tendencia natural a la megalomanía. Más que mentiroso, Dalí será un exagerado hasta el delirio y, en uno de sus diarios de adolescencia, cuando contaba con dieciséis años y había empezado a redactar su novela autobiográfica Tardes de verano, ya se ve a sí mismo como un gran genio que el mundo entero acabará por reconocer tarde o temprano.

DALÍ, S. Figura en una ventana (1933).
A partir de 1910, Salvador Dalí estudiaría en el Colegio Hispano-Francés de la Inmaculada Concepción de Figueras, del que quedará conocimiento de su lengua francesa y alguna imagen obsesiva, como la reproducción del Angelus de Millet, que colgaba en uno de los pasillos. La educación secundaria la realizaría a partir de 1916 en el Instituto y en los Maristas, orden religiosa que será encarnecida por extenso en las dos películas que trama con Buñuel: Un perro andaluz y La edad de oro. De esa misma fecha, data su primer cuadro: un pequeño paisaje que pinta cuando tiene seis años de edad. A partir de ese momento, se familiariza con el mundo del arte a través de las series publicadas por Gowans y gracias al trato de los suyos con los Pichot -una muy notable familia de artistas en la que Ramón era pintor, Ricardo discípulo del violonchelista Pau Casals, Luis era violinista y María una afamada cantante de ópera-. Pepito era el mayor y, para Salvador, se convertiría en su mentor. Los Pichot poseían a las afueras de Figueras una finca, "El Molí de la Torre", donde Dalí sitúa en su Vida secreta algunas de las más vivaces y desternillantes experiencias de su niñez.

Ramón Pichot le descubre y le hace asimilar el oficio de la pintura y los ecos del impresionismo francés. Además, éste era amigo de Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Apollinaire y Picasso. Por ello, es posible que, en 1910, el pequeño Salvador jugara con el pintor malagueño, que por entonces rondaba los veintinueve años.

En 1918, Dalí publica uno de sus dibujos en la revista Patufet y, en enero de 1919, participa en una exposición colectiva en la que llega a vender dos cuadros. Su interés por los clásicos -que nunca le abandonará- queda de relieve en los artículos que publica en la revista Studium, del Instituto de Figueras, sobre Goya, El Greco, Durero, Leonardo, Miguel Ángel y Velázquez.

El 6 de febrero de 1921, tiene lugar el fallecimiento de su madre, lo que supuso un gran golpe para Dalí:
La muerte de mi madre me desesperó. Durante mucho tiempo no supe conformarme a su desaparición. Ella era la única que hubiera podido transformar mi alma. Su pérdida la sentí como un desafío y resolví vengarme del destino esforzándome en ser inmortal.
Poco después, su padre contraería matrimonio con la hermana de su difunta esposa: Catalina Domenèch Ferrés. Todo ello, supuso la desaparición de su infancia y primera adolescencia.

Al poco tiempo, Salvador Dalí se traslada a Madrid acompañado de su familia. Su indumentaria ya era controvertida, pues el joven pintor ya portaba patillas y melena, dándole un aire entre agitanado y bohemio, confirmado por una chalina de grandes proporciones y una boina negra y peluda. Remataba su atuendo con una capa y unas polainas tan anacrónicas que Salvador temía ser apedreado en cualquier momento. Continuaría vistiendo de tal manera hasta su ingreso en la Residencia de Estudiantes, en septiembre de 1922,  siguiendo la recomendación de Eduardo Marquina. Esta especie de colegio mayor universitario ponía al alcance de sus ciento cincuenta huéspedes alojamiento, comida, biblioteca, laboratorios, sala de conferencias y un ambiente propicio para el desarrollo intelectual, lo que nos hace afirmar que fue uno de los focos culturales más importantes de la Europa del periodo de entreguerras. Allí conoció a quienes serían sus mejores amigos: Pepín Bello, Luis Buñuel y Federico García Lorca quienes, tras enterarse que el joven Salvador pintaba cuadros cubistas, se dieron cuenta del talento y sentido del humor que había tras su aspecto tímido y aplicado.

Salvador Dalí, José Moreno Villa, Luis Buñuel, Federico García Lorca
y  José Antonio Rubio Sacristán, en Madrid (1926)

Este grupo de amigos de la Residencia representó mucho para Dalí, con quienes viviría auténticas escapadas madrileñas que más tarde reflejaría en una serie de dibujos, acuarelas y aguadas, como Escena de cabaret y Sueños noctámbulos. En estos trabajos, se observa que va abandonando la paleta más brillante al modo fauvista -Matisse, André Dérain- para dar paso a nuevos estímulos expresionistas, cubistas y futuristas, eco en buena medida de los ambientes vanguardistas que irá frecuentando.

El 22 de octubre de 1923, fue expulsado por un año de la Academia de San Fernando, debido a su consideración como cabecilla en la protesta contra la exclusión de Daniel Vázquez Díaz, de la cátedra de pintura al aire libre. En los dos años posteriores, Dalí apunta hacia una primera síntesis personal, dejando testimonio en 1925, en la exposición de los Artistas Ibéricos y su primera muestra individual en la galería Dalmau

Mientras continua ampliando horizontes, en la primavera de 1926 inicia su primer viaje a París y Bruselas, a la par que finaliza su formación académica tras la segunda expulsión de San Fernando, debido a negarse a reconocer la competencia del tribunal que debía juzgarle. Recluido en Figueras y Cadaqués, trabaja intensamente en las obras que integrarán su segunda exposición individual en la galería Dalmau, inaugurada el 31 de diciembre.

La influencia de Federico García Lorca sobre Salvador se notó desde el principio, pero no fue hasta la marcha de Buñuel a París -en enero de 1925- cuando se acentuó más. En la primavera de 1926, aparece Oda a Salvador Dalí, en la que el poeta andaluz capta el momento de asepsia, contención y búsqueda de formas estrictas en el que anda embarcado el pintor. El cenit de esa amistad tiene lugar en 1927, cuando Lorca pasa la mayor parte de la primavera entre Barcelona, Figueras y Cadaqués. La sintonía entre ellos se traduce en los decorados y figurines que pinta Dalí para Mariana Pineda, drama que se estrena el 24 de junio en la capital catalana como preludio a la exposición de dibujos lorquianos en la galería Dalmau, apadrinada por Salvador y sus amigos catalanes.

DALÍ, S. La miel es más dulce que la sangre (1927).
En el cuadro de Dalí La miel es más dulce que la sangre, aparece la cabeza de Lorca como un busto derribado por tierra, junto a dos burros podridos, otra cabeza más estilizada que parece la del propio Dalí y un torso renegrido y con una sola pierna y un musculoso brazo -quizás en alusión al Buñuel boxeador y al cojo Miguel Pellicer del Milagro de Calanda-. En medio, puede verse un cuerpo femenino degollado, con las manos y los pies cortados. En el centro de la composición, se alza un extraño "aparato" y varias formaciones de lo que quizás sean agujas. Aunque Lorca propuso el nombre de Bosque de aparatos para este cuadro, el título que finalmente prevaleció fue este otro. Hoy día está en paradero desconocido y únicamente se conservan fotografías en blanco y negro.

Sin embargo, en verano de 1927, estallarían las tensiones entre el pintor y el poeta tras un posible malentendido sentimental por parte de Lorca.

El cortometraje titulado Un perro andaluz supuso, en 1929, el nacimiento oficial del cine surrealista y la consagración de Buñuel como director, valiéndole a él y a Dalí el ingreso en el grupo vanguardista parisino capitaneado por André Bretón, en un momento en que dicha facción necesitaba refuerzos. La concepción de su guión fue un proceso laborioso en el que ambos amigos trabajaron con los subconscientes conectados en gran armonía, aprovechando muchas de las ideas de la Residencia de Estudiantes. Estas circunstancias han provocado equívocos sobre su autoría que arrancan ya de la fecha de su estreno y propiciarían la ruptura de la amistad entre el pintor y el realizador. Dalí se consideraba tan autor de la cinta como Buñuel, sin reparar en que el cine tiene un oficio y lenguaje propios.

Salvador Dalí junto a Gala
El estreno de este cortometraje en París el 6 de junio de 1929, les abrió las puertas de los cenáculos vanguardistas. Dalí, que había acudido a finales de marzo para los últimos días de rodaje, permaneció en París hasta principio de junio. Ya entonces tomará contacto con varios surrealistas, como el poeta Paul Élouard, el que era el marido -en ese momento- de Gala, la que sería la futura esposa del pintor. En agosto de este año, Salvador conocería a Gala en Cadaqués, cuando el pintor invitó a Paul Élouard y a su mujer a que le visitaran. Por entonces, el poeta francés mantenía relaciones con una modelo alemana y Gala y él ya vivían separados desde hacía un tiempo.

Cuando Salvador conoce a Gala, estaba atravesando un momento muy delicado, pues sufría frecuentes ataques de risa histérica que le llevaban al borde de la locura. Bajo su protección, Dalí desarrollará su imagen pública más o menos definitiva. Gala jugará un papel fundamental en la vida de Dalí, convirtiéndose en todo su equilibrio personal:
Gala me adoptó. Fui su recién nacido, su niño, su hijo, su amante... Gala expulsó de mi las fuerzas de la muerte... No me he vuelto loco porque ella ha asumido mi locura.
A finales de 1930, Buñuel y Dalí intentan escribir el guión de La edad de oro, aunque, debido a que se encontraba encerrado con Gala cerca de Marsella, no acudió al rodaje. Allí, intentaba sacar adelante el libro La mujer invisible y su cuadro El hombre invisible, donde ensaya por primera vez la imagen doble y, además, deja constancia de la operación a la que ha sido sometida Gala y por la cual ésta ha quedado estéril.

DALÍ, S. La persistencia de la memoria (1931).
En esta época, Salvador Dalí pintaría algunas de sus obras más célebres: El gran masturbador (1929), en el que queda presente la obsesión del artista por el tema sexual; La persistencia de la memoriaLos relojes blandos (1931), obra en la que según algunas teorías ilustró su rechazo del tiempo como una entidad rígida o determinista; o Figura en una ventana (1933), la obra maestra de la serie de retratos de Anna Maria, su hermana. 

Gracias a la venta de La vejez de Guillermo Tell por parte del vizconde de Noailles, Dalí compra a Lidia de Cadaqués una casita de pescadores en Port Lligat que, con el tiempo, el pintor transformaría en su mansión. 

Tras La edad de oro, las trayectorias de Buñuel y Dalí irán divergiendo progresivamente. Sin embargo, su relación se deteriora a partir de mayo de 1934, cuando estalla el verdadero conflicto por los créditos de Un perro andaluz y La edad de oro. Si este episodio no hubiese bastado para separarles más, los acontecimientos que vinieron a continuación, se harían cargo de ello. La guerra civil les termina de separar aunque volverán a coincidir en EEUU en 1939, aunque para entonces Dalí es un personaje célebre y Buñuel ha pasado al anonimato. Entonces, el cineasta le escribe para intentar hacer alguna colaboración en Hollywood -y después, una ayuda económica- y, Dalí, no muestra interés alguno, pues su principal preocupación es finalizar su Complejo de Guillermo Tell, retomar los lazos con la familia y reconciliarse con los suyos y su país. Muchos años más tarde, Dalí intentará limar asperezas con Buñuel, pero éste no pareció ceder ni un ápice.

Dalí junto a Hithcock, durante el rodaje de Recuerda (1945)
El traslado a EEUU, supone nuevos intentos de plasmar sus ideas en la pantalla. Así, en 1935, convierte una fotografía de Mae West en el mobiliario de un apartamento y da a la luz bocetos para una película que se debía titular El misterio surrealista de Nueva York. En febrero de 1937, planea otra con los hermanos Marx -Jirafas en ensalada de lomos de caballo-, que tampoco pasó de las habituales escaramuzas previas y de la que únicamente se conservan algunas notas y dibujos. Tampoco prosperaron sus proyectos con Walt Disney -Destino y Don Quijote-. Sin embargo, sí logró llevar a cabo secuencias oníricas ideadas por él para Recuerda, de Alfred Hitchcock, y El padre de la novia, de Vincent Minnelli.

El 16 de agosto de 1940, Dalí y Gala se trasladan a EEUU, concretamente a la amplia mansión de la millonaria Caresse Crosby tiene en Virginia, concentrándose en la redacción de su Vida secreta, que sería finalizada el 30 de julio del siguiente año. Se trata de una de las más notables autobiografías del siglo XX. Con el estallido de la primera bomba atómica -5 de agosto de 1945-, Dalí comienza a hablar de la época atomística de su pintura, que se reflejará en obras como Apoteosis de Homero y en las figuras suspendidas en el aire inspiradas en fuentes y mitologías clásicas, como Leda atómica o La Madonna de Port Lligat.

HALSMAN, P. Salvador Dalí A (1948)

A partir de este momento, se limitará a pasar el invierno en Nueva York, la primavera y el otoño en París y el verano en su casa de Port Lligat. Para facilitar su integración en la España franquista, en 1951 publica su Manifiesto místico, pinta el famosísimo Cristo y pronuncia en el Teatro María Guerrero su famoso discurso Picasso y yo:
Picasso es español y yo también; Picasso es pintor y yo también; Picasso es un genio y yo también; Picasso es comunista y yo tampoco. 
En 1958, Dalí contrae matrimonio con Gala, en el santuario de Els Àngles, cerca de Gerona. No obstante, ya en 1934 se habían casado mediante una ceremonia civil.

DALÍ, S. La Madonna de Port Lligart (1950).
Si la década de los cincuenta es considerada como la de su vuelta al redil clasicista y a España, la de los sesenta podría adscribirse a una peculiar pintura de historia que no evita ni los grandes lienzos ni los aparatosos despliegues retóricos. Así tenemos el Descubrimiento de América por Cristóbal Colón o su Batalla de Tetuán. Con el tiempo, la obra de Dalí perdió fuelle y se repite, como sucede con cualquier incansable trabajador. Sin embargo, a diferencia de Picasso o Miró, por ejemplo, Salvador Dalí generó una obra más que interesante antes y después de su asentamiento a la ortodoxia bretoniana. El Dalí pensador y escritor dejó desasistido al creador de imágenes, reduciéndolo a una caricatura y un superviviente de sí mismo, pura máscara y cáscara con gotero. En realidad, Dalí trató de captar objetos y situaciones mediante un golpe de vista desprejuiciado que los presentara inicialmente como extraños, procediendo, a continuación, al establecimiento de relaciones no previstas.

En 1980, la salud de Dalí y de Gala estaba seriamente deteriorada, puesto que ella presentaba síntomas de senilidad y él, tras consumir un cóctel de fármacos, provocó daños en su sistema nervioso, lo que le incapacitó para la creación artística. A los 76 años, era evidente el progreso de la enfermedad de Parkinson que sufría el artista.

En 1982, se le concede el título de marqués de Púbol, de la mano del rey Juan Carlos I, a quien le dedicó el que sería su último dibujo: Cabeza de Europa. Esta obra le sería entregada a su majestad tras la visita real a su lecho de muerte. El 10 de junio de ese año murió Gala y fue enterrada en una de las dos criptas del castillo de Púbol, que Dalí había comprado expresamente para ser enterrados juntos.

Tras la muerte de Gala, Dalí perdió las ganas de vivir, llegando a sufrir deshidratación. Además, un incendio provocado en su habitación en 1984, dio la alarma de un posible intento de suicidio, por lo que se le llevó de nuevo a Figueras, donde un grupo de amigos se encargaron de su bienestar hasta su fallecimiento. A finales de 1988, fue ingresado por un fallo cardíaco severo.

El 23 de enero de 1989, en Figueras, mientras escuchaba Tristán e Isolda, de Richard Wagner -su disco favorito-, sufrió una parada cardiorrespiratoria, lo que provocó su fallecimiento a los 84 años. Su enterramiento bajo la cúpula geodésica del Teatro-Museo que lleva su nombre, cerraría de forma definitiva su trayectoria.

Museo-Teatro Dalí, en Figueres.
Fuentes.
  • CARNERO, G. Salvador Dalí y otros estudios sobre arte y vanguardia. [Valencia]: Institució Alfons el Magnànim, 2007.
  • DALÍ, G. La vida secreta: Diario inédito. Figueras : Fundación Gala-Salvador Dalí, 2011.
  • GALE, M. Dalí y el cine. Barcelona: Electa, 2008.
  • La edad de Oro.
  • NÉRET, G. Salvador Dalí: 1904-1989. Madrid: Taschen, [2007].
  • PERERA RODRÍGUEZ, M. Dalí. Madrid: Tikal, [2010].
  • RODRIGO, A. Ana María Dalí y Salvador: escenas de infancia y juventud. Barcelona: Base, 2008.
  • Salvador Dalí: Entrevista por Joaquín Soler Serrano.
  • SÁNCHEZ VIDAL, A. Dalí. Madrid: Alianza Editorial, 1994.
  • Un perro andaluz.
  • Wikipedia.

Detalles de Toledo (III): Palmeras I

Cuando se habla de detalles que hacen a una ciudad especial, no puede uno olvidarse de unos elementos imprescindibles para otorgarla de equilibrio. Se trata de las plantas. Los parques, jardines y patios de las ciudades la oxigenan y la llenan de vida las cuatro estaciones del año. En la actualidad, con una creciente cultura ecológica, resulta inconcebible una ciudad sin espacios verdes en los que sus habitantes puedan encontrar la tranquilidad y el sosiego de la que les priva la actividad del día a día.

En el Toledo histórico, tienen el plus añadido de contar con vistas privilegiadas y emplazamientos únicos que hacen disfrutar más si cabe de estos espacios. 

El patrimonio vegetal de la ciudad de Toledo es escaso, lo que no la priva de tener excelentes ejemplares incluso centenarios de distintas especies de árboles. Algunos de ellos se hallan ocultos tras los muros, así que en estas entradas nos conformaremos con lo que podemos observar a pie de calle separado por especies o familias. En la entrada de hoy nos centraremos en las palmeras. 

Lo más normal al pensar en ciudad con palmeras, es imaginarnos la típica ciudad de marcado pasado islámico tapizada de ellas. Si bien es verdad que los árabes las cultivaban porque apreciaban mucho sus dátiles, la introducción de las mismas en la península, más concretamente la palmera datilera, se atribuye a los fenicios, exportadores por antonomasia de los dátiles a todo el Mediterráneo. Más tarde, los romanos los consumían en la península de manera habitual exportados de sus posesiones en Oriente. 

En Toledo, no hay vestigios de que hayan sido empleadas en época islámica, ya que no hay que olvidar que no hubiera sido viable debido a los duros inviernos que sufría esta ciudad, más laxos en la actualidad. La importación de especies más resistentes de esta familia ha hecho posible que puedan ser incorporadas a nuestros parques y jardines como una planta decorativa más, añadiendo ese plus de exotismo que les acompaña, aunque no del todo apropiado en una ciudad tan castellana como esta. 

En un recorrido en imágenes, veremos dónde encontrar estas plantas en la ciudad. 


Las primeras imágenes corresponden al Paseo de Merchán (1868), más conocido como la Vega.

1 - La Vega

En él, en el entorno de un espacio con mucho encanto, se hallan estos ejemplares. Me refiero al entorno de la casita de corcho, construida con objeto de albergar la casa del guarda y del maestro jardinero. Para más información de este precioso paseo, recomendamos el estupendo blog Toledo Ayer y Hoy, en la que se puede ver que la esbelta palmera del estanque evidentemente no estaba en 1905:


2 - La Vega - Casa de Corcho

Esta es la especie de palmera más común que vamos a ver en este recorrido de hoy. Su denominación como especie es Trachycarpus fortunei, y es más conocida normalmente como palmito elevado o directamente palmito. Es originaria del este y centro de China, y es muy fácilmente reconocible debido a su tronco peludo, llamado estípite en las palmeras, y a sus hojas (imagen 4), que forman un penacho en la parte superior y tienen forma de abanico. Puede llegar a medir en torno a 10-15 metros de altura. Su masivo uso en esta latitud es debido a su elevada resistencia al frío, puede soportar temperaturas de hasta -17ºC, y puede crecer en terrenos poco fértiles. 

Las flores tienen un color amarillo intenso y están agrupadas en racimos. El fruto tiene tamaño de un guisante y tiene un color gris azulado. En la imagen 4 podemos ver esos racimos de frutos en las palmeras de la mediana del paseo de Merchán frente a la puerta de Alfonso VI. 


3 - Paseo de Merchán (I)
4 - Paseo de Merchán (II)





Con la puerta vieja de Bisagra o puerta de Alfonso VI de fondo. 

5 - Paseo de Merchán (III)

El siguiente conjunto, de una decena de ejemplares, se halla en la subida desde la puerta del Cambrón hasta el Monasterio de San Juan de los Reyes. 

6 - Plaza de San Juan de los Reyes (I)

7 - Plaza de San Juan de los Reyes (II)

Avanzamos hasta el antiguo colegio de Doncellas Nobles, en la Plaza del Cardenal Silíceo, actual sede de presidencia de la Junta de Comunidades de Castilla-la Mancha, para hallar en su jardín a uno de los mejores ejemplares de palmera en Toledo. La especie de la que se trata es la palmera canaria, la más utilizada en decoración de jardines en España. Esta palmera tiene, aproximadamente, unos 8 metros de altura y ha resistido el largo periodo en el que este jardín estuvo abandonado. 

8 - Plaza de Cardenal Silíceo -
Colegio de las Doncellas Nobles (I)
9 - Plaza de Cardenal Silíceo -
Colegio de las Doncellas Nobles (II)






La Phoenix canariensis es una especie autóctona de las islas Canarias, y destaca por su porte y por su follaje, pudiendo medir su copa hasta los diez metros de diámetro, y llegando a medir hasta 20 metros de altura. Su uso se sigue justificando por su resistencia al frío, hasta -8 ºC, no tiene exigencias en cuanto a la calidad del suelo y soporta bien la sequía. 

Sus hojas miden hasta dos metros y se componen de una aguja central con pares de hojas alargadas y estrechas a sus lados. El tronco o estípite es robusto, llegando incluso al metro de diámetro. Florece en Abril, agrupándose las diminutas flores amarillas en grandes mazorcas. Solo los ejemplares femeninos desarrollan fruto, muy parecidos a los dátiles, que solo salen adelante en climas favorables y que no son muy apreciados (imagen 16). 


El estupendo jardín de la Escuela de Artes y Oficios en la calle de Los Reyes Católicos, también acoge un ejemplar de características similares. 

10 - Jardín de la Escuela de Artes y Oficios

Avanzando hasta el Paseo del Tránsito, frente a la sinagoga de Samuel Ha-Leví o del Tránsito y el museo del Greco, hallamos otro de esos apacibles rincones desde los que ver atardeceres. Cómo no, también hallamos ejemplares de palmito elevado entre sus árboles en torno al monumento al Greco 

11 - Paseo del Tránsito - Monumento al Greco

El siguiente destino es la parroquia mudéjar de San Bartolomé, en donde dos frondosas Phoenix canariensis o palmeras canarias, adornan su precioso ábside. Haciendo referencia al magnífico blog Toledo Olvidado, vemos que ha sido una adición moderna. No obstante, su ubicación no resulta muy acertada, ya que el crecimiento de las palmeras ocultará parcialmente el ábside. 


12 - Iglesia de San Bartolomé (I)

13 - Iglesia de San Bartolomé (II)

14 - Iglesia de San Bartolomé (III)

Y subiendo por la calle de Santa Úrsula, en el número 20, dos casas más arriba de la iglesia, llegamos hasta una fachada de ladrillo tosco y una portada de metal que cierran un solar abandonado. Ya sé que había dicho que todas podían verse a pie de calle, y aunque esta palmera solo se percibe tras la rendija de la portada merece la pena mostrarla por lo grandiosa que es. 

Tiene una altura de unos tres pisos, unos 12 metros de altura, y se trata de un ejemplar magnífico de palmera canaria, que resiste al abandono al que está sometida 

15 - Calle de Santa Úrsula (I)
16 - Calle de Santa Úrsula (II)









Y llegados a este punto finalizamos el trayecto, recomiendo la vista a la web del palmeral de Elche, el más importante de España por datar de época andalusí y estar protegido por la Unesco con el distintivo de Patrimonio de la Humanidad.


Por último, lanzar un reto a los lectores del blog, y es si sabéis en que parte de Toledo está tomada la siguiente fotografía. Es muy fácil. 

17 - Foto Incógnita

Fuentes: 

  • Plantas singulares de la ciudad de Toledo – Enrique García Gómez, Editorial Cuarto Centenario. 
Publicado por Fernando

Desahucio Cultural - Víctor Moratilla

La cinematografía americana ha gozado siempre de buenos guiones sobre la corrupción política, sobornos, chantajes, arribismo socio-político, personajes sin escrúpulos con ansias poder, mafias, etc. Hoy, en España, se pueden tomar estos guiones como modelo a seguir formalmente, aunque no temáticamente, ya que la realidad supera la ficción. Muchos de los personajes que aparecen en el panorama socio-político español no serían nominados a los premios Goya, sino que lo recibirían directamente: corruptos, chantajistas, arribistas, extorsionistas, mafiosos....

Un guionista, buscando lugares naturales y de poso histórico y cultural para su película, se topó con Toledo, como don Quijote se topó con la iglesia, ¿recuerdas Sancho? Toledo, ciudad que vive de su historia, que vive de sus monumentos, que vive de sus yacimientos históricos, que está prisionera de su pasado, es la fuente ideal para escribir una historia con tintes azconianos.

En Toledo, aparece un personaje, GREMA, que intentará dar un concepto nuevo a la cultura en el siglo XXI a través del desahucio artístico.

GREMA es uno y trino. Adalid de subvertir lo existente por considerarlo obsoleto, alienígena procedente de alguna galaxia perdida en el universo en la que la cultura no tiene nada que ver con la de la tierra y vanguardista, cuyo lema es: "Destruyamos lo existente. Hay que crear un mundo nuevo". Las fuerzas vivas de la ciudad se encandilan ante el aura con que se presenta este nuevo mesías, invitándole a que les exponga sus teorías sobre la cultura en el siglo XXI. Porque tienen un problema: hay que dinamizar culturalmente una ciudad que, anclada en su pasado, se tiene que enfrentar a la celebración de un futuro evento y no saben cómo enfocarlo ya que, por ser políticos, desconocen el campo de la cultura. Sin pensárselo dos veces, ante el aura que rodea a GREMA, le convocan a un cónclave para que les exponga sus teorías como adalid, alienígena y vanguardista del arte y la cultura. ¿Realmente GREMA es un especialista o un arribista del arte y de la cultura? A los políticos no les importan estos aspectos. Lo único que les interesa es celebrar dicho evento y que se les concedan todo tipo de medallas y el beneplácito a nivel nacional e internacional. Los lemas defendidos por GREMA —subvertir y destruir— les sirven para cumplir la finalidad con la que quieren presentar su deseado evento: por un lado, desprestigiar lo existente, por responder a lo realizado por las fuerzas vivas anteriores; y por otro, laurear su ego político. Han encontrado a la persona idónea para sus fines de política cultural.

GREMA, al ser convocado por los dirigentes culturales, acepta de mil amores. Siente su ego enaltecido y premiado. Por fin, va a llevar a la práctica sus teorías sobre lo que debe ser una ciudad del siglo XXI en el campo del arte. Empieza exponiendo que el arte debe estar reunido en un espacio creado para el evento y que quede, definitivamente, como una “megapinacoteca”. Para conseguir este fin, hay que vaciar de su contenido las obras expuesta en espacios obsoletos de principios del siglo XX, restaurados y adaptados museológica y museográficamente, como museo del siglo XXI. A GREMA este aspecto parece ser que no le interesa considerarlo ante su auditorio político por su megalomanía. GREMA continúa con su disertación. Estos espacios deben desaparecer y dedicarse a otros fines. Los aplausos y beneplácitos de las fuerzas vivas le animan a seguir con la exposición de sus teorías. Todos felices. Nadie piensa que, en tiempos de crisis económica —porque la ciudad y la nación padecen una crisis alarmante—, el plan conlleva una inversión. No importa. GREMA sigue incidiendo en que es conveniente la unificación de las obras pictóricas. Menos mal que no se le ha ocurrido unificar edificios eclesiásticos y civiles —pensó un asistente distraído—, porque eso sería un problema. Los cuadros, al fin y al cabo, se pueden trasladar de un lado para otro. La unificación, sigue en su disertación GREMA, es muy cómoda para los visitantes, teniendo en cuenta la orografía de la ciudad. El asistente distraído, siguiendo distraído, pensó en voz alta ante el asombro del resto de asistentes: ¿los cuadros de la Catedral y de las iglesias de la ciudad también se van a unificar en ese embrión, junto a los del pequeño museo obsoleto restaurado recientemente y que va ser desahuciado de su contenido? Silencio. Asombro. Los políticos se miran entre sí. No saben qué hacer ni decir. GREMA, dominando la situación, asume la pregunta y contesta al despistado que el espacio donde se encuentran esos lienzos es idóneo para su exposición por el tema sacro que tratan, mientras que los lienzos del edificio a desahuciar, por ser muchos de ellos de tema sagrado, no era el lugar idóneo, por ser un espacio civil. Aplausos y aprobación de los asistentes al cónclave. Al personaje distraído le sellan la boca, le invitan a salir en volandas acompañado por dos guardaespaldas gigantescos.

Terminado el cónclave, todos los asistentes, felices por la idea presentada por GREMA, dan por concluido el problema del evento a celebrar en el futuro próximo. Comentando, entre ellos, la feliz idea presentada por GREMA, que les podría servir para dar una nueva visión del arte en la ciudad y así todos los lienzos del espacio desahuciado quedarían definitivamente expuestos en ese nuevo lugar. GREMA —le dijeron— a partir de ahora, serás nuestro asesor cultural. Tienes unas ideas geniales sobre lo que debe ser la "política cultural" en el campo artístico de nuestra ciudad. ¿La cultura es política?

Fotografía en los medios de comunicación. A la salida del cónclave, GREMA y las fuerzas vivas se encuentran con la manifestación de la agrupación “STOP Desahucios”. Manifestación disuelta por las fuerzas del orden público.

La guerra contra el desahucio del Museo del Greco ha comenzado.

Fdo.: Víctor Moratilla

Monumentos de Toledo (IV): Fábrica de Armas.

El Cardenal Lorenzana impulsó, en el siglo XVIII, un proceso de industrialización para revitalizar la ciudad, que estaba en regresión desde el siglo anterior. Como parte del mismo surgió la Fábrica de Armas que, dedicada a la elaboración de sables y espadas, se ubicó inicialmente en la Antigua Casa de la Moneda, situada en la calle Núñez de Arce.

En 1760, llega a España el Rey Carlos III, que se plantea, entre sus objetivos, la protección de las artes y las ciencias y una reforma total de la sociedad española. 

Grabado de la Fábrica de Armas de Toledo (1878).
Debido a la falta de espacio, el Rey Carlos III  aprobó, en 1775, la construcción de la Real Fábrica de Armas en la Vega Baja, un espacio adecuado para este uso industrial, debido a que era una zona de tradición artesanal, estaba próxima al río y contaba con suficientes espacios abiertos al ser una zona de huertas. El edificio se levantó siguiendo un proyecto de Francisco de Sabatini , concluyéndose las obras en 1783. Años más tarde, entre 1786 y 1788, se realizaron obras hidráulicas vinculadas a ella por Juan Sardinero.

El edificio es de forma rectangular, con dos patios separados por una crujía transversal, que imitaba a la fábrica italiana de Torre de la Annunziata del propio Sabatini. Su construcción trató de potenciar su carácter militar e industrial; por ello, se levantó con una composición horizontal utilizando, además de materiales procedentes de edificios visigodos, un aparejo rústico en las pilastras laterales, puertas y ventanas, que se interrumpe en el centro de la fachada, con tres alturas, donde se sitúa la puerta grande. Tras ella, con objeto de resaltar la grandiosidad del edificio, se abre, a modo de un palacio, un gran atrio con tres naves y el acceso a una Capilla que ocupa la doble altura del edificio y cuya espadaña apenas se evidencia al exterior, al situarse sobre un tejado a dos aguas con numerosas buhardillas y chimeneas. 

La Capilla consta de una sola nave con pilastras al gusto clasicista y está decorada en paredes y bóvedas con pinturas del pintor y residente en Toledo, José Vera. El altar lo preside un gran lienzo de Bartolomé Montalvo, representando a la patrona de la Fábrica, Santa Bárbara. En el espacio dedicado a la biblioteca, se sitúan seis vidrieras rectangulares del vidriero toledano Daniel Moragón, en “art déco” de finales de los años treinta, con motivos que versan sobre los adelantos tecnológicos de la época.

A lo largo de los siglos XIX y XX, la Real Fábrica se amplió con nuevos edificios neomudéjares de una sola planta, urbanizándose con calles rectilíneas arboladas, que la configuraron como una ciudad industrial. Después de la Guerra Civil, se construyó, al lado y fuera de su recinto, un poblado obrero para sus empleados, siguiendo un modelo urbanístico de ciudad-jardín.

Un paseo por su evolución y transformación.

Explanada, frente al Edificio 6, de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM)
Una vez concluida su etapa destinada a la fabricación de armas, el conjunto ha sido cedido por el Ministerio de Defensa al Ayuntamiento de Toledo como resultado de un convenio urbanístico firmado en 1998. Posteriormente, en 2001, el Ayuntamiento de Toledo cede a la Universidad de Castilla-La Mancha los terrenos y edificios para ubicar allí, tras cuatro años de rehabilitación de los mismos, el Campus Universitario de Toledo, comenzando su funcionamiento en 1999. Se abrió, así, una nueva etapa histórica de esta ciudad industrial, que recupera sus edificios y estructura urbana como campus tecnológico de la Universidad. 

Fuentes.
  • GONZÁLEZ, H. La Fábrica de Armas Blancas : resumen histórico ó breves noticias sobre el origen, progresos, vida decadencia y renacimiento de la fabricación de armas blancas en Toledo, desde los tiempos más remotos hasta nuestros días. Toledo : Menor Hermanos, 1889.
  • PARRO, S. R. Toledo en la mano, o Descripción histórico-artística de la magnífica Catedral y de los demás célebres monumentos. Toledo: Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, 1978. 
  • PERIS, D.; LUCAS, A. de; ALCALDE, A. La Fábrica de Armas de Toledo. Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha, 1999.
  • PERIS SÁNCHEZ, D.; ELVIRA GUTIÉRREZ, R.; LUCAS MARTÍNEZ, A. de. El edificio Sabatini en la Fábrica de Armas de Toledo. Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha, 2001.
  • UCLM.
  • VV. AA. Arquitecturas de Toledo. Servicio de publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Toledo, 1992.
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