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Mostrando entradas con la etiqueta Curiosidades de Toledo. Mostrar todas las entradas
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Vota por Toledo en los City People Light.

Hace mucho que no actualizamos NOROGACA y es que estamos un poco saturados entre estudios y trabajos. No obstante, mientras vamos acabando entradas más elaboradas, os dejamos una tarea: votar por Toledo en los City People Light

No conocíamos esta noticia hasta que un buen amigo nos lo ha mencionado y, como buenos toledanos, hemos decidido dedicar unos minutos a esta iniciativa. 

La ciudad de Toledo opta este año al premio City People Light, en la que la gente puede votar qué proyecto de iluminación de cualquier lugar del mundo le parece más atractivo.

Dedicad un minuto a pinchar en el enlace que os dejamos más abajo para votar a favor de Toledo. Es una manera de que todo el mundo conozca nuestra maravillosa ciudad, lo que, además de enorgullecernos, sin duda hará que el turismo crezca y traiga más economía a nuestra ciudad.

Y, ya sabéis, si podéis comentarle la noticia a vuestros contactos, podremos conseguir más votos. Y es que competimos con algunos lugares que tienen mucha tradición en este tipo de votaciones, como en Eurovisión (aunque no vamos a entrar en discu
siones al respecto).

Además, si tenéis varios dispositivos (sobremesa, portátil, tablet, teléfono móvil, etc), permite votar desde cada uno de ellos. ¡¡Todos los votos cuentan!!

Aquí os dejamos el enlace.

Toledo, ciudad con infinitas curiosidades (XII): Los Katangas

¿Que toledano no ha dicho alguna vez eso de "vamos a coger el Katanga"? Y es que decir esto en cualquier otra ciudad de España sería muy extraño. Sin embargo, en otros lugares fuera de españa su manera de llamar a los autobuses suena igual, Catangas, más nuestros Katangas son con "K".

Katanga amarillo. Foto. Jesus Vigil. 1983
Katanga amarillo. Foto. Jesus Vigil. 1983

Toledo, ciudad con infinitas curiosidades (XI): Cuatro años de destierro por fumar en el teatro en 1779

El Teatro de Rojas ha sido desde siempre, uno de los centros culturales más importantes de la ciudad. Si ahora mismo es el único teatro como tal en Toledo, si retrocediéramos en el tiempo, recobraría más y más importancia dentro de la actividad cultural de la ciudad.

Debido a su gran actividad y a la masiva afluencia de gente, se hacía más que necesario el dictaminar unas normas de conducta que permitieran disfrutar a todo el mundo respetándose unos a otros. Así que el 2 de diciembre de 1779, por orden del corregidor don Pedro León García Jiménez, se publica un borrador de las normas que todo el mundo tiene que cumplir sin distinción.

Toledo, ciudad con infinitas curiosidades (X): Los Azacanes, una profesión olvidada.

Con motivo de los 100 años que se van a cumplir a finales de este año 2014, de la muerte de Casiano Alguacil, he querido hacer una entrada de una de las profesiones que más fotografió este genio de la fotografía.

El azacán. Casiano Alguacil
El azacán. Casiano Alguacil
Azacán o aguador es aquel cuyo oficio era el de transportar el agua desde los ríos o manantiales cercanos, al centro de la ciudad, con el fin de abastecer a la población de agua "potable". Y es que por entonces los oficios, y la vida en general, era mucho más dura que ahora, y podemos afirmar aquello de "cualquier tiempo pasado fue PEOR", al menos en ese sentido.

El oficio se convirtió en absolutamente imprescindible para una ciudad en la que el desnivel con el río era tal, que solo las "mágicas ruedas" del artificio de Juanelo Turriano fueron capaces de salvarlo.

Respetado por todos, la figura del aguador se popularizó y ya en 1385 se llamaba "cal de azacanes" a la actual calle de los azacanes. En 1563 se redactaron las normas en las que se decía que el ejercicio era libre, pero que tales aguadores se debían atener a unas normas sobre las medidas de sus cántaros. Estos debían contener cinco azumbres y cuarto de agua e ir sellados por su fabricante "con la marca que por mandado de la ciudad al presente se le ha dado a cada uno". El incumplimiento suponía una multa de 200 maravedíes y la rotura de los cántaros de medida inferior.

Toledo, ciudad con infinitas curiosidades (IX): Botellón en Toledo en 1793

Miles de veces he escuchado la frase de "Estos jóvenes de hoy en día... ya no son como los de antes".  Y es que no por repetirla más veces va a llegar a ser verdad. Y aquí traigo una entrada para demostrarlo.

Seguramente muchos piensan que el botellón es algo de los "jóvenes de ahora", pero nada más lejos de la realidad. El botellón, como muchas otras cosas, llevan existiendo desde tiempos inmemoriales, pues beber en la calle comprando la bebida en una tienda en vez de en un bar, no creo que sea ninguna modernidad (eso sí, antes se le llamaría "verbena" o algo parecido).

Toledo, ciudad con infinitas curiosidades (VIII): Una laguna bajo Zocodover

No son pocos los que conocen Zocodover alrededor de todo el mundo, los que han paseado por esta peculiar plaza, los que pasan a diario, o los que simplemente la conocen por fotos. Menos son los que conocen algunos de sus más curiosos secretos que vamos a tratar de contar a continuación. Y es que esta plaza, que en principio no lo fue, esconde un sin fin de historias a través de los siglos que por ella han pasado.


La historia más conocida de la que hoy vamos a hablar es la de sus baños públicos, o mejor dicho, de sus urinarios. A finales del siglo XIX, principios del XX en una ciudad en la que aún estaba en plena vigencia el "¡agua va!", los problemas de higiene y salud pública eran más que evidentes, y debido a esto, se decidió instalar urinarios en la zona más transitada de la ciudad. Los primeros, bastante rudimentarios, eran de madera, para poco más tarde sustituirlos por otros algo más modernos y un poco más discretos de cara a los paseantes.

Ya en 1925 se decidió hacer una gran remodelación de la plaza, y aunque las obras fueron paralizadas por el rey Alfonso XIII, en 1926, se aprobó la instalación de unos urinarios subterráneos. Estos urinarios fueron utilizados hasta 1961, cuando se aprobó otra nueva reforma para la plaza en la que estos no estaban contemplados. La leyenda urbana dice que solo están tapados, y que allí siguen intactos.

En 1983 se anunció una nueva reforma en la que se incluía la recuperación de los urinarios, que nunca se volvieron a recuperar. Incluso un alcalde quiso aprovechar la obra para poder ver si había elementos artísticos de valor, como cerámica talaverana de Ruíz de Luna, pero jamás podría haberlo encontrado, pues la cerámica que allí había era del ceramista Sebastián Aguado Portillo, y ya estaba custodiada en el restaurante "Los cuatro tiempos".

En esta última remodelación, es donde se encuentra nuestra segunda curiosidad, pues en 1988 se realizaron seis perforaciones para analizar el subsuelo de Zocodover. Se demostró así que la plaza tiene una profundidad media de entre cinco a siete metros de capa de escombros, y que el subsuelo es una auténtica laguna procedente de filtraciones de agua. Perforaron frente al arco de la sangre, junto a la esquina del Alcazar, delante de la travesía Barrio Rey, a la entrada de la calle Sillería y en el centro de la plaza, determinando una capa de agua de 9,00 m., 7,20 m., 8,90 m., 7,25 m., y 1.70 m. respectivamente. También perforaron en la esquina de la calle comercio, pero allí no se tomó medida de agua.

Fuentes.

Toledo, ciudad con infinitas curiosidades (VII): ¿La extinción del Águila Imperial costó menos que seis tornillos?



Hoy traemos una nueva curiosidad a este blog. Se trata de la extinción del águila imperial en Toledo, un ejemplar que surcaba los cielos de la ciudad, pero que parece ser que no caía muy bien a algunos. Era 1940, y la vida de un animal como este, no solo no valía nada, sino que daban premio por acabar con ella. Como lo refleja el Diario de Intervención de pagos de ese mismo año, se pagó a M. Torán 1,25 pesetas como "premio por extinción un águila imperial en este término municipal". En el mismo aparece un pago de 1,50 pesetas por seis tornillos, o 6,50 por un saco de cemento. Como veis, el valor de la vida de un animal como este era menos que seis tornillos.


Para que nos demos cuenta de que no somos tan diferentes, pongo el enlace a un artículo de 2009 que cuenta como el ayuntamiento de San Román de los Montes, en Toledo, dice que son "solo pajarracos" para no cambiar sus políticas de urbanismo y seguir adelante con su "ladrillazo".

Público - El pueblo que no quiere Águilas Imperiales.


Fuentes:

Toledo, ciudad con infinitas curiosidades (VI)

Hoy, os traigo una nueva entrega de "Toledo, ciudad con infinitas curiosidades". Esta vez, he decidido investigar un poquito y realizar una breve historia de la ciudad de Toledo. Y digo breve porque si me pusiera a escribir toda, no terminaríais de leer en la vida (ni yo de escribir). Espero que os guste.

Pese a que se tiene conocimiento de la existencia de restos de la Edad del Bronce en el cerro del Bu, la historia cuenta que la ciudad de Toletvm se construyó, en 192 a.C., sobre las ruinas de la Región Carpetana bajo las órdenes del romano Marco Fulvio Nobilior

Tras la crisis y caída del Imperio Romano, los bárbaros irrumpieron en la península. En primer lugar, los alanos y, posteriormente, los godos conquistaron la ciudad de Toledo. Una parte de estos últimos, se asentaron y establecieron como una monarquía: los visigodos, que bajo el mando de Atanagildo en 418, instauraron en Toledo la capital de su reino, siendo una referencia de ciudad para los Godos. El fin de la monarquía visigoda llega con la derrota del rey Don Rodrigo —el último rey visigodo— en la batalla de Guadalete (711) por los ejércitos de Muza. Así, los musulmanes conquistaron Toledo y cambiaron su nombre por el de "Tulaytulah".

En el siglo XI, se produjo la división de Al-Andalus en reinos pequeños, provocando que Toledo se independizara de Córdoba como un reino Taifa. Esto dio origen a un período magnífico de la cultura musulmana en Toledo, en el que el que avanzarían de manera importante las Artes y las Ciencias. 

En el año 1085, el rey Alfonso VI conquistó Toledo y, por consiguiente, quedó incorporada al Reino de Castilla. El protagonismo histórico de esta época en Toledo residió en el extendido tópico de la ciudad en la que tres culturas tan dispares como la cristiana, la judía y la musulmana convivieron en un período tan complicado como la Edad Media. 

Con el reinado de Alfonso X el Sabio, la ciudad alcanzó uno de los periodos de mayor esplendor: se convierte en capital de la cultura europea. Así, la Escuela de Traductores tuvo su apogeo en este momento, debido al traslado de los restos de la biblioteca de Al Hakam II a Toledo. 

Hasta el Renacimiento, Toledo se convirtió en un importante centro político, sobre todo en lo relativo a las sucesiones al trono. La ciudad era, además, un centro estratégico donde se tomaban todas las decisiones militares para la conquista del sur de la Península.

Aunque en 1492 se produjo la expulsión de los judíos de la Península Ibérica, su presencia ha dejado una profunda huella en esta gran ciudad, sobre todo en la zona sur de la ciudad correspondiente a la judería. Aún hoy se pueden contemplar algunos de sus vestigios, principalmente, sus famosas sinagogas.

Con la llegada del Renacimiento Español, Felipe II, trasladó la capital a Madrid, ciudad que creía más adecuada debido a su carácter accesible y sus posibilidades de expansión. Debido a ello, Toledo intentó recuperar la capitalidad llevando a cabo una serie de reformas que le dieran la imagen de una ciudad nueva y moderna. Este es el caso del mecenazgo de obras por parte de la nobleza, con el que se inició una intensa actividad cultural con el fin de realzar la ciudad; también se empezaron a construir modernos y suntuosos palacios siguiendo los modelos renacentistas. 

Es en este momento cuando llegó a Toledo El Greco, concretamente en 1577, tras viajar por Italia donde adquirió su formación como artista. Los eclesiásticos de buen nivel económico se convertirían en sus importantes clientes, ya que vieron en el pintor cretense una fácil difusión de ideales de la Contrarreforma en una ciudad como Toledo.

A partir del siglo XVII, Toledo evolucionó de ciudad palaciega a ciudad conventual, debido a una amplia proliferación de congregaciones y órdenes religiosas, en su mayoría, financiadas por la nobleza y la monarquía con el fin de asegurar un futuro y una buena educación a sus hijos, servir de panteón o incluso la gran devoción de un rey o reina por una orden en especial. Actualmente, los conventos en Toledo continúan configurando una parte señalada de la ciudad pese a su disminución.

Con la revolución de 1868, se recuperaron las esperanzas de ciudad moderna debido a la realización de obras públicas para obtener la infraestructura básica y recobrar su antiguo esplendor: dotación de luz eléctrica, abastecimiento de agua corriente, establecer una red de telefonía, el ferrocarril,….  Fue en estos momentos cuando Toledo intentó solventar uno de sus asuntos pendientes: el abastecimiento de agua. Aunque los romanos lograron conducir las aguas del Tajo gracias a un sistema hidráulico que incluía un acueducto —aún hoy podemos observar sus restos—, los posteriores ensayos de proveer de agua a la ciudad fueron inútiles. Únicamente, el artificio de Juanelo logró en parte este objetivo, debido a su corta duración. 

Con este afán de modernizar la ciudad, se realizaron además numerosos miradores, con el fin de aprovechar su patrimonio arquitectónico y a la localización de la ciudad, ya que permite admirarlo en toda su magnificencia.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939), retomó su protagonismo debido a la resistencia en el Alcázar de uno de los bando combatientes: el bando sublevado, con el Coronel Moscardó a la cabeza. Tras este periodo bélico, la población toledana se extendió más allá del recinto amurallado, emprendiendo un nuevo período de su historia. Con la recuperación de la democracia y la nueva estructura territorial autonómica, en 1982, Toledo logró convertirse en capital de la región de Castilla-La Mancha. En 1986, Toledo es nombrada “Ciudad Patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO. 

Vista de Toledo desde la Piedra del Rey Moro. Fuente: Alejandra Rodríguez Campos
En resumen, Toledo ha sido, desde sus inicios, un cruce de civilizaciones con distintas culturas y razas —romanos, visigodos, musulmanes, judíos, mozárabes y cristianos— y, a lo largo del tiempo, cada una ha dejado su huella. Toledo es una ciudad única, con una historia que se explica por sí sola a medida que uno camina por su casco histórico, se pierde en sus calles, visita sus patios, observa sus monumentos y vive su cultura y su magia.

Fuentes
  • FERNÁNDEZ DEL CERRO, J.; BARRIO, C. Topografía del Toletum prerromano. En "Bolskan: Revista de arqueología del Instituto de Estudios Altoaragoneses", nº 19, pp. 359-368.
  • Fundación El Greco 2014.
  • Historia de Toledo.
  • LEBLIC GARCÍA, V. Breve historia de Toledo. Toledo, 2010.
  • LÓPEZ-COVARRUBIAS MARTÍN-CARO, J.A. Cronología histórica de Toledo. Toledo, 2008.
  • Mariola Hipólito: Procuradora de los tribunales.
  • Toledo Olvidado.
  • VV.AA. Historia de Toledo: De la prehistoria al presente. Toledo, 2010.
  • VV.AA. Toledo y su provincia en época visigoda. Toledo, 2011.
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Toledo, ciudad con infinitas curiosidades V

Tras más de medio año sin publicar ninguna curiosidad toledana, retomo esta sección con la esperanza de que las próximas entregas no se retrasen tanto.

Hoy voy a hablaros de una curiosidad que no muchos conocen de la ciudad de Toledo, pero que no por eso deja de estar en los libros de historia. Tampoco yo conocía la historia pero, leyendo alguna cosa para otra entrada de curiosidades, vi algo acerca de ésto y decidí que iba a ser otra entrada.

Todo transcurre en el barrio del Alcaná toledano. Su nombre viene de aljanat, tiendas en hebreo, o también puede derivar de qaná, acto de vender o comprar. Por lo tanto, éste era un barrio cuya principal actividad era el comercio, y sus comerciantes, en su mayoría, eran hebreos.

Vista aérea del Claustro de la Catedral de Toledo.
El Alcaná se situaba cerca de la catedral, en el entorno de lo que hoy llamamos calle hombre de palo, que era el eje principal, y desde la calle de la Trinidad hasta la plaza de las Cuatro Calles.  No solo vivían allí hebreos, sino también mudéjares o mozárabes. Pero todo esto no existía tal como hoy lo conocemos, sino que ha sufrido muchas transformaciones.

Donde hoy se sitúa el claustro de la catedral, hasta 1389, era un terreno que formaba parte del conjunto urbano del barrio. En él había puestos,  que se situaban adosados a la catedral, donde sobretodo hebreos, comerciaban. Estas actividades resultaban molestas desde el punto de vista de la iglesia, así que el arzobispo de Toledo, don Pedro Tenorio, decidió comprarlo.

El emplazamiento de aquellas tiendecitas hebreas era valiosísimo, pues se situaban en el corazón de la ciudad y en el centro religioso mas importante, un lugar privilegiado para el comercio. Por esto mismo, no querían deshacerse de sus tiendas, y entonces es cuando comenzaron las vejaciones de los sirvientes del templo desde el tejado del mismo, impidiendo así a los comerciantes realizar su labor. Poco más tarde, el barrio se incendió, llevándose por delante la mayoría de las tiendas, y facilitando así la compra de don Pedro Tenorio,

Placa situada delante de
la calle Cordonerías.
Se puso la primera piedra del claustro el 14 de agosto de 1389 y se terminó en 1425, bajo la dirección del maestro mayor de la catedral Rodrigo Alfonso. Debido al desnivel del terreno, y con el fin de que pudiera soportar dos alturas (lo que ocurrió posteriormente con el cardenal Cisneros), se construyo metro y medio por encima del nivel de la catedral. Se hizo sin escatimar en esfuerzos, mas nunca lo utilizó ninguna orden monástica.

En 1397, el rey Enrique III, en compensación, le cedió a Tenorio 84 tiendas desde las Cuatro Calles, hasta la plaza de la Ropería, es decir, la actual calle de Cordonerías. En esta calle, se situaron los antiguos inquilinos del Alcaná, formando una importante fuente de ingresos para la construcción, junto al claustro, de la capilla de San Blas, donde fue sepultado Tenorio en 1399. Así se formo el nuevo Alcaná.

Es sin duda el nuevo Alcaná, donde Miguel de Cervantes dice comprar aquellos famosos cartapacios manuscritos.

"...estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y como soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado de esta mi natural inclinación tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía; vile con caracteres que conocí ser arábigos, y puesto que, aunque los conocía, no los sabía leer, anduve mirando si parecía por allí algún morisco aljamiado que los leyese; y no fue muy dificultoso hallar intérprete semejante, pues aunque le buscara de otra mejor y más antigua lengua le hallara."
Mas tarde afirma que en esos cartapacios está la "Historia de Don Quijote de la Mancha", descubriendo también la identidad de su escritor, Cide Hamete Benengeli, un historiador arábigo. Cervantes dice ser un simple narrador de una historia ya escrita, y traducida por un morisco.
"luego se me representó que aquellos cartapacios contenían la historia de Don Quijote. con esta imaginación le di priesa que leyese el principio; y haciéndolo así, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de Don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo."
Fuentes:

Toledo, ciudad con infinitas curiosidades IV

Llevo una semana leyendo en el periódico que hoy se celebraba algo en Toledo, un evento cultural llamado "Noche Toledana", en el cual se celebrarán actividades culturales desde las 20:00 de la tarde hasta las 02:00 de la madrugada. Es por este motivo que he decidido documentarme para contaos el por qué de esta expresión que todo el mundo utiliza de "pasar una Noche Toledana". Y es que, como todo, esto tiene su parte de leyenda, no menos curiosa que otras de esta ciudad.
Leyenda
El hecho se sitúa a finales del siglo VIII, principios del IX. Por aquellos entonces, había llegado al poder el joven Yusuf Ben Alruf. Este gobernante era conocido por su crueldad, malas artes y gusto por el sufrimiento de los suyos. Los habitantes de Tulaytulah vivían con un gran temor por si eran encarcelados o ejecutados. Fue en este momento, cuando la nobleza se rebeló contra él y decidió encarcelarlo en su alcazaba. Esto no pudo evitar que, poco después, el pueblo entrara sin apenas resistencia, y lo matara degollado en su propia celda.

Tras dos largos años, la población seguía atemorizada por las posibles represalias, y fue entonces cuando se nombró a un nuevo señor para gobernar estas tierras. Las peores expectativas se cumplieron, y el nuevo señor pasaba a ser Yusuf al Ruf, padre del anterior monarca. Todos los habitantes estaban aterrados por las consecuencias que podía acarrear el nombramiento. Pero los malos presagios que todos pensaban que llegarían, no llegaban. El monarca prometió no tomar venganza, y gobernar de manera sabia, apenado por la cruel muerte de su hijo, pero entendiendo los motivos que tenía la ciudad.

Las pesadillas atormentaban al monarca con las múltiples apariciones de su hijo clamando venganza. Dentro de él existía un debate constante que le hacía envejecer con rapidez, un debate entre ejercer un gobierno sabio, o llevar a cabo lo que su hijo tanto le pedía en sueños. Los ciudadanos habían sido sometidos durante mucho tiempo, pero habían matado con crueldad a su hijo.

Noche toledana
Yusuf al Ruf, aprovechando la celebración de los fastos que por entonces se celebraban en la ciudad en honor a Abderraman, invitó a cuatrocientos toledanos al banquete. El pueblo, con la creencia de que todo esto conduciría al tan esperado perdón, engalanaron las calles, agotaron las existencias de seda de los sastres, y no había rincón de la ciudad sin flores ni adornos.

A la entrada de la Alcazaba, los habitantes de Tulaytulah, esperaban el sonido de las trompetas triunfales que permitirían la apertura de las bisagras del palacio de Yusuf. Entraban de uno en uno, y allí encontraban a dos enormes guerreros que, ante la atemorizada mirada del joven Abderraman y la incapacidad para contemplar su propia obra de Yusuf, daban muerte a todos los invitados decapitándolos.

Al día siguiente, un reguero de sangre inundaba las callejuelas de Tulaytulah, mientras se podían contemplar cuatrocientas cabezas colgando de las almenas del palacio, colmando la sed de venganza de Yusuf, y acabando así con uno de los episodios mas cruentos de la historia toledana.

Espero que os haya gustado la leyenda y aquí os dejo el programa de actividades que se pueden realizar en Toledo esta "Noche Toledana".

Toledo, ciudad con infinitas curiosidades III

Como tercera entrega de las curiosidades de Toledo, hoy os voy a hablar de lo referente a “La Casa del Judio”. Y es que, pareciendo una más de las residencias de la judería toledana, ésta es una casa especial. 

Situada en la travesía del Judío nº 4, esta casa había estado un poco abandonada y, algunas partes, necesitaban una rehabilitación urgente. Además, poca gente sabía de su existencia ni de lo que en ella se albergaba. Debido a ello, se llevó a cabo una intervención para rehabilitar tanto sus espacios interiores como su fachada. En el verano de 2010, se volvió a abrir al público, pudiéndose visitar de forma guiada y gratuita, siempre haciendo una reserva previa. 

Su construcción aproximada data de entre los siglos XIV y XV. Bien es verdad que se cree que tuvo importantes cambios durante los siglos XVIII y XIX, al sufrir algunas transformaciones para poder darle nuevos usos. 

La vivienda en cuestión conserva en muy buen estado las dos partes principales en las que ésta se divide: el patio y el sótano. 

PATIO

En el espacio correspondiente al patio encontramos diversas yeserías, ya recuperadas de su anterior mal estado, al igual que unos arcos bastante estéticos y de diferentes tipos en todo el mismo. También, podemos admirar forjados de madera ya recuperada pero que no ha perdido el aspecto antiguo que tenía. En definitiva, se trata de un patio bonito y muy luminoso. 



SÓTANO

La estancia se divide en 4 salas: la sala central, de planta cuadrada, y otras a lo largo de tres de sus lados; el cuarto lado, como es obvio, da a la calle. 

Accedemos por la sala de la izquierda, bajamos unos escalones y, nos fijamos en el dintel de la entrada. En él, tallada en madera, se observa la inscripción hebrea: “Gracias Te doy porque me has respondido”. Dicha leyenda se relaciona con un fragmento del salmo 118, versículo 21, en el cual se dice: “Aquí está la puerta de Yahveh, por ella entran los justos. Gracias Te doy porque me has respondido, y has sido para mí la salvación.” De esta manera, se da la bienvenida a todos los fieles y puros al interior de la estancia. Esta talla de madera del dintel va acompañada también de motivos florales.

Pasamos, entonces, a la sala central, localizada a su derecha. Si nos fijamos, se pueden ver sus cuatro pilares de ladrillo formando una bóveda, de manera que los ladrillos llegan a la parte superior formando círculos concéntricos. Todo el suelo de las cuatro salas se encuentra empedrado. 

La sala del fondo es especial, ya que descubre algunas características de los antiguos dueños de la casa. Al adentrarnos en ella, lo primero que observamos es piedra, y es que esta casa se construyó excavando en la roca madre. Se trata de un aspecto bastante curioso. De hecho, es algo que no se suele ver muy a menudo. Este detalle describe el estatus de la persona que vivía allí, pues, en aquella época, llevar a cabo ese tipo de excavación era bastante caro, por lo que no se trata de una familia precisamente pobre. 

A mano derecha, tenemos otra pequeña sala, parecida a la primera, aunque más pequeña y que, mediante unos escalones y una puerta, se comunica con la parte superior del edificio. 

Esta residencia perteneció a Isaac Abravanel y, según la leyenda, fue quien prestó parte de su riqueza a la reina Isabel La Católica a cambio de sus joyas, para la expedición que traería como consecuencia el descubrimiento de América. 

También se piensa que el sótano de la casa se había utilizado para baños litúrgicos o Mikvah, en los que se sumergían totalmente tras bajar unos escalones. Estos baños se solían construir cuando un judío estaba a punto de llevar a cabo un cambio importante en su vida como, por ejemplo, contraer matrimonio. En esos momentos, bañarse y peinarse era un hábito muy importante para los judíos.


Fuentes: 


Toledo, ciudad con infinitas curiosidades II


Bueno, hacía mucho que no hacía una entrada, pero la verdad es que estas cosas cuestan su tiempo, y espero que haya merecido la pena, porque aquí viene el segundo capítulo de “Toledo, ciudad con infinitas curiosidades”. Y es que hoy os voy a hablar de otras de las muchas curiosidades que tiene esta ciudad histórica.

¿Plaza o encuentro?

Voy a empezar hablando de la “Plaza de las Cuatro Calles”, y es que aunque se llama plaza, en sus orígenes no era nada más que un encuentro de calles como se indicaba en el plano de El Greco. Fue después cuando se derribó un edificio intermedio entre la calle Comercio y la de Cordonerías y, análogamente, otro entre  Chapinería y Hombre de Palo a mediados del siglo XVIII, quedando así un espacio al que ya sí se le puede denominar Plaza.

Plano de El Greco

¿Por qué cuatro si son cinco?

Es fácil adivinar que no son cuatro calles las que allí se encuentran, sino cinco. Y, aunque a finales del siglo XVI se pensaba que posiblemente antes hubiera una única entrada a Chapinería y Obra Prima (actualmente Martín Gamero), bien es verdad que esto  parece poco probable, a no ser que hubiera sido antes del incendio de 1467. 

El nombre es bastante antiguo, ya que se la mencionaba como las “Cuatro Calles” en textos de 1388 y 1401, por lo que se entiende que su estructura ya era así. Por poco tiempo se la llamó “Rua Nova” a mediados del siglo XV, y ya a principios del XVI se la cita con el nombre actual, siendo, hasta finales de este siglo y principios del XVII, el centro mercantil más importante de Toledo. 

¿Qué se hacía allí?

En esta plaza estaban los libreros, de los cuales solo persistió hasta el siglo XIX la librería de Blas Hernández, amigo de Martín Gamero y coleccionista de manuscritos antiguos, lo que luego fue la imprenta y papelería de Florentino Serrano.

Esta librería quedará para la historia de Toledo, y para la de la prensa escrita en particular por ser el lugar donde se vendieron los primeros periódicos de Madrid llegados a nuestra capital por ferrocarril.

A finales del siglo XVI, se representaban también en esta plaza Autos Sacramentales, aunque eran poco concurridos debido al pequeño tamaño de la misma.

Las cuatro calles en Junio de 1905

Con estas palabras de Juan Moraleda y Esteban podéis haceros una idea, de la importancia de este encuentro:

"Las Cuatro Calles de Toledo eran el centro de reunión de razas opuestas para concertar ventas, cambios, préstamos; era el mentidero mayor de gente culta y dada a la política; eran el atrio del Alcaná, donde los hebreos, a las puertas del templo metropolitano exponían sus enseres, vituallas y libros a la venta pública; eran el palenque donde; francos y Portugueses, italianos y moriscos, cristianos y judíos medievales, así como a guisa de propaganda filosófico-religiosa, departían amablemente y a diario en horas de reposo y asueto; eran el casino y el café de los hombres pretenciosos y derrochadores de los comienzos de la vida pública, de la Reconquista; eran un mercado permanente de aquellos tiempos, no obstante su angostura, donde el tráfico, la usura, el negocio, el compadrazgo, y pocas veces la virtud, resolvieron problemas arduos, económicos o de otra índole, así como en el zoco se solventaban fines idénticos, solo en los días de mercado franco.


Sin las Cuatro calles, sin el zoco, sin el claustro bajo de la Catedral, sin las solanas de San Andrés y San Cipriano, sin la Alcaná y la Alcaicería moruna y sin el mercado de los Sederos y la plaza de la Gallinería, Toledo medieval no hubiera alcanzado universal fama como ciudad cosmopolita, donde chinos y africanos, germanos y griegos, españoles y anglosajones, echaron los cimientos de la nacionalidad, un día la mas grande del globo."

Numeración de sus casas

No es menos curiosa la numeración de las casas que, todavía en 1778, seguían la de la calle Comercio, como simulando que esto era un simple ensanche de esta misma calle que coincidía con su terminación. De esta guisa, quedó así el número 48 en la esquina con Martín Gamero.

¿Hubo un error en el rótulo?

En 1916, según dice don Juan Moraleda y Esteban, al hacer una reforma en el edificio que hace chaflán entre las calles Chapinería y Hombre de Palo, el impresor toledano Florentino Serrano, saco a relucir, una inscripción en la que todavía se podía leer: “Estas son las / quatro calles / de Toledo / MDCETOXIII”. Y si nos fijamos en esa fecha y suprimimos las letras ETO, las cuales no tienen mucho sentido podemos ver MDCXIII, o lo que es lo mismo, 1613, fecha anterior al rótulo más antiguo conservado en Toledo. Entendemos pues que la insistencia del rótulo en que son las cuatro calles de Toledo era por la importancia de este lugar, y por esto mismo se quiso mantener el nombre aunque fueran ya cinco.

Fuentes:
  • MORENO NIETO, L. Cuatro calles que son cinco. En Trilogía Toledana: Toledo un siglo atrás. Toledo, 2002.
  • PORRES MARTÍN-CLETO, J. Historia de las calles de Toledo, T. I. Toledo,1982.

Toledo, ciudad con infinitas curiosidades

Hoy quiero hablaros de algo que a mi, realmente, me apasiona y eso es Toledo, la ciudad donde vivo y de la que soy una enamorada nata.

Toledo es una ciudad preciosa, no sólo para visitar, sino también para vivir. Más allá de sus atractivos y bellezas, es uno de esos sitios en donde, durante siglos se han vertidos enormes ríos de tintas impresos sobre el papel, y que ahora, con la modernidad, se han volcado en la red. Es culturalmente rica en todos los aspectos, tanto históricos como artísticos, religiosos... Por eso, como normalmente la gente ya sabe lo que puede encontrarse en esta ciudad, pues voy a hablaros de esos aspectos curiosos y, seguramente, más desconocidos.

Empecemos por la plaza de Zocodover. En sus inicios, fue un mercado donde se compraban y vendían las bestias de carga, de ahí su nombre (sūq ad-dawābb). Durante el siglo XVII, era común en esta típica plaza toledana comercial con todo género de alimentos y durante todos los martes había mercado de las más variopintas mercancías. Lo que sabe poca gente es que, además, en ella era común llevar a cabo autos de fe inquisitoriales instalando un cadalso para los inquisidores y otro, enfrente, para los reos y penitenciados. También allí se ejecutaba a los malhechores con distintos métodos, como torturas, ahorcamientos, el “garrote vil”, así como la horca.


También, se utilizaba la "Picota", una pequeña construcción situada en la misma plaza donde se exhibía a los reos para pública vergüenza. Consistía habitualmente en una escalera con una plataforma pequeña con antepechos a los lados y un asiento en el fondo. También allí se encontraba el “clavicote”, un pequeño depósito, a modo de jaula, que existió en el mismo centro de la plaza, donde quedaban expuestos los cadáveres de los que morían en los hospitales, sin familiares, y de los ahogados, así como de algunos ajusticiados. La Cofradía de la Santa Caridad invocaba allí la caridad pública y recogía limosnas para enterrarlos.

Otro elemento curioso es la Catedral, el edificio más grande iniciado en el siglo XIII en la Península Ibérica y cuya arquitectura tiene importantes influencias francesas y españolas. Dentro de la misma, se encuentran piezas de arte de un valor incalculable, como el reloj de una sola manilla, que es único en el mundo y que fue construido hace aproximadamente dos siglos por Manuel Gutiérrez. Pero no es el único elemento que marca el tiempo ya que, desde afuera, se divisa otro reloj (ubicado sobre la torre) que nunca ha dejado de funcionar.

Otra de las curiosidades de este edificio es que, si miramos a las bóvedas, se puede observar, colgando de las mismas, un enorme cuerno sujeto por una cadena que, según las tradiciones de la región, se dice que perteneció a uno de los bueyes que trasladaban las primeras piedras utilizadas para levantar el templo. Además, en las columnas, a una mediana altura, se encuentran enterrados algunos personajes que fallecieron durante la construcción del templo.

Una de las preguntas que muchas personas se han planteado al llegar a Toledo y observar su Catedral era el por qué de no tener dos torres, sino una. Pues bien, algunos cronistas lo atribuyen a que su construcción costó más de lo previsto, por lo que la segunda torre quedó para mejor ocasión hasta llegar a nuestros días sin llevarla a cabo. Según otros, no había intención desde el primer momento, ya que el espacio en el que ahora se encuentra la capilla mozárabe es algo mayor que la torre construida, por lo que una segunda torre iba a tener que ser diferente de la actual. Y una última opción es que la plaza a la que da la fachada catedralicia no es excesivamente amplia, por lo que tal vez hubiera quedado demasiado agobiante la construcción de dos torres.

Por último, en la torre de la Catedral (que mide 92 m de altura), no hace mucho, se podía visitar una de las mayores campanas de toda la cristiandad. Consagrada a San Eugenio, ya desde su instalación se cantaba la siguiente copla:
Campana la de Toledo,
Iglesia la de León,
Reloj el de Benavente,
Rollos los de Villalón.

Dicha campana tiene 10,67 m de circunferencia, algo más de 3,66 de alto y unos 28 cm de grueso, pesando 17,61 toneladas aproximadamente. En el costado que mira al Norte tiene una cruz con una Virgen del Sagrario encima y una inicial del nombre de María en la peana; en el costado Oeste, la efigie de San Eugenio; y en el Este, un escudo grande con las armas de la catedral primada y otros dos más pequeños. Además, presenta cinco largas inscripciones latinas, narrando la tradición de la primera vez que se hizo sonar, donde cuenta que se oyó a kilómetros de distancia y numerosos vidrios de ventanas de Toledo se rompieron por la intensa vibración.

A medida que andamos por el casco viejo de Toledo y nos perdemos por sus calles, reparamos en la existencia de varias grandes cruces en el exterior de algunos muros de la parte vieja de la ciudad. Indican que al otro lado de la pared se encuentra un lugar sagrado: el altar de una iglesia.

En el Monasterio de San Juan de los Reyes, en su fachada, se observan numerosas cadenas colgadas de sus muros. Fueron mandadas colocar de esa forma por la Reina Isabel a modo de recordatorio de los territorios que reconquistó el Rey Fernando al sur de la Península: Málaga, Almería, Baeza, Alhama y otras plazas conquistadas por los Reyes Católicos en la zona del Reino de Granada. Son las cadenas y los grilletes de los cristianos cautivos en dichas batallas ganadas y que obtuvieron su libertad en las mencionadas guerras.


Si seguimos callejeando, encontramos el Convento de Santo Domingo el Real, de Monjas Dominicas. En este edificio, pocos sabrán que se guarda la pila bautismal donde fueron bautizados Santo Domingo de Guzmán y varios personajes de la realeza española, como Felipe IV y la infanta Leonor de Borbón. En este convento estuvo doña Beatriz de Silva, fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción y que, antes de llegar a dicho Convento, fue encerrada en un cofre durante tres días por doña Isabel de Portugal debido a un ataque de celos provocado por la belleza de la monja y de las habladurías de su relación con el rey y esposo, Juan II. Durante ese tiempo atrapada en el cofre, sin apenas espacio y sin luz, agua ni comida, la Virgen María se apareció ante Beatriz y, con palabras de consuelo, le indicó que sería liberada. Tras este suceso, doña Beatriz de Silva, se retiraría durante treinta y cuatro años a Toledo, ingresando en este convento y ocultando su rostro siempre tras un velo blanco.
Interior de Santo Domingo el Real.
Fuente: GBermejo (Retazos de Color)
Ahora vamos a pasar a otro tipo de curiosidades que no tienen mucho que ver con la arquitectura toledana, pero sí con aspectos claves que no todo el mundo conoce.

Empezaremos por los Azacanes. Estos personajes eran"comerciantes" que, con sus borricos, continuamente acarreaban agua del río Tajo en cántaros para distribuirla a buen precio por las calles de la ciudad. Ello surge ante la escasez de este líquido en la ciudad. Este negocio perdura hasta bien entrado el siglo XX.

Otra profesión ya perdida en Toledo fue la de Artesillero. Tras una crecida del río Tajo, inundando las vegas que circundan la ciudad, se iban con sus artesillas (cajón de madera que en las norias sirven de recipiente al agua que vierten los caños) y recogían la arena depositada una vez el río se había retirado. Así, le ponían agua y la cribaban hasta que obtenían el material que buscaban, en ocasiones, pequeñas piezas de oro de muy diversa procedencia que malvendían a plateros para poder subsistir.

Un aspecto que me llamó mucho la atención al llegar a vivir a Toledo fue el tono despectivo que le dan en muchos sitios a la palabra bolo para referirse a un vecino de Toledo e incluso los mismos habitantes de la ciudad se refieren a alguien con este adjetivo cuando se le considera un ignorante. Pero ¿de dónde viene este curioso adjetivo? Pues bien, para aquellos que no lo sepan, tiene varios orígenes, a cuál más culto del que se piensa.
  • El origen más culto es el que relaciona el adjetivo con la abjuración en público del arrianismo por el rey visigodo Recaredo y su conversión al catolicismo, hacia 589, en el III Concilio de Toledo. El rey, al tomar juramento y preguntado por San Leandro algo así como "Queréis abrazar la verdadera fe católica", respondió "Ego volo..." (Sí, quiero...).
  • En el siglo XIV, el arzobispo de Toledo Gil Álvarez de Albornoz fundó el Real Colegio Mayor de San Clemente de los Españoles en Bolonia, Italia. algunos toledanos marchaban a estudiar allí, dada la relación del arzobispo con la ciudad. Al regresar a Toledo, se les denominaba "bolos".
  • Otra explicación aportada por D. Luis Orgaz sería la referida al "bolo" como el machete (el bolo es un machete de hoja larga, de origen filipino, y utilizado como arma o para desbrozar) que nuestros sufridos soldados de ultramar utilizaban en Cuba, Puerto Rico y Filipinas y que, por supuesto, se elaboraban en la Fábrica de Armas de Toledo. Al estar muy afilados y llevarlos siempre consigo, quedó aquel dicho de "no te andes con el bolo colgando" (ya que te cortará).
  • La última, pero no menos curiosa, está relacionada con los aceros toledanos. "Los armeros toledanos se surtían de aceros producidos en acerías vascas. Las muestras de ese producto eran unas bolas de acero al carbono que en la jerga siderúrgica se denominaban “bolos”. Así, los vascos se referían a Toledo como “la provincia de los bolos”. Pasando la asignación a sus habitantes."

Y, para terminar esta entrada y dejarlo con un buen sabor de boca, qué mejor que hablar del tan famoso Mazapán toledano, ¿no? Pues bien, este manjar no fue precisamente en Toledo donde se inventó ya que, siglos antes, ya se conocía en Italia y en los países árabes. Lo que sí es cierto es que, actualmente, se exporta a numerosos países debido a ser un gran manjar muy apreciado por los toledanos y todo aquél que visita la ciudad.

Hay que decir que, durante la Guerra Civil y debido a la escasez de suministros, entre ellos el azúcar, se sustituyó éste por higos secos para endulzar la pasta.

Se han llegado a reproducir conocidos monumentos de Toledo utilizando exclusivamente mazapán, como es el caso de los que están expuestos en los escaparates de las diversas confiterías Santo Tomé. Es frecuente también adquirir en fechas navideñas “anguilas” de mazapán, de muy diversos tamaños. La explicación de la representación de éste animal con mazapán tiene una curiosa procedencia: en el río Tajo, hasta el siglo XIX, se criaban unas anguilas exquisitas, muy apreciadas en las mesas toledanas. Una vez extinguidas, los reposteros toledanos comenzaron a reproducirlas en mazapán, hasta hoy en día.

Bueno, espero que os haya sido de mucho interés esta entrada. A medida que vaya recabando más curiosidades sobre esta ciudad, iré poniendo más post como este e intentaré que sea un poco más corto, para que no sature tanto la vista ^^.

Fuentes
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