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Monumentos de Toledo (VIII): Puerta de Bisagra

(c)  Rodríguez Campos, A. Puerta de Bisagra (2014).
La Puerta de Bisagra es la entrada más emblemática y monumental al casco histórico de la ciudad. Se abre en la muralla del Arrabal, coincidiendo con el punto de llegada del antiguo Camino Real de Castilla, actualmente la carretera de Madrid.

En su origen, fue una puerta musulmana, construida a fines del siglo X o principios del XI, de la que se conservan escasos restos en el interior del segundo cuerpo ―el más cercano a la ciudad―. Su nombre deriva del árabe Bab Saqra ―Puerta de la Sagra―.


Monumentos de Toledo (VII): El Circo Romano

Datado del siglo I d.C., el circo romano de Toledo se encuentra situado al norte de la ciudad, en la denominada Vega Baja. Una carretera lo divide en dos zonas, una dentro de un parque público y la otra dentro de una zona semi-urbanizada.

Sólo con visualizar las ruinas se puede notar la gran importancia que debía tener la ciudad de Toletum. Debido a su datación tan temprana, podemos afirmar que éste no es sólo una construcción romana más, sino que sirve de modelo para estudiar la arquitectura de los circos romanos.

La función a la que estaba destinado era a las carreras de carros. Su planta es rectangular, con los dos lados largos casi paralelos, el tercero en forma de hemiciclo, y el último, con un poco menos de curvatura, formando las cárceres, o casillas de donde salían los carros.

Reconstrucción del Circo Máximo

La arena, o espacio donde se desarrollaban las competiciones, está delimitado por el pódium, de 408 m de largo por 86,20 de ancho, en la zona del hemiciclo, y 82-83 en la zona de las cárceres. Éste está dividido longitudinalmente por la spina o barrera central, de 8,10 m de ancho por 230 m de largo. Alrededor de ella, las bigas o cuádrigas, daban las siete vueltas correspondientes.

Tanto en los lados rectos como en el hemiciclo, se disponía de dos graderíos, el maenianum primium, o graderío inferior, y el maenianum summum o graderío superior.

Monumentos de Toledo (VI): El Hospital de San Lázaro

Un poco más la izquierda de la Plaza de Toros, pero antes de llegar al Hospital Tavera, se hallan los restos del desaparecido Hospital de San Lázaro. Esta institución acogía enfermos de tiña, lepra y sarna, por lo que fue el motivo decisivo para la advocación de San Lázaro como patrono. Fundado a comienzos del siglo XVI por Juan Sánchez de Greviñón, criado de Fernán Pérez de Guzmán, quien también construyó la Iglesia en 1418.

El hospital era atendido por los cofrades de la Hermandad de las Angustias, atendía y curaba a casi cien niños y personas mayores "tan llenos de sarna y tiña que es horror grandísimo sollo vellos". Salían del hospital curados y alabando a Dios, y habilitados para diferentes oficios y con una excelente preparación religiosa y social, que demostraban en los lugares donde trabajaban. La enseñanza estaba dirigida por un rector eclesiástico que nombraba la Cámara de Castilla.

Monumentos de Toledo (V): Ermita del Cristo de la Vega.

Rodríguez Campos, A. Ermita del Cristo de la Vega.
Aunque conocida popularmente bajo esta advocación, la ermita del Cristo de la Vega tiene su origen en época visigoda, cuando fue una de las basílicas más importantes de Toledo, dedicada a Santa Leocadia, donde se celebraron algunos de los famosos concilios. 

La tradición toledana, recogida por todos los autores, asegura que la santa fue enterrada en este lugar, lo que parece verosímil por tratarse de la zona dedicada a cementerios extramuros de la ciudad. 

Posteriormente, durante el reinado de Sisebuto (siglo VII), se construiría un suntuoso templo que, según el Padre Mariana, era “de labor muy prima y muy costosa”, en el que se localiza la aparición a San Ildefonso en el año 660.

La importancia del lugar, en esos años, queda demostrada por ser la propia basílica lugar de enterramiento de los más importantes arzobispos toledanos, como San Ildefonso, San Eugenio, San Eladio o San Julián, así como gran parte de los monarcas visigodos. Asimismo, está vinculada a la toma de Toledo por los árabes, pues cuenta la leyenda que, estando los habitantes cristianos de la ciudad celebrando la romería de Santa Leocadia en la basílica, los judíos, a los que perjudicaban gravemente las leyes visigodas, abrieron las puertas de la ciudad a los invasores musulmanes.

A partir del 711, la basílica fue destruida totalmente y el lugar se convirtió en cementerio musulmán hasta 1085. De esta época datan las estelas funerarias en forma de columna, que reciben el nombre de “cipos” funerarios, y que se hallaban esparcidas por el lugar. Dos de ellas, con inscripciones epigráficas, se encuentran empotradas en la fachada de la casa del santero.

Alonso Martín, A. Interior de la ermita 
del Cristo de la Vega.
El culto cristiano fue restaurado tras la reconstrucción del templo, por Alfonso VI, bajo la advocación de Santa Leocadia. El arzobispo Juan de Castellmorum dignificó el lugar convirtiendo el santuario en Iglesia colegial, con canónigos que vivían bajo la regla de San Agustín, desde 1162. 

A partir del siglo XVI comienza la decadencia de la Iglesia que acabará convertida en ermita del Cristo de la Vega, a comienzos del siglo XVIII. Ya entonces, la imaginación popular adoptó la primera leyenda con respecto al carácter milagroso del Cristo que tiene desclavado un brazo. Se cuenta que un caballero dio su palabra de casamiento a una joven y después no quiso cumplirla, negando haberla hecho. Acudieron ambos ante el Cristo con testigos, y la imagen bajó su brazo derecho atestiguando la verdad de la joven, con lo que el caballero tuvo que cumplir la palabra dada.

En el siglo XIX, el historiador Sixto Ramón Parro recoge otras dos leyendas en las que varían los personajes, pero no así la conclusión final. En una de ellas los personajes son un judío y un cristiano y, curiosamente, la circunstancia de la consulta al Cristo fue el préstamo del cristiano al judío, cosa que éste negaba. La segunda  hace referencia a un duelo entre caballeros junto a las tapias de la ermita, en el cual habiendo caído el provocador, el otro en un acto de generosidad, le perdonó la vida; y, entrando los dos a orar en la ermita, el Cristo bajó el brazo en señal de aprobación del clemente comportamiento.

La ermita fue destruida durante la guerra de la Independencia por las tropas francesas, excepto su ábside -del siglo XIII-, y se volvió a construir entre 1816 y 1826 mediante una suscripción popular. En 1845, el cabildo cardenalicio instaló el cementerio a la entrada del templo, dedicando su parte izquierda a los canónigos y la derecha a la gente adinerada. Este pequeño cementerio se compone de nichos y no podían alterarse la decoración de sus lápidas, lo que confiere al conjunto una gran uniformidad. Cierra el cementerio una verja de hierro de 1848. En su portada se halla una escultura de Santa Leocadia de estilo renacentista -siglo XVI-, trasladada a este lugar desde la Puerta del Cambrón, pues en cada una de las puertas de la muralla se situaban esculturas de los patrones de la ciudad.

En la segunda mitad del siglo XIX, se levantó frente a la entrada un monumento neomudéjar al Sagrado Corazón. Tanto esta escultura como el Cristo crucificado de la ermita fueron destruidas durante la Guerra Civil de 1936, siendo las actuales del escultor Tomás Gimena Herreros.

En 1956, se llevó a cabo una excavación arqueológica donde se encontraron diversos restos arquitectónicos visigodos y el Credo visigodo en piedra, conservado en el Museo de los Concilios Visigóticos de San Román.

Alonso Martín, A. El Cristo de la Vega.

Artísticamente, destaca el ábside mudéjar que cuenta con varias peculiaridades. Conserva en el exterior, en el lado de la epístola, restos de policromía y decoración de lacería, siendo este el único caso conservado de un enlucido exterior del mudéjar toledano. Por lo demás, el ábside responde al tradicional modelo toledano, con superposición de cuerpos que se articulaban con arcos doblados o cobijados, de herradura, polilobulados o de medio punto. El interior está recorrido por un friso de arcos entrelazados, ornamentación que no es muy habitual en la decoración de muros interiores.

Como nota curiosa, en esta ermita se han celebrado, al menos desde el siglo XVII, los llamados “Reviernes”, septenario que tenía lugar todos los viernes entre la Pascua de Resurrección y la de Pentecostés; cada uno de esos días había una especie de romería en el lugar. Actualmente, se siguen llevando a cabo estas celebraciones.

A continuación, y para finalizar, os dejamos un vídeo de la Zarzuela en tres actos que narra la leyenda del Cristo de la Vega, también conocida como "A buen juez, mejor testigo". Son casi 25 minutos, pero merece la pena.

Desde NOROGACA, damos las gracias a Alejandro Alonso y a su blog, Rincones de Toledo, por sus maravillosas fotografías del interior de la ermita del Cristo de la Vega.

Fuentes
  • LEBLIC GARCÍA, V.  El Cristo de la Vega: Apuntes históricos. Toledo: Hermandad del Santo Cristo de la Vega, 2006.
  • PARRO, S. R. Toledo en la mano, o Descripción histórico-artística de la magnífica Catedral y de los demás célebres monumentos. Toledo: Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, 1978. 
  • Rincones de Toledo.
  • VV. AA. Arquitecturas de Toledo. Servicio de publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Toledo, 1992.

Monumentos de Toledo (IV): Fábrica de Armas.

El Cardenal Lorenzana impulsó, en el siglo XVIII, un proceso de industrialización para revitalizar la ciudad, que estaba en regresión desde el siglo anterior. Como parte del mismo surgió la Fábrica de Armas que, dedicada a la elaboración de sables y espadas, se ubicó inicialmente en la Antigua Casa de la Moneda, situada en la calle Núñez de Arce.

En 1760, llega a España el Rey Carlos III, que se plantea, entre sus objetivos, la protección de las artes y las ciencias y una reforma total de la sociedad española. 

Grabado de la Fábrica de Armas de Toledo (1878).
Debido a la falta de espacio, el Rey Carlos III  aprobó, en 1775, la construcción de la Real Fábrica de Armas en la Vega Baja, un espacio adecuado para este uso industrial, debido a que era una zona de tradición artesanal, estaba próxima al río y contaba con suficientes espacios abiertos al ser una zona de huertas. El edificio se levantó siguiendo un proyecto de Francisco de Sabatini , concluyéndose las obras en 1783. Años más tarde, entre 1786 y 1788, se realizaron obras hidráulicas vinculadas a ella por Juan Sardinero.

El edificio es de forma rectangular, con dos patios separados por una crujía transversal, que imitaba a la fábrica italiana de Torre de la Annunziata del propio Sabatini. Su construcción trató de potenciar su carácter militar e industrial; por ello, se levantó con una composición horizontal utilizando, además de materiales procedentes de edificios visigodos, un aparejo rústico en las pilastras laterales, puertas y ventanas, que se interrumpe en el centro de la fachada, con tres alturas, donde se sitúa la puerta grande. Tras ella, con objeto de resaltar la grandiosidad del edificio, se abre, a modo de un palacio, un gran atrio con tres naves y el acceso a una Capilla que ocupa la doble altura del edificio y cuya espadaña apenas se evidencia al exterior, al situarse sobre un tejado a dos aguas con numerosas buhardillas y chimeneas. 

La Capilla consta de una sola nave con pilastras al gusto clasicista y está decorada en paredes y bóvedas con pinturas del pintor y residente en Toledo, José Vera. El altar lo preside un gran lienzo de Bartolomé Montalvo, representando a la patrona de la Fábrica, Santa Bárbara. En el espacio dedicado a la biblioteca, se sitúan seis vidrieras rectangulares del vidriero toledano Daniel Moragón, en “art déco” de finales de los años treinta, con motivos que versan sobre los adelantos tecnológicos de la época.

A lo largo de los siglos XIX y XX, la Real Fábrica se amplió con nuevos edificios neomudéjares de una sola planta, urbanizándose con calles rectilíneas arboladas, que la configuraron como una ciudad industrial. Después de la Guerra Civil, se construyó, al lado y fuera de su recinto, un poblado obrero para sus empleados, siguiendo un modelo urbanístico de ciudad-jardín.

Un paseo por su evolución y transformación.

Explanada, frente al Edificio 6, de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM)
Una vez concluida su etapa destinada a la fabricación de armas, el conjunto ha sido cedido por el Ministerio de Defensa al Ayuntamiento de Toledo como resultado de un convenio urbanístico firmado en 1998. Posteriormente, en 2001, el Ayuntamiento de Toledo cede a la Universidad de Castilla-La Mancha los terrenos y edificios para ubicar allí, tras cuatro años de rehabilitación de los mismos, el Campus Universitario de Toledo, comenzando su funcionamiento en 1999. Se abrió, así, una nueva etapa histórica de esta ciudad industrial, que recupera sus edificios y estructura urbana como campus tecnológico de la Universidad. 

Fuentes.
  • GONZÁLEZ, H. La Fábrica de Armas Blancas : resumen histórico ó breves noticias sobre el origen, progresos, vida decadencia y renacimiento de la fabricación de armas blancas en Toledo, desde los tiempos más remotos hasta nuestros días. Toledo : Menor Hermanos, 1889.
  • PARRO, S. R. Toledo en la mano, o Descripción histórico-artística de la magnífica Catedral y de los demás célebres monumentos. Toledo: Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, 1978. 
  • PERIS, D.; LUCAS, A. de; ALCALDE, A. La Fábrica de Armas de Toledo. Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha, 1999.
  • PERIS SÁNCHEZ, D.; ELVIRA GUTIÉRREZ, R.; LUCAS MARTÍNEZ, A. de. El edificio Sabatini en la Fábrica de Armas de Toledo. Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha, 2001.
  • UCLM.
  • VV. AA. Arquitecturas de Toledo. Servicio de publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Toledo, 1992.

Monumentos de Toledo (III): El Hospital Tavera

La entrada de hoy pertenece, al igual que todas las entradas de la sección Monumentos de Toledo, a un proyecto de tesis que realicé durante mi quinto año en la licenciatura en Documentación. Quizás sea uno de los monumentos de Toledo que más va conmigo, ya que, como leeréis más abajo, tiene que ver con el mundo de los archivos y bibliotecas. 

El Hospital Tavera, dedicado a San Juan Bautista y fundado por Don Juan Pardo de Tavera, arzobispo de Toledo, se conocía popularmente como Hospital de Afuera, por ubicarse a extramuros.

Vista de la fachada principal del Hospital Tavera de Toledo.
Fuente: Rodríguez Campos, A.
Su importancia en la configuración de la ciudad determinará que El Greco, cuando en 1610 pinte su Vista de Toledo, lo presente en primer plano, con la fachada frente al espectador (en realidad mira a Toledo) y sobre una nube, convirtiéndolo en uno de los símbolos de ciudad imperial.

Su fundador pretendía solucionar la situación sanitaria de la ciudad y emular al Hospital de Santa Cruz, al tiempo que se proveía de una Capilla funeraria.

El establecimiento estaba dedicado a acoger hombres y mujeres, atendidos por dos médicos, tres cirujanos, un barbero, un farmacéutico y dos jefes de enfermeros, a los que se añadían nueve sacerdotes y un sacristán, que atendían su salud espiritual.

El hospital es un edificio de planta rectangular ordenado en torno a un doble patio. A la fachada principal se abren las dependencias palaciegas, reservadas a los patronos de la institución, y las administrativas. El ala derecha aloja los fondos del Archivo de la Nobleza, una sección dependiente del Archivo Histórico Nacional. El resto del edificio está ocupado por las dependencias funcionales de alojamiento y servicios, surgiendo de entre ellas el ascendente volumen de la Iglesia. Obtenidos los permisos y beneplácitos del emperador Carlos V y del Papa Pablo III, se inició la construcción, en 1541, bajo el mecenazgo del obispo-cardenal Tavera, que poco después lo convertirá en su casa-panteón. Partidario de la vanguardia artística del momento, encargó el diseño a Alonso de Covarrubias, que elaboró un bello proyecto en el que se lograba un equilibrio entre las dos zonas y dos funciones, benéfica y sepulcral, y en el que rompía con la decoración plateresca, adoptando un lenguaje a la italiana.

El proyecto fue reformado, después, por sus sucesores en la dirección de obras ―Bartolomé Bustamante, Hernán González de Lara (quien sustituyó a Covarrubias en 1550) y Nicolás de Vergara, el Mozo― dando lugar a una de las principales construcciones civiles españolas del siglo XVI. Supone un hito en el proceso de composición espacial de grandes conjuntos arquitectónicos, que culminará en el Monasterio de El Escorial.

La fachada principal empezó a construirse a la par que los patios, en 1541. Covarrubias proyectó tres alturas, de las que sólo se construyeron dos de acuerdo con las trazas originales. En los dos primeros cuerpos Covarrubias introduce un marcado almohadillado en las dovelas de los vanos, mostrando su conocimiento de la arquitectura manierista italiana. La portada principal actual fue trazada ya en 1760 por Pedro Martínez Morales; ya en el siglo XIX, el arquitecto Eduardo Lagarde ―un dibujante y arquitecto nacido en Toledo en 1884, aunque tenía raíces vascas― diseñó el tercer piso, que fue remodelado en 1989.

Si nos adentramos en el edificio por la puerta que preside la fachada meridional, tras un amplio portalón, desembocamos en el doble patio, sobrio y desornamentado. Sus dos espacios se interrelacionan por una galería de bóvedas de aristas que une y separa a la vez, y nos conduce hacia la Capilla, generando un impactante efecto visual.
Vista de los patios gemelos del Hospital Tavera, obra de Alonso de Covarrubias.
Fuente:  Rodríguez Campos, A.
El patio se organiza en dos alturas, con superposición de órdenes ―dórico-toscano y jónico―, con arcos de medio punto en la parte baja y ligeramente escarzanos en la alta. Su decoración se limita a las molduras de los arcos y a los espejos de piedra negra en sus enjutas, con un remate del entablamento con triglifos y metopas; en la parte superior, los espejos se sustituyen por rosetas y las esquinas se decoran con escudos cardenalicios.

La Iglesia, cuyas trazas realizó Hernán González, se inició con la construcción de una cripta circular bajo el crucero, con cúpula rebajada y sin iluminación del exterior. El eco de los pasos del visitante sobrecoge en ese lugar de reposo perpetuo de algunos miembros de las casas de Lerma y Medinaceli. La cripta acabó de construirse en 1572, bajo la dirección de Nicolás de Vergara, el Mozo. 

Sepulcro del Cardenal Tavera.
El templo se inauguró en 1624, instalándose debajo de la cúpula un precioso sepulcro ―elaborado entre 1554 y 1561, tras la muerte del cardenal en 1545―, obra de Alonso de Berruguete, donde se trasladaron los restos del fundador, don Juan Pardo de Tavera. Este sepulcro está realizado en mármol blanco, resaltando la figura yaciente del cardenal en su lecho mortuorio con sus ropas pontificales y flanqueado por las Cuatro Virtudes Cardinales y presentando una expresión cadavérica, fiel transposición de la mascarilla póstuma conservada y expuesta en el museo y que sirvió de modelo para la labra del anguloso rostro, impresionante por su realismo. El rebanco aparece decorado con medallones entre relieves, sin enmarcar, que representan escenas de la vida de San Juan Bautista ―Decapitación y Bautismo de Cristo―, de Santiago y de San Ildefonso.

En la cabecera, un retablo proyectado por El Greco en 1608 y realizado por su hijo y otros artistas, expone unas esculturas de Giraldo de Merlo y un San Juan, del flamenco Antonio Cuello. Sólo El Bautismo de Cristo ―conservado en el Museo de Tavera―, una de sus últimas y más sorprendentes obras, debió de colocarse en uno de los retablos laterales de la Iglesia que, aunque con traza paterna, debieron ser realizados por Jorge Manuel Theotocópuli.

La Iglesia se ha convertido así en una construcción autónoma, cuyo tamaño ha ido aumentando en los sucesivos proyectos hasta presentarse como un elemento independiente. Su cubierta exterior, octogonal, recubre la cúpula y ve reforzado su defecto ascensional por cuatro agujas rematadas con bolas.

Un Paseo por su Evolución y Transformación.


A la salida del hospital, en el portalón, una escalerilla nos conduce al Museo, que ocupa las estancias palaciegas de la fachada principal. En las seis salas de exposición de exhibe una estupenda colección de pintura, mobiliario de la época y tapices, amén de la interesante colección de libros de cuentas de la institución benéfica, que se encuentra en la biblioteca, la sala más atractiva. Además de El Bautismo de Cristo, se puede admirar La Sagrada Familia, Las Lágrimas de San Pedro y otros cuadros de El Greco y de diversos maestros de primerísima fila, como Tintoretto, Luca Giordano, Berruguete, Ribera,…. De este último es la célebre Mujer Barbuda, que retrató el pintor con un realismo hiriente y una ambigüedad maliciosa, junto a su marido y con un niño en brazos. 

En otras salas, alternan tapices y espejos con cuadros de Luis Tristán, Caravaggio, Carreño de Miranda,…. Un Cristo resucitado, que coronaba el tabernáculo de El Greco perteneciente al altar mayor de la Iglesia, es la muestra que, junto a un crucifijo de marfil de factura muy primitiva, completa escultóricamente esta inesperada exposición.

El ojo del Boticario, en el Hospital Tavera.
Por último, en otra dependencia del Hospital, una farmacia ― difícil de visitar ―, muy bien conservada, guarda una vistosa colección de botes de cerámica de Talavera de la Reina y Puente del Arzobispo. Preside el conjunto de tarros, frascos y redomas, un curioso mueble de cajonería denominado “El ojo del boticario”, que encierra las recetas y medicamentos más cotizados.

Después de ser un Hospital, por tanto, este edificio alberga un Museo, la Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional, una farmacia y, desde 1887, acoge un colegio llevado por las Hijas de la Caridad. En un principio, se daba una enseñanza a los niños pobres del Arrabal y Covachuelas, que era una de las necesidades más urgentes del barrio, pues la mayoría de las mujeres trabajaban en la cercana Fábrica de Armas y los niños quedaban abandonados. Nacen así las cunas y las Escuelas de San Juan Bautista anejas al Hospital.

Fuente.
  • LÓPEZ FANDO, A. y SANCHO SAN ROMÁN, R. Los antiguos hospitales de la ciudad de Toledo. Clínica y Laboratorio, tomo LXXX, 1961.
  • LÓPEZ-FANDO, A. «Los antiguos hospitales de Toledo». En Toletum, 1, 1955, pp. 96-112.
  • PARRO, S. R. Toledo en la mano, o Descripción histórico-artística de la magnífica Catedral y de los demás célebres monumentos. Toledo: Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, 1978. 
  • Toledo: Ayer y Hoy.
  • Toledo Olvidado.
  • VV. AA. Arquitecturas de Toledo. Servicio de publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Toledo, 1992.

Monumentos de Toledo (II): Palacio de Galiana

Hoy, 20 de enero, es el cumpleaños de una personita muy especial. Por esta razón, la entrada de hoy va para ella: ¡¡Feliz Cumpleaños, Laura!! Aquí tienes tu segundo regalo de cumpleaños nuestro. Espero que te guste tanto a ti, como a las personas que se animen a leer el contenido de la entrada de Monumentos de Toledo.

Palacio de Galiana. Por: Javier Tordesillas Vázquez.
Saliendo de la estación de Renfe, retomamos la carretera hacia Toledo y, por un pequeño camino, llegamos a los Palacios de Galiana. Estos reciben tal nombre a partir del Siglo XVI, en recuerdo a aquellos otros que existieron en el interior del alficén y que dieron lugar a numerosas leyendas.

El lugar donde se emplazan fue conocido en época árabe como Almunia Almansura, el cual, castellanizado, ha llegado hasta nosotros como Huerta del Rey. El enclave tuvo su origen en un jardín árabe, venturosa mezcla de jardín y huerto, donde Al-Mamún ―rey taifa de Toledo de 1043 a 1075―, construyó una residencia veraniega.

Conservamos la descripción árabe del “Salón de la Noria o de la rueda hidráulica” ― dada por Al-Maqqari ― que nos da una idea del lujo y decoración de la residencia: 
“El salón brillaba como si el sol se encontrase en lo alto del firmamento y la luna llena en su cenit, como una corona. Las flores embalsaman el ambiente y, sobre el río, los invitados bebían sin cesar. La rueda hidráulica gemía como gimen, heridas por la llama devoradora del dolor, la camella que perdió su cría o una madre al morir su hijo. El cielo estaba regado por gotas de rocío. Los leones abrían sus enormes fauces para vomitar agua […]”. 
Estos leones serían, evidentemente, los surtidores de las fuentes. El jardín contiguo a este pabellón estaba ocupado por una gran alberca, en el centro de la cual se situaba un quiosco con vidrieras polícromas y decoraciones incrustadas en oro.

A estas primeras construcciones, Al-Mamún añadió otras para acoger a su invitado, el futuro rey Alfonso VI, exiliado en Toledo a causa de las luchas fratricidas que le enfrentaron a su hermano, el rey Sancho II de León. Y este mismo lugar ocupó, en 1084, cuando cercó la ciudad, hasta que ésta pasó a manos cristianas en 1085.

De estos primeros palacios nada debió quedar tras las distintas devastaciones que sufrieron. Durante el siglo XII, almorávides y almohades, acampando en aquella huerta, la talaron y destruyeron, ante la imposibilidad de tomar la ciudad. En el siglo XIII, los cristianos venidos de toda Europa como cruzados, para luchar contra los almohades, se instalaron en ella y, “con las ramas de los árboles frutales dispusieron cobertizos para estar a placer, mientras salían a campaña […] y cortaron toda la Huerta del Rey e ficieron mucho mal a Toledo”, según relatan los Anales toledanos. Estas tropas fueron las que derrotaron a los musulmanes en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212.

Palacio de Galiana. Detalle de los jardines.
Los edificios palaciegos se debieron reconstruir en el siglo XIII, según Gómez-Moreno. En 1385, Juan I dona esta huerta, hasta entonces posesión real, al convento de Jerónimos del Monasterio de la Sisla que, en 1394, la vende a doña Beatriz de Silva, figurando como de su propiedad en la carta de dote con motivo de su matrimonio con don Alvar Pérez de Guzmán, en 1397, cuyos escudos decoran el interior. Como descendiente de esta familia, la huerta perteneció a Eugenia de Montijo, quien tuvo la idea de rehabilitar las construcciones, entonces ya en ruinas. Pero no fue hasta 1931 cuando los Palacios fueron declarados monumento histórico-artístico, habiendo sido restaurados por Alejandro Fernández Araoz y Carmen Marañón, con el asesoramiento de Chueca Goitia y Gómez-Moreno.

El Palacio, en la actualidad, consta de una sala de recepción dividida en tres naves paralelas, cuyos extremos son alcobas. Dichas naves se comunican entre sí mediante un eje transversal. El edificio abre ventanas en sus dos fachadas: la del norte se asoma a la recreación de un jardín hispanomusulmán y al Tajo; la del sur se abre a una alberca que, según muchos eruditos, ocuparía el mismo lugar que la construida por Al-Mamún en el siglo XI. El edificio conserva restos de decoración polícroma que data del siglo XIII, y de yeserías, algunas de ese siglo y otras del siglo XIV, con la decoración heráldica ya apuntada. El conjunto sigue siendo una propiedad particular, conservada de un modo respetuoso y delicado.

Fuentes.
  • GÓMEZ-MORENO, M. Arte mudéjar toledano. Madrid, 1916.
  • El Miradero.
  • PARRO, S. R. Toledo en la mano, o Descripción histórico-artística de la magnífica Catedral y de los demás célebres monumentos. Toledo: Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, 1978. 
  • Toledo Turismo.
  • VV. AA. Arquitecturas de Toledo. Servicio de publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Toledo, 1992.
  • VV.AA. Historia de Toledo. Toledo, Azacanes-Librería Universitaria, 1997.
  • VV. AA. Rutas de Toledo. Toledo: Bremen, 2004.

Monumentos de Toledo (I): El Castillo de San Servando

El otro día, vinieron unos amigos a ver la ciudad y, estando en el mirador de El Valle, señalamos cada uno de los monumentos importantes que se ven desde allí. Claro que, eso no es difícil, todos son importantes o, al menos, para mi. Entonces, al señalarles uno de ellos, nos dijeron: ¿pero allí vivía el rey? Claramente, les dijimos que no. Pero, ya por el gusanillo que se me quedó dentro, decidí hacer una entrada (resumida, claro) sobre el monumento en cuestión: el Castillo de San Servando. Y, si se da bien, iremos poniendo, poco a poco, reseñas de los distintos monumentos. En caso de que estos edificios hayan cambiado su funcionalidad original, también añadiremos a lo que están destinados actualmente. Espero que os guste y que, por supuesto, podamos seguir con este tipo de entradas.

Castillo de San Servando (Toledo).
El castillo de San Servando se levanta en el cerro del mismo nombre que, situado al margen izquierdo del río Tajo, controlaba el acceso al Puente de Alcántara.

Tras la toma de Toledo en el año 1085, Alfonso VI decidió reorganizar la ciudad y, tres años después, en este lugar frente al Puente de Alcántara, se procedió a la fundación de un monasterio cuyo nombre invocaba a San Servando y Germán debido a su salvación en la batalla de Zalencas o Sagrajas, el 13 de octubre de 1086.

En 1109, se produce el primer ataque almorávide en Toledo, por lo que la situación de inestabilidad existente en ese momento, afectaba principalmente al monasterio, situado a extramuros de la ciudad. Debido a esto, los monjes decidieron abandonar el mantenimiento de este edificio. 

El monasterio seguía perteneciendo a la Catedral en 1201, pese a los ataques almorávides ocurridos en 1114, 1128 y 1139. Después de ésto, no hay apenas alusiones al edificio hasta bien entrado el siglo XIV, quizás debido a su poca actividad militar. Fue a partir de este período, cuando recobra su valor militar con motivo de las luchas entre Pedro I y el conde de Trastámara, el futuro Enrique II. Tras estas luchas, el arzobispo don Pedro Tenorio, partidario de los Trastámara, participó eficazmente con numerosos fondos en la construcción del castillo hasta su conclusión en 1389.

Fue precisamente en este año, cuando Enrique III otorgó la tenencia del castillo al alcaide Pedro López de Ayala, aunque hay menciones de que, en 1525, ya estaba arruinado, aspecto que puede observarse hoy día igualmente.

A finales de 1873, debido a su estado de abandono y su falta de utilización, se subastó públicamente por 3.500 de las antiguas pesetas. A pesar de esto, el 26 de agosto de 1874, fue declarado monumento nacional, siendo el primer castillo de la península en conseguir este título. Hasta 1920 siguió con la situación que venía acarreando anteriormente y, a partir de esta fecha, empezaron a realizarse trabajos arqueológicos en su interior que descubrieron tumbas medievales excavadas en la roca.

En la construcción del nuevo edificio, se respetó el trazado original, a excepción del ángulo noroeste, que difiere del plano levantado por Amador de los Ríos. De esta forma, se aprovechó el perímetro exterior que se conservaba en pie desde el siglo XIV y se reconstruyó su interior, que se hallaba en ruinas.

El castillo está realizado en mampostería y ladrillo rojo para las torres y los muros del costado meridional. Su planta es prácticamente rectangular, orientada de sur a norte. Presenta torres circulares huecas en tres de sus esquinas, destacando una de ellas por su mayor envergadura. Además, presenta una torre intermedia en el lado sur, protegiendo un pequeño postigo formado por un arco apuntado, labrado en ladrillo, con las armas de Castilla y León encima, talladas en mármol blanco.

La puerta principal se abre en una especie de torre del homenaje. La proyección de esta torre desde el muro recuerda la torre albarrana de la Almofala y la Puerta del Sol. Tradicionalmente, hace referencia a la existencia de otros elementos que aumentaron la eficacia de su sistema defensivo, tales como el foso o la barbacana, que en estos momentos no es posible atestiguar.

A pesar de la desaparición de parte de sus elementos y la fuerte restauración de otros, el castillo de San Servando constituye un signo elocuente del pasado en este enclave.

Un Paseo por su Evolución y Transformación

En 1945, el Castillo de San Servando se cedió en usufructo a la Delegación de Juventudes, edificando un colegio menos, inaugurado en 1958. Actualmente, tras haber sido, además, sede de las Cortes de Castilla-La Mancha y una residencia universitaria, funciona como albergue juvenil de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. En ocasiones, también se celebran cursos y conferencias en el edificio.


Fuentes.
  • AMADOR DE LOS RÍOS, R. Monumentos Arquitectónicos de España. Toledo, Madrid, 1905.
  • GONZÁLEZ SIMANCAS, M. Toledo, sus monumentos y el arte ornamental. Toledo, 1929.
  • HERRERA CASADO, A. Castillos y fortalezas de Castilla-La Mancha. Guadalajara, 2002.
  • PARRO, S. R. Toledo en la mano, o Descripción histórico-artística de la magnífica Catedral y de los demás célebres monumentos. Toledo: Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, 1978. 
  • PISA, F. de. Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo. Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, 1974.
  • VV. AA. Arquitecturas de Toledo. Servicio de publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Toledo, 1992.
  • VV. AA. Rutas de Toledo. Toledo: Bremen, 2004.
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