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Doménico Theotocópulos "El Greco" y Toledo.

Hoy, antes de empezar con la entrada, he de decir que sí, que todo el mundo sabe muchas cosas de este personaje pero creo que, teniendo un apartado sobre Toledo, debe haber un espacio, extenso o escueto, sobre él: El Greco. Por eso, espero que no os aburráis leyendo estas letras y que, aquéllos que no sepan tanto, puedan aprender un poco más sobre él. Sin más dilación, empiezo esta nueva entrada de Personajes Célebres. Espero que os guste....

Retrato de un caballero anciano,
considerado autorretrato (1595–1600),
Nacido en Candía (actual Heraclión, en Creta), allá por 1541, Doménico Theotocópulos "El Greco", representa un caso único de evolución en la historia del arte. De familia ortodoxa perteneciente a la pequeña burguesía de empleados, era hijo de Jorghi, arrendatario de impuestos de la república veneciana y al servicio del duque local de Candía. Además, su hermano, Manoussos, fue empleado del fielato de la misma. Vivió en la isla hasta los 26 años, momento en que se trasladó a Venecia (1567), donde abundaban los talleres, con maestros y alumnos hábiles.

A comienzos del siglo trabajaban en la isla más de 150 pintores, que se reunían en una corporación llamada "Escuela (o Hermandad) de San Lucas de los pintores". Por ese entonces, se distinguían dos estilos: la forma griega y la forma a la latina, que los artistas usaban indistintamente según la ocasión. El joven Doménico se forma en este entorno, con unas obras primerizas que demuestran un óptimo aprendizaje con maestros de la talla de Teófanes de Creta, Mijail Damaskinos o, sobre todo, Giorgios Klontzas. Estos dos últimos artistas fueron pintores y miniaturistas, aparte de los mejores representantes de la tradición postbizantina.

A los 26 años, Doménico ya es maestro y conoce el griego antiguo, el latín y el italiano. Además, tiene una preparación humanística debida al ambiente cretense de alto nivel en el que había crecido, así como una "fe de frontera" con elementos ortodoxos y católicos, que aún hoy hemos de poner en relieve. Son escasos los documentos y noticias sobre su estancia en Venecia, con al menos una decena de obras suyas, de formato pequeño y carácter devocional, entre los que encontramos la Última Cena, la Adoración de los Reyes, San Francisco recibiendo los estigmas, el Entierro de Cristo o la Adoración de los pastores.

Durante su estancia veneciana, Doménico entra en contacto con el viejo y gran Tiziano, empezando a aplicar las formas esbeltas y dinámicas, con su color deshojado y empapado de luz, con sus espléndidos retratos, aunque no debemos olvidarnos de los espacios luminosos de Veronés o el inquieto claroscuro de Tintoretto, los relatos sacros pintados por Jacopo Bassano.

En 1570, el pintor cretense abandona Venecia para viajar a Roma, quizás debido a la búsqueda de lo "clásico" y lo "antiguo" o, también, por la necesidad de encontrar nuevas ocasiones de trabajo en la Corte del rey Felipe II, en el ambicioso proyecto de San Lorenzo de El Escorial. Así pues, el Greco entra en un mundo culto, frecuentando ricas colecciones de arte del Cardenal y el círculo de Fulvio Orsini, su docto bibliotecario y secretario. Fue precisamente para este último, para quien pinta aproximadamente unas siete obras, entre las que destacan Retrato de Giulio Clovio o Vista del Monte Sinaí. De esta manera, Doménico empieza a distinguirse por su carácter extravagante, anticonformista y soberbio, lo que provoca que gane la enemistad de grandes artistas como Miguel Ángel (fallecido una década antes de que el griego llegue a Italia pero que, dicen las lenguas, menospreció las pinturas del artista renacentista cuando hubo de restaurarse la Capilla Sixtina), Giorgio Vasari o Pietro Ligorio.

Quizás debido a esta situación de enemistad, el Greco trabaja por su cuenta hasta el 21 de Octubre de 1576, cuando se instala en España, en concreto, en Toledo. No obstante, en Madrid había pedido subsidios, ofreciéndose como pintor de corte, quizás reclutado en la obra de El Escorial. Sin embargo, la reacción de Felipe II resulta fría y el artista cretense queda en lo esencial marginado, por lo que entonces decide establecerse en Toledo hasta su fallecimiento, treinta y siete años después. Uno de sus primeros trabajos en España fue el Supuesto retrato del escultor Pompero Leoni que, anteriormente, le fue atribuido a Jacopo Bassano y fue realizado entre 1576 y 1578.

El caballero de la mano en el pecho (1584)
Es en esta ciudad donde su arte hará eclosión en cuadros de gran formato, con formas alargadas, movimientos vertiginosos, colores ácidos de gran belleza, cada vez más irreales y visionarios con el paso del tiempo y el abandono de los modelos italianos. El Greco fue precursor de los retratos españoles, pese a su encuadre y color de estilo veneciano y, ejemplos de ello son El caballero de la mano en el pecho (1584), el Retrato de caballero de la casa de Leiva (ca. 1580), o la Dama del armiño de Glasgow (ca. 1580). Además, cabe mencionar que el Toledo de aquella época no tenía nombres de pintores destacados, por lo que el pintor cretense no tuvo apenas competencia.

Entre sus primeros encargos en esta ciudad, hay que destacar los lienzos para el retablo de la Iglesia de Santo Domingo el Antiguo, reconstruido con el dinero legado por una devota aristócrata portuguesa, doña María de Silva, fallecida en 1575. Una nota datada en la primavera de 1577 muestra que El Greco debía ejecutar la pintura de ocho cuadros para tres retablos, uno grande y dos más pequeños, respectivamente para el altar central y los dos laterales, proyectados por Juan de Herrera, arquitecto de El Escorial. El contrato fue firmado el 8 de agosto de 1577 con una fórmula en italiano: "Io, Domenico Theotokopuli, affermo quanto è sopra scritto" y tenía una duración de veintiséis meses, por lo que el límite de la entrega se fechaba en marzo de 1579. Los honorarios fueron de 1500 ducados, reducidos a 1000 por el pintor debido a sus excelentes relaciones con don Diego de Castilla, su protector, albaceas de doña María de Silva y deán de la Catedral.

Otro encargo destacado de El Greco fue el gran retablo de El Expolio, para la Catedral de Toledo, el cual le dio el reconocimiento de uno de los mayores maestros del manierismo europeo, capaz de interpretar las enseñanzas de los maestros italianos, desde Tiziano a Miguel Ángel. En 1579, la pintura, ya terminada, se tasó en 227 ducados; quizás los tasadores se fundamentaron en la presencia de las tres Marías, no citadas en el texto bíblico. El pintor rechaza esta oferta y pide 800. Al final, sólo recibiría el reconocimiento de la alta calidad pictórica del lienzo y una retribución de 350 ducados, pagados a finales de 1581.

A comienzos de 1580, el Greco tiene en Toledo una amplia y variada clientela, así como su taller que, quizás, ampliara en 1585. Así pues, el 10 de septiembre de este mismo año, alquila en Toledo una casa del Marqués de Villena y tiene un ayudante , el discípulo italiano Francesco Prevoste, al que conoció en Roma. Además, mantiene una estrecha relación con una mujer, Jerónima de las Cuevas, de buena familia y madre de su hijo Jorge Manuel, nacido en 1578 y llamado así en honor a su abuelo Jorghi.

Entre las obras de asunto sacro encontramos el bellísimo San Sebastián, la Santa Faz, la Verónica con la Santa Faz, San Francisco en éxtasis o estigmatizado, las -al menos- cinco Magdalenas, San Pedro y San Pablo.... También, le interesaba el tema de la Crucifixión, bien representada en la Crucifixión con dos donantes (ca. 1580), el Cristo crucificado (1587-1596), o la Crucifixión (1596).

El Entierro del Señor de Orgaz (1587).
El 12 de marzo de 1588, El Greco firma con Andrés Núñez, párroco de la Iglesia de Santo Tomé de Toledo, el contrato para El entierro del señor de Orgaz, comprometiéndose a ejecutarlo personalmente y, a concluirlo, antes de Navidad. El gran cuadro, redondeado en su parte superior, se destinó en una pared de la capilla de la Concepción y es allí donde aún sigue. Fue realizado, por tanto, entre 1586 y 1588; la fecha que figura en el pañuelo que sale del bolsillo del muchacho de la izquierda, hace referencia al año de nacimiento del pequeño Jorge Manuel (1578). De los 1600 ducados pactados sólo le pagaron al artista 1200, tras los correspondientes pleito y tasación de la obra.


A finales de los ochenta, el Greco vive a lo grande gracias a su taller, de tal forma que esa fama llega a oídos del hermano del cretense, Manoussos, quien decide viajar a la ciudad, en 1591, para saldar las deudas que había dejado en Venecia. No obstante, Manoussos acabaría sus días en la Ciudad Imperial, ya que fallecería en ella.

El 9 de noviembre de 1597, se le encomendaba otro trabajo: la decoración del altar de la capilla toledana de la Iglesia de San José. El Greco debía realizar un gran lienzo con San José y el Niño, con un fondo de la ciudad imperial, y, encima del mismo, una Coronación de la Virgen; a su vez, debía llevar a cabo los dos altares laterales, en los que habría un San Martín y el mendigo y una Virgen con el Niño y santa Martina y Santa Inés. La obra se terminó el 1 de diciembre de 1599.

En 1604, el Greco se convierte en abuelo. De la unión de Jorge Manuel y Alfonsa de los Morales, nace Gabriel, cuyo padrino de bautizo es Gregorio de Angulo, regidor de Toledo y amigo suyo. A pesar del crecimiento de la familia, el pintor vive los diez primeros años del siglo XVII de forma dificultosa, ya que se ve obligado a entablar continuos pleitos para cobrar por sus trabajos.

A mediados de junio de 1603, el joven Jorge Manuel, ya es un pintor que ostenta con gracia paletas y pinceles y, es por ésto que en esas fechas firma junto a su padre un contrato con el Hospital de la Caridad de Illescas (Toledo), para llevar a cabo la decoración del altar mayor de la Iglesia, construida entre 1592 y 1600, bajo la dirección del arquitecto Nicolás de Vergara. El altar mayor debía estar completo: arquitectura, escultura y pintura. Aunque en el contrato figuraba que ambos debían entregarlo el 31 de agosto de 1604, no está terminado hasta 1605 y, para no variar, tras muchas disputas, obtiene menos honorarios de los que pedía, en concreto recibe 2093 ducados.

El lenguaje del Greco, originario de una mezcla de culturas occidentales y orientales, es diferente de cualquier maestro español e italiano. Las conocidas formas alargadas de Vírgenes y Santos conservan el sabor místico de iconos, pero tienen luz y dinamismo del manierismo italiano, desarrollado en contacto con la realidad española. No cabe duda de que tuvo la influencia del aire toledano, la "mejor patria", después de su nativa Creta. Toledo le dio trabajo, una familia y "eternidad", convirtiéndose en el escenario no sólo de su existencia, sino de innumerables cuadros. Este es el caso de Vista de Toledo, fechado en los últimos años del siglo XVI, en el que se observa una vista parcial de la ciudad de piedra gris con sus murallas, entre el puente de Alcántara y el Castillo de San Servando. Los pocos colores que presenta el lienzo, elimina cualquier nota de serenidad. Esta obra en concreto, se encontraba en el taller del pintor a su muerte, junto a las otras dos vistas de Toledo enumeradas por Jorge Manuel en el Inventario de 1621 y, posteriormente, fue adquirido por Pedro Salazar de Mendoza, administrador del Hospital Tavera y, casi seguro, propietario de Vista y plano de Toledo.
Vista y plano de Toledo (1608)
La ciudad también aparece en fondos de Cristos moribundos y sufrientes y, bajo un cielo de tempestad, en el extraordinario Laocoonte, datado entre 1610 y 1614.

En 1606, concretamente el 9 de octubre, Doménico se encuentra ya cansado, por lo que delega su representación en todas las causas civiles y penales en el fiel Francesco Prevoste y Francisco Ximénez Montero, quienes contribuyeron a las dificultades económicas que experimentó el pintor hacia el final de su vida.

Los últimos años son fatigosos para el ya cansado y anciano Doménico. En 1612, Jorge Manuel arrenda una capilla en la Iglesia de Santo Domingo el Antiguo para su sepultura y la de su padre. Se compromete a decorar la tumba a sus expensas en un contrato ratificado por El Greco. La obra escogida para la decoración de dicha tumba es la Adoración de los pastores, asunto que fascinó al pintor cretense desde sus inicios. La luz destaca dando a cada personaje importancia en la composición. Los colores nocturnos son brillantes y con fuertes contrastes entre el rojo anaranjado, el amarillo, el verde, azul y rosa.

En 1613, se coloca en la capilla de Santa Isabel de Oballe de la Iglesia de San Vicente de Toledo, un lienzo con la Asunción de la Virgen que, junto a La Visitación, fueron encargados para este emplazamiento a finales de 1607 al Greco. También este trabajo trajo dificultades al pintor debido a los pagos y los plazos de entrega que pasaron de ocho meses a más de cinco años.

El 7 de abril de 1614 falleció a la edad de 73 años, siendo enterrado en Santo Domingo el Antiguo, como bien había acordado anteriormente con las monjas del convento. Días antes, sintiéndose ya tocado por la muerte, había otorgado un poder -equivalente a un testamento- para que Jorge Manuel testase en su nombre. En él dejaba a su hijo como heredero universal y nombraba como albaceas al propio Jorge Manuel, a don Luis de Castilla -patrón del convento- y a fray Domingo Banegas, un dominico del monasterio de San Pedro Mártir

Según se dice en el testamento que redactó su hijo casi dos años después, el 20 de enero de 1616, el cretense fue "metido en un ataud y depositado en una bóveda de la iglesia del monasterio de Santo Domingo". Esta bóveda, frontera a la Capilla de los Gomaras, había sido cedida en 1612 a Jorge Manuel y su padre previo pago de 32600 reales. No obstante, en 1618 y ya fallecido don Luis de Castilla, las monjas de Santo Domingo obligaron a Jorge Manuel a renunciar a la sepultura que le habían cedido en 1612 "para siempre jamás" y quedó en Toledo la fama del traslado -que nunca se llevó a cabo- de los restos del pintor cretense a un nuevo enterramiento familiar que se construyó en la iglesia de San Torcuato. 

La iglesia de San Torcuato sería destruida en el siglo XIX, lo que haría que los restos fueran llevados a la Iglesia de San Bartolomé o se quedaran allí donde se perderían por completo. No obstante, existe otra posibilidad y es que, aunque las monjas retiraron la propiedad del enterramiento en la bóveda de su iglesia, no consta que obligasen a Jorge Manuel a sacar los restos, hasta que el convento se lo pidiera.

En la actualidad, no se sabe con absoluta certeza dónde se ubica el cuerpo del gran pintor cretense cuya vida resume en unos versos su buen amigo el poeta Fray Hortensio Félix Paravicino
"Creta le dio la vida y los pinceles, / Toledo mejor patria, donde empieza / a lograr con la muerte eternidades".

Sin embargo, el Convento de Santo Domingo el Antiguo sigue presentando, justo al pie de la reja que separa el actual coro del resto de la iglesia, una trampilla de cristal que nos permite ver la cripta donde se encuentran los probables restos de El Greco, donde descansan al auspicio de las monjas.

Unos días después de la muerte del pintor, Jorge Manuel realizó un primer inventario de los pocos bienes de su padre, incluyendo las obras terminadas y en ejecución que se hallaban en el taller. Posteriormente, con motivo de su segundo matrimonio en 1621, Jorge Manuel realizó un segundo inventario donde se incluyeron obras no registradas en el primero.

Por último, y para aquéllos que hayan conseguido leer todo, os dejo un par de vídeos de RTVE: El Greco de Toledo y ¿Dónde está enterrado El Greco? Espero que os haya gustado...



Fuentes:

Gustavo Adolfo Bécquer

Después de algún tiempo, por fin hemos logrado encontrar y ordenar la suficiente información para poder hacer una entrada de este célebre personaje que casi todo el mundo conoce o ha leído alguna leyenda Nos hicieron una petición vía Twitter, y lo prometido es deuda.

Nació en Sevilla un 17 de Febrero de 1836. Su nombre real era Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, pero todos lo conocemos por Gustavo Adolfo Bécquer. Su padre, el pintor José Domínguez Insausti, descendía de una familia noble de comerciantes de origen flamenco, Los Bécquer, familia con tanto prestigio que poseía, desde 1622, capilla y sepultura propia en la catedral. Era por eso por lo que firmaba con Bécquer como su primer apellido, y sus hijos, Valeriano y Gustavo Adolfo también. Su madre era Joaquina Bastida Vargas.

El 26 de enero de 1841, a punto de cumplir los cinco años, se queda huérfano de padre. En 1846, ingresa en el Colegio de San Telmo de Sevilla, una institución mixta en la que se acogía a huérfanos de cierto nivel. En este colegio conoce a Francisco Rodríguez Zapata, discípulo del poeta Alberto Lista, así como a su compañero y amigo Narciso Campillo. Al año siguiente, el 27 de febrero de 1847, fallece su madre, y él y su hermano son adoptados por su tía María Bastida y por Juan de Bargas, situación por la que se unen más el uno al otro.

Poco después, se cerró el colegio y decidió irse a vivir con su madrina, Manuela Monnehay Moreno, joven acomodada y con interés por la literatura. En su mediana biblioteca, empezó la afición por la lectura de Gustavo Adolfo. Se inició en la pintura en el taller de Antonio Cabral Bejarano y, más tarde, en el de su tío Joaquín Domínguez Bécquer, el cual le animó al estudio, e incluso le pagó los de Latín y le dijo la siguiente frase: 
"Tú no serás nunca un buen pintor, sino un mal literato."
Tras escribir en algunas revistas (El trono y la nobleza en Madrid, La Aurora y El Porvenir en Sevilla), en 1854, se va a Madrid con la ilusión de triunfar en la literatura, pero no puede más que sobrevivir en un ambiente bohemio en el que, para ganar algo de dinero, tiene que escribir, junto con Julio Nombela y Luis García Luna, comedias y zarzuelas como La novia y el pantalón, o La venta encantada. Estas obras las escribe en 1856, y bajo el pseudónimo de Gustavo García. En ese mismo año es cuando decide viajar a Toledo con su hermano. Para él, Toledo era un lugar en el que buscar la inspiración, un lugar de amor y peregrinación en el que podría apoyarse para escribir su futuro libro "Historia de los templos de España".

En 1857, apareció la tuberculosis, enfermedad que más tarde le llevaría a la tumba. Primero, trabajó en la Dirección de Bienes Nacionales, pero perdió el puesto porque le vieron dibujando. En ese mismo año, empezó el proyecto del libro "Historia de los templos de España", donde pretende unir el pensamiento religioso, la arquitectura y la historia: "La tradición religiosa es el eje de diamante sobre el que gira nuestro pasado. Estudiar el templo, manifestación visible de la primera, para hacer en un sólo libro la síntesis del segundo: he aquí nuestro propósito", del que solo salió el primer tomo con ilustraciones de Valeriano.

En 1858, empieza a cortejar a Josefina Espín, pero pronto se enamora de su hermana, Julia Espín, y escribe sus primeras rimas, como "Tu pupila es azul". A Julia no le gustaba la vida bohemia del escritor, y tenía aspiraciones más altas. Los dos años siguientes, convirtió a una dama de rumbo y manejo en su amante, pero ella, Elisa Guillén, lo abandonó. Finalmente, el 19 de mayo de 1861, se casó con Casta Esteban y Navarro, con la que tuvo tres hijos.

En 1860, se funda el diario El Contemporaneo, siendo redactor su gran amigo Rodríguez Correa, que consigue un puesto para que Bécquer escriba sobre política y literatura, gracias al que sobreviven él y Casta. En 1862, tienen su primer hijo, Gregorio Gustavo Adolfo, y se ve obligado a escribir más para poder mantener a su familia. Es así como nacen varias de sus obras.

En 1863, sufrió una dura recaída debido a su enfermedad, pero pudo reponerse para volver a Sevilla con su familia. Su amigo y mecenas González Bravo, le nombra censor en 1864 hasta que, en 1867, tiene su segundo hijo, Jorge.

El año 1868 fue un año muy malo para él, ya que vuelve al cargo de censor y Casta le es infiel y, para colmo, su libro de poemas desaparece en los disturbios revolucionarios. Así pues, decide marchar de nuevo a Toledo, esta vez, huyendo, aunque por poco tiempo. En diciembre, para terminar con el mal año, nace su tercer hijo, fruto de la infidelidad, Emilio Eusebio. Casta y Valeriano discuten continuamente, debido a que ella no soporta su carácter y su constante presencia en casa. No obstante, los esposos se seguían escribiendo. Es por esta razón que Gustavo Adolfo Bécquer decide pasar otra temporada en Toledo, ciudad que parece ser la única que le ayuda a superar sus tragedias.

En 1870, sale hacia Madrid con el fin de dirigir La ilustración de Madrid, que funda Eduardo Gasset, y en la que trabaja Valeriano como dibujante. En septiembre de ese mismo año, fallece Valeriano, y Gustavo se queda hundido en una profunda tristeza. En noviembre, le nombran director de la publicación El entreacto, que sólo publica la primera parte de un inconcluso relato

El 22 de diciembre de 1870, coincidiendo con un eclipse total de sol, muere Gustavo Adolfo Bécquer, quizás víctima de un enfriamiento invernal. Cuando estaba a punto de morir, le pidió a su amigo Augusto Ferrán que quemase sus cartas ya que él piensa que serían su deshonra y que publicara sus versos:
"Si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo". 
También pidió que cuidaran de sus hijos. Lo último que pronunció fue:
"Todo mortal"
En 1871, Ferrán y Correa publica su obra en dos volúmenes, y en las siguientes ediciones se fueron añadiendo escritos.

Bécquer y Toledo
Bécquer vino a Toledo por primera vez con el doble objetivo de inspirarse para su "Historia de los templos de España", y conseguir que su hermano Valeriano le prestara algún dinero para hacer posible el proyecto. Del proyecto, sólo se consiguió que saliera el primer tomo, "Templos de Toledo", y el dinero no dio para más. Sin embargo, su visita no fue en vano, ya que quedó prendado de esta ciudad, e inspiró una gran parte de su obra. Él pensaba que la historia no sólo se escribe con datos, sino que también es necesario conocer las creencias de la gente, sus pensamientos, las leyendas, los amores... ya que todo esto es lo que estructura nuestro alma.

En 1911, la ciudad decidió dedicar a los hermanos Bécquer la conocida calle de la lechuga, en base a unos informes dados por el entonces director del Instituto de la Edad Media, Ventura Reyes, que decían que los hermanos habían vivido en la casa nº 9 de esta misma calle, junto a la casa de Ventura.


Según investigaciones más recientes de V. Benito, la estancia en esa casa, de haber ocurrido, hubiera sido breve, dado que en esa casa se admitían huéspedes.


En la que sí vivieron los hermanos por un tiempo más prolongado fue en la calle de San Ildefonso, en una casa en la que todavía vive el laurel que el mismo Gustavo plantó, y en la que había un brocal árabe pintado por su hermano Valeriano, que actualmente está en el Victoria and Albert Museum de Londres.

Se dice que Bécquer, debido a que le gustaban mucho las salidas por el Toledo nocturno, muchas veces se veía con la puerta cerrada y, por tanto, tenía que saltar el muro a altas horas de la noche para poder acceder a su casa.

Por último, aquí os dejo una de las famosas leyendas de Bécquer, para que quede constancia del cariño que le tenía a la ciudad de Toledo, que para él era fuente de inspiración, y que le deja marcado en sus tres últimas visitas.

Las Tres Fechas

En uno de sus caminos habituales por la ciudad de Toledo, el poeta se encamina desde su casa hasta San Juan de los Reyes, para allí realizar alguno de sus bocetos, con el fin de venderlos. En una noble ventana, de un antiguo palacio, cree ver a una joven, de la que sin apenas conocer sus facciones, no puede evitar quedar prendado. Varios días son los que pasa por la ventana, y siempre ver aquella imagen, pero pronto, ha de marchar a Madrid, no sin antes, apuntar la primera fecha.

Al tiempo, vuelve a Toledo, pero al realizar los mismos recorridos que antes hacía, descubrió que donde antes había un palacio noble, ahora solo había ruinas, que las callejas que antes eran deliciosas para sus paseos, ahora están llenas de escombros, que los azulejos moriscos yacen bajo el musgo, y lo que antes era belleza, ahora es desolación. El poeta regresa sobre sus pasos y descubre una plaza, enmarcada entre tapias de un viejo convento, y allí decide abrir sus carpetas para plasmar en sus dibujos la vida monástica. Entonces, es cuando le sorprende una blanca mano, con un pañuelo bordado que le saluda, y en la que reconoce a la misma joven de la ventana. Otra vez vuelve a apuntar la fecha. Muchos días vuelve al mismo sitio, aunque ya casi no abre sus carpetas, pues espera poder volver a ver la mano de su amada. Poco después tiene que irse a Madrid.

Al cabo de un año, el poeta regresa otra vez a Toledo. Algo le hace volver. Quizás ese amor dormido, ese sueño, esas dos fechas escritas en su carpeta y también, ¿por qué no? el regusto por encontrar en el pasado lo que no se consigue en el presente. Esa ciudad de Toledo.

En realidad no sigue ningún camino, sino que solo pretende perderse por las callejuelas de Toledo, pero sin darse cuenta, acaba en el convento donde vio por última vez esa mano. Esta vez estaba abierto, y de su interior salían cantos religiosos y olor a incienso.

Bécquer se decidió preguntar qué es lo que pasaba, y los curiosos le dijeron que era una toma de hábito. Al parecer, una joven, hija de familia acomodada, tras perder a sus padres y quedar totalmente sola en el mundo, tras un año de estancia en el convento, renunciaba totalmente al mundo para consagrarse a Dios.

Entró en el templo, y pudo ver como la rubia cabellera de la novicia era cortada en señal de renuncia, y sin poder contemplar su rostro emocionado, su corazón le dijo que era su amada.

Esta fue la tercera fecha, que no anotó, pero quedó más grabada que las dos anteriores, pues la dejó para siempre en su corazón.

Y dice la leyenda, que el poeta romántico volvió muchas noches a la vieja plaza, donde se alzan los muros conventuales, para escuchar el canto monjil de maitines, porque entre esas voces, estaban también los suspiros de su amada desconocida, que aún amaba algo del mundo... ¡que suspiraba por él!

Y este rincón, que sin cambiar su nombre, hoy es más conocido como "Plaza romántica", conserva como pocos espacios en Toledo el alma del genial poeta, los suspiros de la novicia y, sobre todo, esa inmensa paz de un amor sublime.

Fuentes:

Marzo Negro - Black March

El tema de los derechos audiovisuales, derechos de autor, libertad de intercambio de archivos, libertad cultural... es uno de los temas más hablados en los últimos días. Posicionarse en cualquiera de los dos "bandos" te hace pensar que es la elección equivocada (consumismo, estafa - piratería, robo...) y el término medio parece no existir o que a nadie le interesa.

Tras el cierre de la página de intercambio de archivos Megaupload hace unos 5 días, la detención de sus creadores, los continuos ataques del grupo Anonymous a diversas webs de gobiernos estatales y empresas del sector audiovisual para que liberaran Megaupload y a sus integrantes, ahora los de las máscaras han organizado lo que han denominado "Marzo Negro":


En definitiva: no pagar ni un solo euro, no consumir absolutamente nada en un mes, o como dicen los Anonymous en algunos de sus escritos "golpearles donde más les duele, en el bolsillo". Es muy probable que esta noticia no salga en los telediarios porque "no conviene" darle juego, así que desde este blog difundimos el mensaje para quién esté interesado en este movimiento.


En la web anonymousespaña.es podemos leer una entrada que dice lo siguiente:

Operación Mundial 29 de FEBRERO – MARZO NEGRO

Del jueves, 1 de Marzo de 2012 hasta el sábado, 31 de marzo de 2012.


Se está gestionando una iniciativa por la red en modo de protesta por el cierre unilateral de MEGAUPLOAD por parte del FBI. La iniciativa se llama “MARZO NEGRO” y consiste en que el día 29 de febrero empezará en todo el mundo una prostesta que consiste en que no consumamos (pagando) nada de cine, música, etc y que continuará (uniéndonos a usuarios a nivel mundial) todo el mes de marzo. Si utilizabas MEGAUPLOAD y no estás de acuerdo con su cierre, colabora y pásalo.

Según Anonymous, el hecho de que el FBI haya intervenido Megaupload esta relacionado con la imposición de leyes en detrimento de las libertades como la privacidad.

Tras el cierre de Megaupload, han sido varios los ataques realizados por el grupo de hackers “Anonymous” y ha corrido como pólvora la invitación para realizar una nueva operación denominada “Marzo Negro”.

Como se recuerda Anonymous, desactivó los sitios web del FBI y el Departamento de Justicia de Estados Unidos, así como la web de la Universal Music en represalia al cierre a la página de descarga de contenidos.

Tal es la trascendencia de esta situación que algunos ya han pasado a denominarla como la "Primera Guerra Mundial de Internet".

El Ratoncito Pérez

Hoy, Google dedica su Doodle a Luis Coloma. Para quien no lo sepa aún, fue el autor del célebre cuento del Ratoncito Pérez. Por ello, me he decidido a hacer esta entrada, contando el por qué de ese cuento y la tradición que le damos actualmente. ¡Espero que os guste!
El Doodle de Google dedicado a Luis Coloma
El primer documento escrito en el que aparece el Ratón Pérez como referente y protagonista fue escrito y publicado en 1902 por Luis Coloma.

El Padre Coloma, a los 24 años.
Luis Coloma nació en Jerez de la Frontera (Cádiz), el 9 de Enero de 1851. A los 12 años entró como alumno de la escuela Naval de San Fernando pero lo dejó para estudiar Derecho en la Universidad de Sevilla. Gran aficionado a las letras, se trasladó a Madrid pero nunca ejerció como abogado, sino que se dedicó a colaborar en distintos periódicos defendiendo la Restauración de los Borbones. Una grave herida en el pecho, en 1872, mientras limpiaba un revólver afianzó su decisión de dedicarse al sacerdocio. Fue entonces cuando marchó a Francia y se hizo jesuita, compaginando sus labores como Consejero Espiritual de la Corona y miembro de la Real Academia de la Lengua (1908). En 1877, vuelve a España para dedicarse a tareas educativas en Sevilla, Galicia, Murcia y Madrid. También continuó con el periodismo y se consagró a la literatura. Pasó del costumbrismo y los relatos cortos a la sátira social, donde su novela Pequeñeces (1891) es considerada su obra maestra.

Contribuyó con su buen hacer literario a la revaloración y difusión de los motivos y cuentos populares, afición que le contagió su querida y vieja amiga Cecilia Böhl de Faber, escritora más conocida como Fernán Caballero.

A finales del siglo XIX, desde Palacio, le pidieron al padre Coloma que escribiera un cuento a Alfonso XIII,que por entonces tenía 8 años, y se le había caído un diente. Al jesuita se le ocurrió la historia del Ratoncito Pérez, protagonizada por el rey Buby, que era como la Reina Doña María Cristina llamaba a su hijo, el futuro Alfonso XIII.
“El rey niño Buby I colocó su diente debajo de la almohada, como es costumbre hacer, y esperó impaciente la llegada del ratoncito. Ya se había dormido cuando un suave roce lo despertó.”

Ratón Pérez
Luis Coloma cita como residencia de la familia Pérez una enorme caja de galletas Huntley, en los sótanos de la famosa tienda de Carlos Prast (realmente fueron dos: una confitería y una tienda de ultramarinos), situada en el número ocho de la calle del Arenal de Madrid. El pequeño roedor se escapaba frecuentemente de su domicilio y, a través de las cañerías de la ciudad, llegaba a las habitaciones del pequeño rey Buby I (Alfonso XIII) y las de otros niños más pobres que habían perdido algún diente, despistando a los gatos, que siempre estaban al acecho.


El manuscrito autógrafo del padre Coloma, con su firma y una dedicatoria al rey Alfonso XIII, se conserva en la cámara de seguridad de la Real Biblioteca de Palacio Real.
Manuscrito original de Ratón Pérez, de Luis Coloma.
En 1911, se publica por primera vez Ratón Pérez como obra independiente. Posteriormente, llegarán las adaptaciones del cuento, como la de Perez the Mouse, realizada por Lady Moreton y publicada en 1915, en la que la autora añade al texto del Padre Coloma una breve explicación de esta costumbre de colocar los dientes bajo las almohadas e invita a los niños ingleses a hacerlo y esperar la visita del ratoncito.

En la Biblioteca Nacional hay una edición de esta misma obra realizada en Wisconsin, Estados Unidos, en 1950. También se publicó en japonés, en 1953.

Ahora los niños le dirigen cartas a su domicilio de la calle Arenal e incluso llegan a mandarle sus dientes por correo, sin perder esa gran ilusión que este ratón muy pequeño, con sombrero de paja, lentes de oro, zapatos de lienzo y una cartera roja, colocada a la espalda, siempre les ha hecho sentir. 

En la actualidad, Ratón Pérez comparte sus funciones con el hada Tooth Fairy, en los países anglosajones; La Petit Souris, en Francia; y otras formas de actuación menos conocidas, todas ellas alimentando una ilusión compartida por todo el mundo: en Italia, "Topolino" o "Topino" (Ratoncito), o "Fatina" (Hadita); en Cataluña está "L'Angelet" (El angelito); en el País Vasco, "Maritxu teilatukoa" (Mari la del tejado); etc....

En la antigua casa del ratón Pérez, actualmente, hay un museo muy bonito y dedicado a este personaje: la casa museo del Ratoncito Pérez. Juan Carlos y yo fuimos a verlo el año pasado y, la verdad es que, por muy mayor que seas, siempre te seguirá quedando ese recuerdo de los nervios que sentíamos cuando éramos niños y se nos caía un diente. Si no habéis ido aún a verlo, os aconsejo una visitilla. No se tarda más de una hora en verlo y os encantará.

Fuentes:

Los Reyes Magos: Tradición e Historia

Llevaba tiempo sin escribr nada y es que entre unas cosas y otras, tengo el tiempo consumido... Por eso, hoy saco algo de tiempo y se me ha ocurrido que, aprovechando las fechas en las que estamos (víspera de reyes), sería una buena entrada hablar de esto mismo: de la tradición de los Reyes Magos. No estoy cuestionando la existencia de los Reyes Magos, ¡porque claro que existen! La cuestión es quiénes eran realmente esos personajes que, según la tradición, llegaron a Belén con el fin de adorar al Mesías recién nacido y que, en toda España, se han convertido en los visitantes más esperados cada 6 de enero por los más pequeños de cada casa.

Hablar de los Reyes Magos es creer que hablamos de una costumbre cristiana. Sin embargo, se trata de una costumbre pagana absorbida por la Iglesia, por lo que no debe atribuirse esta tradición al hecho bíblico de la entrega de regalos que hicieron estos personajes al niño Jesús. ¿De donde procedían estos enigmáticos personajes? ¿eran realmente tres? ¿De verdad eran Reyes y, además, Magos?

Si tenemos en cuenta que apenas existen pruebas sobre la Natividad, aún menos son las que hacen referencia a los Reyes Magos. De hecho, en la Biblia, no encontramos ninguna referencia que nos permita explicar con seguridad quiénes fueron estos misteriosos personajes, a excepción del Evangelio de San Mateo, en el que se cita a los Reyes Magos:

Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del Rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?
Mateo 2,1-2, versión Reina-Valera 1960
Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre Maria, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”.
Mateo 2,11, versión Reina-Valera 1960
Y esto es todo, no se menciona cuántos fueron ni mucho menos que fueran Reyes. Solamente se habla de sabios o magos.

El término mago procede del griego, magoi, que significa matemático, astrónomo y astrólogo. En aquellos tiempos, la Astrología y la Astronomía no estaban separadas como hoy, ya que se creía que los designios humanos podían conocerse si se estudiaban cuidadosamente las estrellas. Si tenemos en cuenta esta traducción, así como las citas del Evangelio de San Mateo, se puede considerar a los Reyes Magos como hábiles observadores del cielo.

En cuanto al título de monarcas, hay que decir que, allá por el siglo II d.C., el teólogo y abogado cartaginés Tertuliano, basándose en el texto de Salmo Proverbio para Salomón, afirmó que los los sacerdotes astrónomos pueden ser también identificados como reyes de sus países, en este caso, de Oriente. Es con este autor latino con quien aparece la figura del rey viejo, Melchor, al que admiran muchos niños en la actualidad.. En los siglos siguientes, la visión monárquica de estos magos fue imponiéndose hasta llegar a nuestros días.

A diferencia de los magos que ya se encontraban dispersos en tierra de Israel y todo el mundo helénico, el énfasis que se emplea al decir “de Oriente”, marca un cambio de connotación: evocar a un personaje asociado con el Oriente, distinto a los sabios convencionales de Israel (los rabinos), que además conociera las profecías mesiánicas y fuera una autoridad bíblica para el lector judío, ya que se acepta a nivel general que el Evangelio de San Mateo iba destinado a los hebreos.

Hay que tener en cuenta, además, el significado que tenía el Oriente para los judíos: Babilonia. Así pues, según esto, la figura de los magos, en arameo, vendría a ser los llamados “Doctores Babilónicos de la tradición oral” que perduraría hasta bien entrado el siglo VIII d.C. en Babilonia. De este modo, estos personajes habrían sido guiados por Dios hasta el Mesías, no según la famosa estrella como hasta ahora se ha entendido, sino que esa estrella era el mismo Mesías según el lenguaje judío y midráshico contemporáneo.

Por otra parte, el número de Reyes Magos tampoco queda establecido. En distintas representaciones iconográficas realizadas en templos durante los siglos III y IV aparecen dos, tres y hasta cuatro magos. Otras fuentes cristianas (sirias y armenias) pensaron en doce Reyes al relacionarlos con las doce tribus de Israel o con los doce apóstoles. Los cristianos egipcios creían que eran sesenta. En el siglo III, el teólogo Orígenes indicó que los Reyes Magos eran tres. Al fin y al cabo son tres los regalos que se nombran en el Evangelio de San Mateo: oro, incienso y mirra. En el sirio y apócrifo Evangelio de la Infancia se dice que eran tres hijos de Reyes y además adoradores del fuego y de las estrellas lo cual al menos nos deja con cierta confianza al entender que algo sabrían de Astronomía.

¿Y de donde venían? Tradicionalmente, se considera que eran babilonios, entre otras cosas por algunos puntos en común con el pueblo judío y porque el resto de Israel estaba rodeado por el Imperio Romano. Sin embargo, muchos investigadores establecen su origen en Persia, partiendo de la base de que muchas leyendas que contiene hoy en día la Navidad, proceden de costumbres anteriores al cristianismo, como por ejemplo, la ofrenda del oro.

Algunas pinturas afianzan también esta perspectiva. Tal es el caso de una de las más conocidas, la existente en un mosaico situado en la Iglesia de San Apolinar el Nuevo, en Rávena (Italia), donde se observa a los tres reyes (ninguno de piel oscura) con una indumentaria persa compuesta por capa y gorros frigios, característicos por su punta inclinada hacia delante. Además, es aquí donde aparecen por primera vez sus nombres: Melchor, Gaspar y Baltasar. El monje benedictino Beda, en el siglo XVI, describió en un códice que el tercer rey venía de África, y no de oriente, como había sido históricamente por las Sagradas Escrituras.

Mosaico de San Apolinar Nuovo (Rávena, Italia).
En relación a la leyenda, la más difundida narra que venían de Oriente, siendo tres, e iban guiándose por una estrella que les condujo hasta Belén (la famosa estrella de Belén). Allí, encontraron al Niño Jesús recién nacido y le adoraron, ofreciéndole oro (representando su naturaleza real, como presente conferido a los reyes), incienso (representa su naturaleza divina, empleado en el culto en los altares de Dios) y mirra (un compuesto embalsamador para los muertos, representando el sufrimiento y muerte futura de Jesús). Previamente, los reyes se habían cruzado en su camino con el rey Herodes el Grande, en la ciudad de Jerusalén, quien astutamente les conminó a que, a su regreso, les diera noticia del sitio exacto donde se encontraba el niño y, de este modo, poder ir él también a adorarle. En realidad, lo que quería era darle muerte, por eso ordenó más tarde la matanza de inocentes. La historia cuenta cómo un ángel se apareció a los tres reyes magos advirtiéndoles del peligro que corría Jesús si hacían caso de la petición de Herodes. Así pues, no volvieron por el mismo camino.

Sólo por el hecho de que el relato evangélico indicara el ofrecimiento de tres dones (oro, incienso y mirra), se estipuló que eran tres los personajes los que los traían. Aunque también en algún momento las distintas tradiciones han señalado que eran cuatro, siete y hasta doce, como las doce tribus de Israel o los doce Apóstoles, como aparece mencionado más arriba.

Poco a poco, la tradición ha ido añadiendo otros detalles a modo de simbología: se les ha hecho representantes de las tres razas conocidas en la antigüedad, representantes de las tres edades del hombre y representantes de los tres continentes (Asia, África y Europa).

La llegada de los Reyes Magos es un tema tratado también en los Evangelios apócrifos (del latín “apokryphu”, que significa oculto, secreto). Según la tradición esotérica aplicada al cristianismo, estos personajes procedían del lugar donde se encontraba el Preste Juan, personaje muy popular en la Europa de los siglos XII-XVII. Se cree que fue un patriarca, sacerdote y rey cristiano que dirigía una nación cristiana aislada entre musulmanes y paganos en Oriente. Los anales escritos de este reinado consisten en colecciones de fantasía popular medieval, donde se cuenta que descendía de los tres Reyes Magos, y era un mandatario generoso y un hombre virtuoso, regiendo un territorio lleno de riquezas y extraños tesoros, donde se encontraba el Patriarcado de Santo Tomás. Además, se cuenta que su reino contenía maravillas como un espejo a través del cual podía ver todas sus provincias.

Otra leyenda cuenta que, después de la resurrección de Jesús, el apóstol Tomás los encontró en Saba, donde recibieron el bautismo y fueron consagrados obispos. Posteriormente, fueron martirizados en el año 70 y depositados en el mismo sarcófago. Los restos fueron llevados a Constantinopla por Santa Elena. Más tarde, Federico I Barbarroja, en el siglo XII, los trasladó a Colonia, donde hoy reposan con las coronas que supuestamente llevaron durante su existencia. Miles de peregrinos empezaron a llegar a Colonia, lo que propició que, en 1248, se iniciara la construcción de la catedral de Colonia, que tardarían más de 600 años en acabarla. Hoy en día, es uno de los monumentos góticos más impresionantes de Europa. Colonia se ha convertido junto con Roma y Santiago de Compostela en uno de los grandes centros de peregrinación. Allí se supone que están sus restos óseos envueltos en seda después de muchos hurtos, viajes y concesiones por distintos templos de Europa a lo largo de los siglos. 

Arqueta gótica con las supuestas reliquias de los Reyes Magos, en la Catedral de Colonia.
Igualmente, existen leyendas que hablan de un cuarto rey mago, Artabán. Se llamaría Ogamyer Otraucle en la tradición rusa, quien, según algunos testimonios, se equivocó de estrella, siguió a la que no debía, y se perdió por el camino, por lo que nunca llegó a reunirse con los otros tres Reyes Magos. Artabán era el rey mago encargado de regalar joyas al Niño Jesús. El escritor Henry Van Dyke popularizó su historia la publicar la novela "The story of the other wise man" (1896).

Con el tiempo, en países de tradición católica, se adoptó la costumbre de celebrar al mismo tiempo el día de la Epifanía y la festividad de los Reyes Magos, ambos el 6 de Enero, conjugándose así la manifestación de Jesús al mundo no judío con la fiesta de estos personajes que representaban justamente ese mundo de gentiles. Poco a poco, se fue olvidando el significado verdadero de la palabra epifanía y la convirtió en un sinónimo de adoración de los Magos.

Fuentes:
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